África de las Heras, conocida como la Camarada Patria, convirtió Montevideo en base de sus operaciones para el espionaje soviético en Sudamérica.
DURMIENDO CON EL ENEMIGO
¿Quién no conoce al personaje de James Bond? \
Aquel 007 que, al menos desde la versión de Sean Connery, está siempre rodeado de mujeres hermosas, alternando en casinos de lujo, coleccionando hazañas y saliendo siempre indemne de las situaciones más difíciles.
Pero la imagen de los espías reales es muy diferente a la de ese Bond en permanente exhibición, que viste con exquisita elegancia y conduce un Aston Martin DB5, un coche del cuál se fabricaron solo alrededor de mil sesenta unidades.
Los espías que no son productos ficticios, sino personas de carne y hueso están bastante lejos de ese glamour. Su realidad es mucho más burocrática, silenciosa y a menudo, tediosa.
El éxito de su tarea depende, justamente, de no destacar jamás ni figurar en ningún registro sospechoso.
Su trabajo es mayormente de oficina y de análisis.
Así, la mayor parte del espionaje moderno no ocurre en tiroteos, sino en escritorios.
Su actividad consiste en analizar toneladas de datos, traducir documentos, interceptar comunicaciones electrónicas y redactar informes.
La función principal de un oficial de inteligencia en el campo rara vez es la acción directa.
Su ocupación primordial es cultivar relaciones, manipular personas e identificar informantes vulnerables dentro de gobiernos o instituciones clave para que filtren datos.
Además, ser descubierto no culmina con un escape acrobático en el último segundo como en las películas.
En Uruguay el espía más famoso, ¡fue una mujer!
Su nombre: África de las Heras.
Nacida en la hoy convulsionada ciudad de Ceuta.
Conocida en la clandestinidad como la Camarada Patria, su historia supera con creces los límites de la ficción.
Estuvo casada con el escritor Felisberto Hernández.
Y esto tiene particular interés si tomamos en cuenta cual era el pensamiento de Felisberto sobre el comunismo.
El escritor uruguayo estaba en París cuando conoció a una mujer que se presentó como María Luisa de las Heras, con estatuto de refugiada y que tenía como profesión ser modista de alta costura.
Se enamoró de ella, y la dama, flechada por el encanto uruguayo, decidió compartir con él la vida matrimonial.
Claro que, el consenso de la señora fue visto con muy buenos ojos por el Comité para la Seguridad del Estado más conocido como KGB.
Era necesario a los fines soviéticos colocar una espía en Sudamérica y qué mejor que hacerlo en Uruguay y, ¡casada con el insospechable Felisberto!
Un hombre visceralmente anticomunista que, en sus apuntes, jugando con las palabras daba a la sigla URSS significados como:
«Una República Sin Solvencia, Utopía Ridícula Sin Seriedad, Un Renegado Su Servidor, Una Racha Sin Suerte, Una Roca Sin Salvación, Una Roña Sí Señor, Un Reptil Sin Sosiego, Un Rodar Sin Seguridad, Un Repetido S.S. de Hitler, Un Regresivo Sistema Secreto, Una Rúbrica Sin Solvencia, Un Rústico Sistema Social, Un Resfrío Sin Sobretodo».
La espía soviética había encontrado el refugio perfecto para sus actividades.
Si bien el matrimonio duró poco (Felisberto se casaría cuatro veces), la camarada Patria había logrado instalarse en Montevideo dulcemente, sin hacer ruido.
Desde la capital uruguaya coordinó las redes de espionaje del KGB para toda Sudamérica durante casi dos décadas.
Mientras la alta sociedad montevideana la veía como una elegante diseñadora de ropa, desde su piso operaba una radio clandestina emitiendo mensajes cifrados a Moscú.
Felisberto ignoraba totalmente lo que hacía su mujer, y cuando se divorciaron la dama volvió a casarse.
Esta vez, con otro espía soviético.
Por lo menos en casa no tenía que ocultarse.
Pero ya había quedado blindada legalmente frente a cualquier sospecha migratoria o de los servicios de inteligencia occidentales.
A fines de los 60, África de las Heras Gavilán regresó a la URSS donde fue recibida con honores y se dedicó a dar formación a nuevas generaciones de espías.
Llegó al grado de coronela del KGB y fue condecorada con la Orden de Lenin y la Orden de la Estrella Roja, entre otros honores.
La imagen que ilustra esta nota es el sello postal que Rusia ha dedicado a su espía al conmemorarse los treinta y nueve años de su muerte.
La iniciativa estuvo a cargo del SVR, organismo de inteligencia que sucede al tenebroso KGB.
Según el medio ICN (Iberoamérica Central de Noticias), la página web del SVR publica una nota biográfica sobre de las Heras que en un fragmento dice:
«En 1947, el Centro decidió enviar a «Patria» para el trabajo de inteligencia en uno de los países de América Latina (Uruguay), en el que estaba destinada a asentarse durante 20 años.
Todo ese tiempo, la agente completó con éxito tareas importantes para la recopilación y transferencia al Centro de Información de inteligencia valiosa».
Dos décadas trabajando impunemente sin que los servicios de inteligencia que operaban y aún operan en el Uruguay pudieran detectarla.
Más allá del fin de la URSS, Rusia continúa ensalzando a los espías del comunismo.
En la próxima nota veremos cómo la antigua práctica del espionaje, continúa en plena vigencia.
Espionaje soviético en Uruguay
África de las Heras
Redes del KGB en Sudamérica
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