Ranking global de presidentes cuya gestión combinó incompetencia, corrupción y daño estructural
Los peores de la clase
Los cambios de época siempre han descolocado a los gobernantes, salvo mínimas excepciones honrosas, que han demostrado gran sabiduría adelantándose a su tiempo, o asumiendo un decoroso retiro.
Las exigencias de lideres excepcionales de equipos técincos de gobernanza de esta nueva época son formidables.
No alcanza el conocimiento de quien lidera, la vocación de servicio, la disposición a elegir a los mejores (que nunca ha sido fácil) sino además, la honradez, se agrega lo vertiginoso de los cambios del conocimiento total en semanas, que destruye cuadros y expulsa inservibles permanentemente.
Requiere, fundamentalmente, un liderazgo que reduzca su actuación a lo más importante: NO MOLESTAR a sus gobernados.
Discépolo en el tango “Cambalache” se quedó corto de siglo viejo “problemático y febril”; éste cuarto del XXI está exponiendo en tiempo real, más allá de fronteras, gobernantes inservibles, dañosos, perversos.
«Homo homini lupus est»; una locución latina que adquiere toda su significación patética frente a quienes detentan el poder arbitrariamente, o son electos para ejercer el gobierno abusando de las personas.
Elaborar una lista de los «peores» líderes es siempre subjetivo, pero si nos basamos en indicadores de corrupción institucional, colapso económico, violaciones de derechos humanos y excentricidades ridículas, estos nombres destacan con fuerza en los últimos 25 años.
Nos restringiremos, por razones de salubridad mental a exponer los esfínteres mentales de algunos especímenes bestiales; sin descartar que, allí donde se rasque un poco TODOS los últimos liderazgos judicialmente indagados, o violentamente destituidos, entran en la lista de corruptos, vesánicos ladrones de sus pueblos.
La tentación de repasarlos país por país es indescriptible, pero el lector, en cada sociedad, tendrá de sobra elementos de catarsis escatológica.
Robert Mugabe (Zimbabue)
Convirtió el «granero de África» en un estado fallido con una hiperinflación tan absurda que se imprimieron billetes de 100 billones de dólares que no alcanzaban para comprar un huevo.
La anécdota ridícula: En el año 2000, ganó la lotería nacional de su propio país. El banco estatal anunció el premio y, para sorpresa de nadie, el boleto ganador pertenecía al mismísimo “presidente”.
Nicolás Maduro (Venezuela)
Bajo su mando, Venezuela ha sufrido la mayor crisis económica y migratoria de la historia reciente de América Latina, con una caída del PIB superior al 80%.
La anécdota ridícula: Afirmó en televisión nacional que Hugo Chávez se le apareció en una pequeña capilla en forma de «pajarito chiquitico» que voló sobre él y le silbó para darle su bendición.
Viktor Yanukovich (Ucrania)
Su mandato terminó con la revolución del Euromaidán. Se estima que él y su «familia» saquearon hasta 40.000 millones de dólares del estado.
La anécdota ridícula: Tras huir a Rusia, los manifestantes entraron en su mansión (Mezhyhirya) y encontraron un zoológico privado, una réplica de un galeón español para cenar y un inodoro de oro macizo.
Teodoro Obiang (Guinea Ecuatorial)
Es el dictador que más tiempo lleva en el poder en el mundo. Mientras su familia vive en un lujo insultante, la mayor parte de la población vive bajo el umbral de la pobreza a pesar de la riqueza petrolera.
Su hijo y vicepresidente, «Teodorín», fue investigado en Francia por comprar una colección de objetos de Michael Jackson (incluyendo el guante de cristal) con dinero público, mientras el país carecía de suministros médicos básicos.
Jacob Zuma (Sudáfrica)
Su presidencia se define por el término «Captura del Estado», donde permitió que una familia de empresarios (los Gupta) dictara nombramientos ministeriales para beneficio propio.
La anécdota ridícula: Se gastó más de 20 millones de dólares de fondos públicos en reformar su casa privada de Nkandla. Cuando le preguntaron por la piscina, su equipo dijo que era un «depósito de agua para incendios».
Silvio Berlusconi (Italia)
Aunque no destruyó la economía al nivel de otros, degradó la cultura política y las instituciones italianas, enfrentando más de 30 procesos judiciales por fraude y corrupción.
La anécdota ridícula: Sus famosas fiestas «Bunga Bunga» y sus comentarios inapropiados, como cuando llamó «bronceado» a Barack Obama o cuando intentó esconderse detrás de un pedestal para asustar a Angela Merkel en una cumbre.
Najib Razak (Malasia)
Protagonizó el escándalo 1MDB, uno de los mayores robos de fondos públicos de la historia (más de 4.500 millones de dólares).
La anécdota ridícula: Tras el registro de sus propiedades, la policía incautó 284 cajas de bolsos de lujo (principalmente Hermès Birkin) y 72 maletas llenas de joyas y efectivo. Su esposa, Rosmah Mansor, era conocida como la «Imelda Marcos de Malasia».
Bashar al-Ásad (Siria)
Responsable de una guerra civil que ha desplazado a la mitad de su población y provocó cientos de miles de muertes, utilizando incluso armas químicas contra su propio pueblo.
La anécdota vergonzosa: Mientras el país se desangraba en 2012, correos filtrados mostraron a su esposa, Asma al-Ásad, gastando miles de dólares en lámparas de cristal y muebles de lujo en tiendas de Londres a través de internet.
Alberto Fujimori (Perú)
Aunque su mandato empezó antes, su caída y juicios marcan los últimos 25 años. Fue condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción sistemática.
La anécdota vergonzosa: Cuando su régimen colapsó en el año 2000, huyó a Japón y renunció a la presidencia por fax, intentando ampararse en su doble nacionalidad para evitar la justicia.
Incluir a Alberto Fernández (Argentina, 2019-2023) en esta lista es coherente si analizamos el contraste entre su discurso público y su gestión interna económica y social en la pandemia, la cual terminó con una de las inflaciones más altas del mundo y una crisis de credibilidad personal sin precedentes.
Veremos este y otros perfiles completando este ranking absolutamente inconcluso, junto con las anécdotas que marcaron su estrepitosa caída de popularidad:
