Ordinary workers and entrepreneurs in a modern city symbolizing capitalism, prosperity and social mobility.

El capitalismo les gana siempre

La libertad de mercado no prometió igualdad perfecta, pero produjo el mayor retroceso de la pobreza extrema en la historia humana.

EL CAPITALISMO LES GANA SIEMPRE
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Cuando se despoja al debate de la retórica sentimental y se pasa al terreno de los hechos fríos, el impacto del capitalismo en la reducción de la pobreza no es solo una teoría económica; es, probablemente, el mayor logro humanitario de la historia.
La paradoja del discurso anticapitalista es que suele criticar al sistema por la desigualdad, ignorando sistemáticamente que, antes de la eclosión de la libertad de mercado, la igualdad existente era la de la miseria generalizada.
Si observamos este fenómeno con rigor, el impacto trascendental del capitalismo en las mayorías se sostiene sobre tres realidades incontrastables:
La demolición de la pobreza extrema
Durante milenios, la norma humana fue la indigencia.
Hacia el año 1820, en los albores de la Revolución Industrial y la consolidación del capitalismo moderno, aproximadamente el 90% de la población mundial vivía en condiciones de pobreza extrema.
Hoy, a pesar del colosal crecimiento demográfico, ese porcentaje se ha reducido a menos del 10%.
Ningún programa de ayuda internacional, ningún impuesto confiscatorio y ninguna utopía estatista han logrado jamás sacar a tanta gente de la miseria en tan poco tiempo como la apertura de mercados, el respeto a la propiedad privada y la libertad de comercio.
El capitalismo no redistribuyó la escasez; creó abundancia.
El acceso democrático a los bienes de consumo
El economista Joseph Schumpeter lo sintetizó de manera brillante al señalar que el logro del capitalismo no consiste en proveer más medias de seda para la reina, sino en ponerlas al alcance de las trabajadoras de las fábricas como recompensa por un esfuerzo decreciente.
Los mayores beneficiarios de la producción en masa no son los ricos —que siempre han tenido acceso al confort—, sino las clases más desfavorecidas.
Elementos que hoy consideramos básicos (luz eléctrica, agua potable, antibióticos, electrodomésticos, telefonía móvil e internet) eran lujos impensables o inexistentes hace un siglo.
La competencia y la innovación capitalista abaratan los costes y elevan la calidad de vida de las mayorías a niveles que los reyes del pasado ni siquiera podían soñar.
La movilidad social frente al estatus heredado
En los sistemas precapitalistas, feudales o mercantilistas, el destino de un ser humano estaba sellado por su nacimiento: quien nacía siervo, moría siervo.
El capitalismo rompe las cadenas del estatus heredado para sustituirlo por el contrato dinámico y el mérito.
Al descentralizar el poder económico del Estado y de las castas aristocráticas, el mercado permite que el ingenio, el esfuerzo y el ahorro de cualquier individuo, por humilde que sea su origen, se conviertan en herramientas legítimas de ascenso social.
El mercado no pregunta por el apellido del emprendedor, sino por el valor del servicio que ofrece a sus semejantes.
Como bien se rescata en los análisis económicos serios y liberales, la verdadera compasión no se mide por el número de personas que dependen de la ayuda social, sino por el número de personas que logran salir de ella gracias a un empleo productivo y a su propia independencia.

Capitalismo y pobreza extrema.
Innovación, consumo y bienestar popular.
Mercado, mérito y movilidad social.

Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica

Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal

Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.

Cuenta Prex: 13440

Para comentar, primero necesitás iniciar sesión. Si todavía no tenés cuenta, creala en un minuto y quedás habilitado para comentar.
Crear cuentaIniciar sesión

Leave a Comment

Scroll to Top