Old parliament chamber contrasted with a modern digital control room, symbolizing political obsolescence and artificial intelligence.

Rousseau queda en ridículo

La inteligencia artificial expone la lentitud de un sistema político diseñado para un mundo que ya no existe.

CAMBIO DE ÉPOCA – ROUSSEAU EN RIDICULO
La alternativa agéntica que procrastina el sistema político derrumbado
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Alvin Toffler no acuñó exactamente la frase literal «quien maneje la información manejará el mundo» —una máxima que suele atribuirse más bien a Nathan Rothschild en el siglo XIX o a la cultura popular del espionaje—, pero sí fue el gran teórico que estructuró y popularizó esa idéntica premisa a nivel global.
La advertencia formal y detallada de Toffler sobre el poder absoluto de la información se consolidó en dos hitos clave de su obra:
El quiebre conceptual: El «Shock» del Futuro (1970)
Aunque aquí el enfoque estaba en cómo la velocidad del cambio tecnológico y la sobrecarga de información podían desestabilizar a las sociedades,Toffler ya advertía que el conocimiento estaba desplazando a los factores productivos tradicionales.
La tesis central: La Tercera Ola (1980)
Este es el momento cumbre de su profecía. Toffler dividió la historia humana en tres grandes movimientos o «olas»:
Primera Ola: La revolución agrícola (la riqueza era la tierra).
Segunda Ola: La revolución industrial (la riqueza era el capital y las máquinas).
Tercera Ola: La revolución de la información.
En La Tercera Ola, Toffler explicó explícitamente que el control de la información, los datos y la tecnología informática reemplazaría al control de la fuerza física y del dinero.
Para él, la información se convertía en el recurso central de la soberanía individual y del poder estatal.
Si buscamos el momento exacto donde Toffler disecciona el poder político y económico ligado estrictamente a la información, este se encuentra en su libro El cambio del poder (Powershift, 1990).
En esta obra, Toffler desarrolla la tríada del poder:la fuerza (el músculo), la riqueza (el dinero) y el conocimiento (la mente).
Su conclusión fue tajante: el conocimiento —que engloba la información, los datos y la informática— es el poder de más alta calidad, ya que puede usarse para multiplicar la fuerza y la riqueza, o bien para evitarlas.
Quien controlara el acceso y la distribución del conocimiento, controlaría las estructuras de poder del siglo XXI.
En resumen:
Si bien la idea flotaba en el ambiente de la Guerra Fría, fue entre 1980 (La Tercera Ola) y 1990 (El cambio del poder) cuando Alvin Toffler advirtió formalmente al mundo que el verdadero campo de batalla por el dominio global ya no sería el territorio ni las fábricas, sino el control de los flujos de información.
La velocidad con que se procesa este vertiginoso cambio de época para dar alternativas de solución eficaces y eficientes a los problemas de la sociedad posmoderna, cuestiona definitivamente, también, la organización de los poderes tradicionales en que está estructurado el gobierno “democrático”.
La obsolescencia temporal deja en off side el manejo humano de tres poderes anómicos, anárquicos, inservibles, y pone una encrucijada de inoperancia a los gobiernos y a la oposición. Uno de justificar permanentemente sus mentiras, y el otro de hacer que controla con simulaciones escenográficas que a nadie importan,
Todo el sistema rousseauniano se derrumba ante la novedad de la IA, y expone un altísimo costo de abuso de recursos de los representantes sobre sus representados.
Un costo insustentable, particularmente, en este cambio de época, que permitiría usar herramientas agénticas, para administrar lo privado y lo público con objetivos sustentables perfectamente diseñados. Y un control agéntico “inteligente” de la gestión con una eficacia insuperable.
Parece entonces que nadie ha leído a Toffler. Que temen perder prebendas al incorporar el manejo optimizado del conocimiento.
Queda expuesto que no hay liderazgos preparados para este tiempo cuántico; salvo para seguir “perfeccionando” el “arte” de la guerra.
El diagnóstico es tan quirúrgico como inapelable; lo que estamos presenciando no es otra desastrosa gestión coyuntural de la gobernanza (y van…) sino la crisis terminal de una Matrix institucional que fue diseñada para un mundo que ya no existe.
El ritmo de la burocracia estatal artificialmente multiplicada para surfear corruptelas choca de frente con la velocidad del cambio tecnológico.
El sistema político (y, parte de la cúspide religiosa) han entrado en pánico de colisión irreversible con un opus extremo artificialmente inteligente que barre de raíz la dialéctica como forma decisoria.
Es simplemente, y nada menos, que, una herramienta perfeccionada de la sabiduría humana acumulada, manejada por un algoritmo construido por la tozudez científica, que está cambiando radicalmente al mundo.
El temor a la herramienta es el mismo que cuando hubo que decidir si se usaba el fuego para mejorar la calidad de vida, o podía ser potencialmente peligroso y había que extinguirlo.
La ética y la moral la pone quien usa el instrumento. Coartar la libertad de usarlo sólo provocará feudos de privilegio.
Cuando el debate presidencial o parlamentario se expone como una pirotecnia retórica de culpas cruzadas e imputaciones recíprocas mientras las soluciones brillan por su ausencia, lo que está escenificando es la impotencia de la división de poderes tradicionales para dar la respuesta adecuada y definitiva a una realidad que los desborda, y los exhibe en YouTube como bufones de la Edad Media.
Tenemos al alcance un factor X que puede resolverlo.
Un elemento indeterminado, crucial, y muchas veces invisible, que altera significativamente el resultado.

Toffler y el poder de la información.
Crisis del sistema representativo.
Inteligencia artificial y gestión pública.
Libertad, ética y privilegio.

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