imagen metafórica de un líder por la fuerza

DEL LADO EQUIVOCADO DE LA HISTORIA – Parte 2

Valcorba, o la condena que la izquierda pronuncia

El “Programa” es una degradación de la condición humana.

Conduce a construir personas que reniegan de la vida que les ha tocado en suerte.

Seres frustrados consigo mismos, que vivan de espaldas a las advertencias de las demás personas responsables de su vida, retorciéndose en odio por su mala “suerte”.

La degradación social que propone opera como herramienta de venganza contra los demás, legitima cualquier oprobio.

Pretende justificar los abusos por venganza.

Un ojo por ojo, en el que, al que le exigen poner el suyo, no tiene responsabilidad alguna en el que lo perdió.

Exige una solidaridad impuesta por el poder.

Creen que así justifican un destino colectivo igualmente espantoso.

El derecho a ser la espada del castigo ideológico, les exime de responsabilidad por cualquier anormalidad cuando ocupan un cargo de poder.

Aquellas viejas recetas inhumanas que conceden a los iluminados conculcar la libertad en aras de su condición de sabiondos para construir el humano perfecto.

Tienen patente de militante de una causa violenta: fogonear una hoguera colectiva para construir una sociedad perfecta, que nunca llega.

Su “Programa” de gobierno, hereda las herejías del Foro de San Pablo.

Hijos putativos de aquellos tiranos que expone su maldad propugnando el parasitismo de arriba a abajo.

Avasallar opositores como enemigos es su deporte favorito.

Decretar regalos colectivos de dinero, avanzado a cualquier costo ético y moral, sobre los derechos naturales de los seres humanos que expropian policíacamente.

Los colectivistas no piensan, embisten, contra todo lo que genera recursos.

Construyen la decadencia colectiva esparciendo el virus maligno de la envidia.

Ofrecen desgracia colectiva igualitariamente, salvo para ellos, si son los que toman las decisiones.

Sus sueldos y privilegios, el reparto de prebendas “compañeras” siempre están a buen recaudo y tienen revolucionaria justificación.

Su “Programa” viene empaquetado de igualdad miserable, que únicamente reserva salir de la pobreza a los que detentan el poder.

NUNCA, se animaron a aplicar la receta íntegra en países democráticos en los que la minoría se opone radicalmente a su ambición totalitaria.

No obstante, trancan toda propuesta liberal de sacar a su público objetivo de la pobreza.

Para camuflar la radicalidad del “Programa” han recurrido a figuras pantallas que predican ser “independientes”.

La prioridad de la «Igualdad de Resultados» vs. «Oportunidades»

Su hipocresía resiste aplicar las recetas probadas que han tenido éxito en las sociedades a los expatriados de su ideología quieren desesperadamente llegar.

Pese a la realidad, la izquierda anquilosada en su trinchera, parte de la orden de manual, que el mercado solo genera desigualdades.

Expulsan la libertad económica, la productividad, y el crecimiento como motor de bienestar y de oportunidades superadoras del desempleo.

Luego de 15 años de comprobados de fracasos y corrupción, que sacó de la pobreza a dirigentes políticos, sindicalistas, y empresarios alineados (y algunos corruptos) vuelven por sus fueros.

Insisten en la lucha contra “el mercado”, persiguen a los que producen recursos, a los que se ganan una vida mejor por esfuerzo y derecho natural.

Vuelven por sus “fueros” parlamentarios y ministeriales con la misma incapacidad y audacia que les confiere la negociación política por la paz parlamentaria.

EL MERCADO somos todos los consumidores, siempre que tengamos qué consumir. No precisamos tutores públicos para elegir lo que nos conviene.

La oferta que aceptamos libremente, construye nuestras propias oportunidades de emprender.

Es la oferta de personas libres en la feria de la vida, la que nos permite producir y ofrecer, ganando o perdiendo, pero, siempre asumiendo la responsabilidad individual.

El Estado como “nivelador” de asimetrías:

Ven al gasto público no como un «costo» injusto, aunque insista en malgastar recursos escasos.

La izquierda utiliza el derecho a la propiedad privada como herramienta de castigo para vender “justicia social”.

Conclusión probadamente injusta, socialmente claudicante, que produce el barro en el que se entierra el destino de más pobres, del sector económico medio, y hasta de los propios, que reclaman más intervención en el bolsillo YA.

Se abusan del capital que no valoran como herramienta de multiplicación productiva y del trabajo que esquivan.

Como nunca tuvieron otra responsabilidad que la de militante, no valoran el esfuerzo para crear recursos; y los dilapidan desde los cargos, reclamando que siempre son escasos,

Lo más bestiales como los Castro, y Maduro, no se detienen ante el delito, cuando ya agotaron la fuerza productiva.

Inercia del gasto desaforado: Una vez que se crean subsidios indiscriminados y eternos, se multiplican empleos públicos para repartir sueldos como ideología y poder de control electoral sobre la burocracia inútil.

Así generan un crecimiento abúlico del Estado mórbido, inútil, injustificado, depredador, que aumenta el ingenio para expoliar y confiscar, desplegando una semiótica ideológica: un relato que culpa a otros del desastre.

El modelo de demanda (Keynesianismo mal aplicado)

Los gobiernos de izquierda se basan en la idea de que el consumo artificial subvencionado por el gasto público impulsa la economía.

La arbitraria interpretación de Keynes, generaliza y eterniza lo que propuso para economías desarrolladas circunstancialmente estancadas, que NUNCA se pensó eternizar por décadas.

La teoría del “Programa”: Al dar dinero dispendiosamente propalan que se “activa” la rueda de la economía artificialmente.

Que se crece cuando el pobre gasta el asistencialismo y vuelve a requerirlo, crece la economía.

Que no afecta al que genera los recursos para financiarlo porque es Rentas Generales.

Una intención hipócrita de ocultar artificialmente que a Rentas Generales la sostiene el emprendedor y quienes tienen trabajo.

Magos falsos como su sistema de que el Estado regale plata de otros y no genere consecuencias del dinero que no se invirtió en producir.

¿Para qué exigir contraprestación, formarse para apalancar alguna actividad productiva o laboral?

Solamente se exige militar a favor de las convocatorias sindicales.

El asistencialismo se integra como obligación permanente a quienes se esfuerzan por no ser pobres trabajando.

El Estado reparte a costa de los que tengan algo más que los más pobres, aunque utilicen recursos básicos para que la producción en la que no se invierte vaya bajando la recaudación, y con ella, conviertan a más personas en empresas cerradas, desempleados, informales, pobres.

El problema del “Programa”:

El gasto público del “Programa” no puede ir acompañado de un aumento en la productividad, los recursos se tiraron en cargos políticos inútiles, subsidios descontrolados, financiación de acciones públicas impúdicas, que producen en un déficit fiscal endémico que se multiplica.

Son éstas y otras causas más, las que llevaron a Valcorba a decir, NO se aplicará.

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