Informa el matutino El País que la Institución Nacional de DD HH. (organismo de discutible constitucionalidad) requiere un aumento del 75% de su presupuesto (los jubilados recibirán a comienzos de febrero un ajuste que no llega al 6%…, sin comentarios) con la finalidad de… sí, acertó estimado lector, de seguir con la búsqueda de los desaparecidos, faltaba más, y es muy posible – esto no lo dice el diario—que los PP.TT…, sí, también acertó, apoyen ese “pequeño” porcentaje o quizás alguno un poquito más bajo, porque cuidar los votos es tarea hercúlea cuanto que sagrada.
Por tanto este manido y gastado tema merece algunas consideraciones.
La primera es que según la Comisión para la Paz que en su momento formó el Dr. J. Batlle, los desaparecidos dentro del territorio nacional fueron 32 y si bien parecería que podría haber más en algún país vecino es a todas luces evidente que el Estado uruguayo carece de jurisdicción para hacer excavaciones o búsquedas en alguna comisaría o cuartelillo fuera de su territorio.
La segunda es que hay opinión generalizada de que dichas personas han fallecido, quizás con alguna excepción que en algún momento se habría barajado respecto a alguien que habría vivido en Europa figurando aún como desaparecido, cosa que en realidad no mueve la balanza significativamente, dejando de lado la inmoralidad si fuera cierto, por supuesto.
La tercera es que de ese número inicial de 32 personas han aparecido los restos de varias de ellas por lo que la cantidad, obviamente, ha descendido.
Y la cuarta parece ser la más importante.
Si por ventura alguien tuviera alguna noticia o algún indicio acerca del lugar en que podrían yacer, no solamente se trataría de una persona muy anciana sino que además tendría que estar muy despistada para hablar y complicarse su ancianidad puesto que ahí se abriría paso a toda una indagatoria propia de la Inquisición con Torquemada a la cabeza de cómo lo sabe, que hacía en aquel entonces, por qué no habló antes, si protege a alguien más y un largo y engorroso etc. quizás incluso con un final incierto para el propio colaborador, puesto que en este asunto nada puede descartarse.
Don Dinero es poderoso…
A 50 años promedio de los hechos parece mentira que se siga lucrando (económica y políticamente) con las víctimas y con sus familiares, los únicos que en realidad tendrían derecho a saber algo más, cosa que a estas alturas parece harto difícil.
Como ejemplo comparativo cabe señalar que la Unión Soviética devolvió a Alemania los últimos nueve mil prisioneros de guerra que tenía en su poder en los años 1955/56 esto es, a diez u once años de terminado un conflicto que fue sumamente feroz en el llamado “frente oriental” y ello gracias a conversaciones entre el Canciller alemán Dr. Konrad Adenauer y el Primer Secretario del PCUS Nikita Krushev.
¿Habrá alguien que tenga el coraje cívico de poner fin a esta tenebrosa cuanto que poco edificante situación?
Lamentablemente por ahora ni está ni se le espera.
