El debate sobre la laicidad en Uruguay vuelve a enfrentar distintas interpretaciones constitucionales y reabre la discusión sobre el papel del Estado, la universidad y la libertad de enseñanza.
En nuestra nota anterior recordábamos la opinión del exlegislador socialista Dr. José Korzeniak sobre la inexistencia de las «dos bibliotecas del derecho», porque la segunda es «inventada por interés político, personal u otras razones».
No obstante, la realidad parece empeñarse en demostrar lo contrario.
Porque esa biblioteca «inventada» es de uso habitual y muchas veces prevalece.
La razón es simple: cada parte se abroga la verdad.
Y, en definitiva, termina siendo convalidada, por quien tenga la función de resolver cuál de las dos versiones es la verídica en el caso concreto.
En el tema de la laicidad, entendida en su sentido lato, no podía faltar.
El fundamento de la creación del Consejo de Laicidad, más allá de la eficacia que hubiera podido tener para cumplir sus cometidos, surge de una interpretación de la Constitución.
Conjuga varios artículos como: la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza, la educación pública y la separación entre estado y religión.
Esa conjunción impone al estado un deber de imparcialidad evitando la prevalencia de unas sobre otras.
Aunque constitucionalistas como Martín Risso y el propio José Korzeniak comparten esa lectura, no se ponen de acuerdo sobre cómo debe aplicarse.
Korzeniak considera que el aspecto político más importante es la educación y que la Ley Orgánica protege el derecho de los docentes y estudiantes a manifestar libremente sus ideas políticas.
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El peligro antimarxista
Pero el constitucionalista considera que lo que es peligroso es el intento externo de usar el aparato estatal, para censurar ideas o forzar un sesgo antimarxista.
Y concluye en que, como el marxismo es una herramienta de análisis fundamental en la historia de Occidente, es obligatorio enseñarlo.
Si bien debería ser objeto de debate en las aulas, y siempre que se presente con otras corrientes y no en forma dogmática.
Y he aquí la madre del borrego. Porque, lo que manda sobre el deber ser de las cosas, es el ser.
Entonces la discusión queda en el limbo teórico.
En un trabajo publicado por el constitucionalista Diego Gamarra Antes (que puede consultarse en Internet), sostiene que la laicidad es un principio constitucional, que deduce del texto, y que comprende también la neutralidad estatal frente a posiciones ideológicas, políticas, filosóficas y de conciencia.
Así, si bien el Art. 5° establece que «el Estado no sostiene religión alguna», el Art. 58° está íntimamente relacionado:
«Los funcionarios están al servicio de la Nación y no de una fracción política. En los lugares y las horas de trabajo, queda prohibida toda actividad ajena a la función, reputándose ilícita la dirigida a fines de proselitismo de cualquier especie.
No podrán constituirse agrupaciones con fines proselitistas utilizándose las denominaciones de reparticiones públicas o invocándose el vínculo que la función determine entre sus integrantes».
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¿Neutralidad?
De nada sirven las normas formuladas con las mejores intenciones si no se hacen cumplir. Cualquiera que conozca la realidad uruguaya podrá apreciar que este mandato de la norma fundamental, no se respeta.
La Ley Orgánica de la Universidad le asigna entre sus funciones la de «defender los valores morales y los principios de justicia, libertad, bienestar social, los derechos de la persona humana y la forma democrático-republicana de gobierno».
¿Valores morales? ¿Cuáles? ¿A qué valores morales se está refiriendo la Carta Fundamental?
Tal vez, convenga recordar que José Pedro Varela, que algo tuvo que ver con la laicidad, escribió:
«La moral no debe enseñarse en la escuela en tales y cuales clases o en ciertos momentos, sino que debe mezclarse a todas las lecciones […] debe cernerse sobre la escuela como el Ángel de la Guarda sobre la cuna de los niños».
¿Es posible defender los derechos de la persona humana y la forma democrático-republicana de gobierno, denominando el Salón de Actos de la Facultad de Arquitectura «Comandante Ernesto Che Guevara»?
¿O loando la revolución cubana cuyos efectos todavía sufre la desdichada isla?
¿O pintando en el techo de la Facultad de Medicina la bandera del Vietcong?
¿O armando bombas como sucedió en la de Ingeniería? Hecho que trascendió porque el artefacto explotó eliminando a su autor.
¿No es totalmente incompatible el sistema democrático-republicano con el totalitarismo en cualquiera de sus expresiones?
¿Y el socialismo marxista real, no fue de partido único y monopolio de la verdad por ese partido?
¿Eso es lo que Korzeniak quiere que se enseñe en la Universidad?
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Silencio de radio
El proyecto de Schipani no reunió consenso en la propia coalición gobernante.
Sobre los motivos políticos, algunos sugieren que el gobierno no deseaba aumentar la confrontación con la izquierda.
De donde deducimos, que la izquierda es la menos interesada en que prospere un proyecto similar.
Desde la Udelar no hubo una respuesta orgánica.
¿Para qué, si igual no había votos para aprobar la norma propuesta?
Sin embargo, las críticas estuvieron a cargo de algunos docentes.
Las objeciones fueron varias.
Que se estaría Judicializando la laicidad. Entienden que la laicidad no se resuelve creando una suerte de tribunal que determine cuándo es vulnerada y produzca una interpretación oficial.
Que no existe una única definición de laicidad, porque se trata de un concepto histórico, filosófico y político.
Que sería un riesgo para la libertad de cátedra y de expresión y que podría inducir a los docentes a la autocensura.
Que no eran conceptos definidos la «parcialidad» o el «proselitismo» y, por tanto, no estaría claro cuándo el docente cruza esa línea.
Que el gobierno de turno podría influir sobre el Consejo y afectar su independencia,
Que el proyecto promovía una lógica de sospecha entre los docentes y los estudiantes.
De todos modos, si bien el debate puede haber servido a algunos como ejercicio intelectual, el resultado fue que el tímido intento de hacer cumplir la Constitución y la Ley, pasó al archivo a dormir el sueño eterno.
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