FUE CUBA

Víctima y victimario de su pueblo y el de toda la Región

El primer español en pisar tierra cubana fue Cristóbal Colón, el 28 de octubre de 1492, desembarcando en la zona oriental, en un lugar que llamó Bariay, y bautizando la isla como «Juana» en honor a los Reyes Católicos, aunque creía estar en Asia.
Miguel de Cervantes hace cinco siglos advertía sabiamente: “Querido Sancho: compruebo con pesar como los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios.
Nunca fui defensor de Reyes, pero peores son aquellos que engañan al pueblo con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben que nunca les darán.
País este, amado Sancho, que destronan reyes y coronan a piratas, pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo; sin saber que los piratas sólo reparten entre piratas”.
Hace 67 años que el gobierno de la isla, UNA DICTADURA, viene esparciendo su concepto avasallante en esta América, castrando su desarrollo económico y social que posibilitarían sus riquezas y capacidades.

Juan Bautista «Tata» Yofre, un reconocido periodista e investigador argentino, hoy a cargo de la escuela de Inteligencia de su país, es el autor de “FUE CUBA”.
Se sumerge en este texto en el contexto histórico de la Guerra Fría y analiza detalladamente cómo la revolución cubana liderada por Fidel Castro se convirtió en un actor clave para propagar la violencia guerrillera en la región latinoamericana.
Examina detalladamente cómo el régimen cubano, respaldado por la Unión Soviética, exportó su revolución e ideología comunista a otros países de América Latina, desde la década de 1960.
Cuba jugó un papel fundamental en la creación de redes de apoyo y entrenamiento para grupos guerrilleros en países como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Uruguay.
A través de una investigación exhaustiva, respaldada por documentos desclasificados -hallados en archivos de las fuerzas de seguridad de Checoslovaquia, la Unión Soviética, Cuba, Alemania Oriental y Argentina- y testimonios de diversos actores de la época, Yofre expone los entresijos de las estrategias utilizadas por Cuba y la Unión Soviética para fomentar la violencia subversiva y el totalitarismo de izquierda en la Región.
Examina en detalle la participación de la Unión Soviética en esta dinámica, destacando cómo se obtuvieron recursos, asesoramiento militar y apoyo político a los movimientos guerrilleros respaldados por Cuba.
Es el análisis de un fenómeno poco explorado en las ciencias sociales, dominadas generalmente por escritores de tendencia izquierdista, que intentan ocultar la responsabilidad de los movimientos de izquierda en las dictaduras latinoamericanas, centrando su atención únicamente en el fenómeno del intervencionismo norteamericano, igual de importante que el soviético.
Los invito a recorrer esta investigación objetiva y documentada, con la pluma soberbia del “Príncipe de los Ingenios”.
De las Insulas Extrañas y las Traiciones del Ingenio
En un lugar del Caribe, de cuyo nombre no quiero olvidarme, sino denunciar, aconteció que la realidad se disfrazó de epopeya para mejor ocultar su naturaleza de farsa.
Bien dicen los discretos que la historia es el nombre que damos a nuestros errores, y en estas tierras del Sur, los errores fueron legión y tuvieron por padrino a un caballero de barba espesa y verbo incansable.
El Retrato de una Isla
Aquel hidalgo caribeño, que bajo el palio de la libertad escondía el rigor del cetro, comprendió pronto que no hay nada tan peligroso como ser demasiado moderno; uno corre el riesgo de quedarse súbitamente anticuado.
Así, mientras el mundo se dividía en dos bandos como ejércitos de cartón en un retablo de maese Pedro, él decidió que su destino no era labrar su tierra, sino sembrar la discordia en la ajena.
«La ambición es el último refugio de todo aquel que no tiene la paciencia de cultivar un jardín, pero sí la audacia de incendiar el del vecino.»
Las Crónicas del Engaño
Cuentan las crónicas de Yofre —escritas con la pluma del que ha visto los archivos y no solo las nubes— que desde la Habana partían galeones cargados no de oro, sino de utopías de pólvora.
Estos caballeros andantes de la revolución, armados con el acero de la ideología y el yelmo de la soberbia, cruzaron los mares para desfacer entuertos imaginarios, solo para dejar a su paso el rastro amargo de la sangre y el desengaño.
Se nos vendió una tragedia griega, pero se ejecutó como una opereta rusa.
Los gobernantes del Sur, como don Quijotes sin honor, se dejaron seducir por el canto de sirena de un Dulcineo barbado que prometía el cielo a cambio de su soberanía.
¡Oh, qué vicio tan terrible es la sinceridad cuando no va acompañada de la verdad!
Se fingió una hermandad de pueblos para ocultar una satrapía de intereses.
Al final de esta jornada de espías y guerrilleros, descubrimos que lo único que se debe hacer con los buenos consejos es pasarlos a otros; a uno mismo nunca le sirven.
Cuba, en su afán de ser el centro del universo, acabó siendo el titiritero de una función donde los títeres más tristes eran sus propios hijos, y los ingenuos aplaudidores, éramos nosotros.
Bien podrá el tiempo borrar las huellas, pero queda este libro como testimonio de que, en política, ser natural es la pose más difícil de mantener, y que aquel que se cree el salvador de un continente, suele ser quien mejor sabe cómo encadenarlo, someterlo, y destrozarlo.

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