Abandoned sugar mill and decaying mansion symbolizing Cuba’s economic and moral collapse.

FUE CUBA – Parte 2

Soberbia: satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.

La Cuba de antes de 1959 era un país de profundos contrastes.
Una nación con indicadores macroeconómicos y de modernidad urbana que envidiaba gran parte del mundo, pero, con una desigualdad social y una dependencia externa que generaban gran tensión.
En los años 50, Cuba tenía indicadores económicos de «primer mundo».
El peso cubano estaba a la par del dólar estadounidense.
Cuba ocupaba el tercer lugar en Iberoamérica en ingresos per cápita y era la 29ª economía del mundo.
Hoy los cubanos tienen los mismos o superiores indicadores socio-económicos, si lograron fugarse de la isla a países capitalistas.
El «Rey Azúcar»: La economía dependía casi totalmente del azúcar (80% de las exportaciones).
Esto hacía que el país fuera próspero cuando los precios subían; pero miserable cuando bajaban.
Generaba el «tiempo muerto»: miles de campesinos solo tenían trabajo durante la zafra (cosecha), quedando desempleados el resto del año.
Altas y bajas que en todo lugar y tiempo hacen sentir bronca de una alternancia debida a factores ajenos que el trabajador monotarea.
Estados Unidos era el principal socio comercial. Empresas estadounidenses controlaban gran parte de los servicios públicos, las minas y las mejores tierras agrícolas.
Eran los principales inversores, pero, también se los veía como los privilegiados beneficiarios.
Modernidad Tecnológica:
Cuba fue pionera en tecnología: fue el segundo país del mundo en tener televisión a color (1958) y el primero en América Latina en tener ferrocarril.
Su posición geográfica y sus condiciones tecnológicas lo ponían en condición de superar esas inestabilidades diversificando la formación laboral.
Necesitaban generar equidad de oportunidades y estabilidad laboral.
La “revolución” castró esa indeseable inseguridad de ingresos propios, por una esclavitud igualitaria para todos; salvo para la riquísima casta gobernante.
Consolidó una dictadura amoral, desde una dictadura inmoral.
El Abismo entre el Campo y la Ciudad

La vida en La Habana era radicalmente distinta a la vida en la Sierra Maestra o los cañaverales.
La capital era un centro cosmopolita, con casinos de lujo, hoteles modernos y una vida cultural vibrante.
Era el destino favorito de las celebridades y la mafia estadounidense.
Había prostitución por decisión propia; Castro la hizo imprescindible.
Salud y Educación: Cuba tenía una de las tasas de analfabetismo más bajas de la región (23%) y una de las mayores cantidades de médicos por habitante.
Estos servicios se concentraban casi totalmente en centros urbanos.
Mientras en La Habana se compraban los últimos Cadillac, en el campo el 60% de los campesinos vivía en bohíos (chozas) con piso de tierra, sin electricidad ni agua corriente.
El 85% carecía de servicios sanitarios básicos.
La igualdad llegó para todos.
La pobreza vino a extender la vida útil de aquellos Cadillac, que hoy siguen vivos al servicio únicamente del turismo “de miseria”.
Corrupción y Represión: La dictadura de Fulgencio Batista (tras su golpe de 1952) se caracterizó por una corrupción administrativa rampante y una fuerte represión política, lo que alienó no solo a los pobres, sino también a la clase media y a los intelectuales en detestarla.
Además de los cubanos, también el resto del mundo aplaudió como una liberación de otra dictadura cuando el cobarde de Batista se auto evacuó.
Cuba en los años 50:
Ingreso per cápita: 3° en América Latina.
Consumo de calorías: 3° en América Latina.
Analfabetismo: 23.6% (muy bajo para la época)
Mortalidad infantil: 13° más baja del mundo.
Viviendas rurales con agua: menos del 15%
Esta dualidad explica por qué, a pesar de los buenos números económicos generales, existía un descontento social suficiente para que el movimiento “revolucionario” contra la dictadura ganara adeptos.
El tiro por la culata:
La revolución dirigida por el Dr. Fidel Castro Ruz lleva 67 con la peor explotación del hombre por el hombre.

Sus orígenes de cuna le dieron una infancia de privilegio relativo él mismo destacaba como formativo (el de patrón de estancia de su padre).
Ángel Castro, español, trabajó para la United Fruit Company, amasando una fortuna comprando tierras y estableciéndose como gran propietario de caña de azúcar, llegando a ser un gran terrateniente.
Su madre Lina Ruz, era cubana, de origen humilde y casi analfabeta, trabajaba en la hacienda de Ángel Castro.
El mestizaje de Fidelito fue también mental.
Una visión aristocrática de la vida, y de poder sobre la vida ajena.
El sometimiento de los demás débiles y explotados a sus designios más viles fue la escuela en que formó su inmenso EGO.
Trocó la dependencia de un patrón débil por otro, aún peor.
Siendo el “comandante” se arrogaba el derecho a quedarse con el resultado de todo el esfuerzo ajeno, asignarlo a su gusto y gana prebendariamente.
Destruyó definitivamente la vida de millones de cubanos que pasaron a depender de subsidios soviéticos asignados por Castro, a fuerza de pasarse al bando enemigo del humanismo y la libertad en la llamada “Guerra Fría”.
Vendió su alma al diablo por vanidad; calzaba perfectamente con el matón miserable que le exigían sus “benefactores”.
El precio ineludible fue, ser el “eje del mal” en el Continente, desparramando la “virtud” del terrorismo y el totalitarismo comunista por toda América; y le quedó chica.
Cuando, cayó el socialismo real, y expuso toda la pestilencia de su holocausto, su ego pudo más, asumió que rendirse a la realidad fue un error.
Había aprobado con aplauso el curso de amoralidad y anti humanismo como para dejar de usar sus malas artes para explotar la vida ajena.
Sustituyó esos ingresos por el narcotráfico, al que le dio el aditivo épico del terrorismo, y la complicidad de su organización militar, convirtiendo la isla en refugio para millonarios mafiosos, a los que espiaba para robarle sus secretos y su dinero.
Quiso ser el líder más grande de América; y atrasó su desarrollo en décadas a un costo infinito en vidas y pobres.
Formó zombis mentales que respondían como tales a sus bajo designios.
Los infiltró, aprovechando la debilidad del sistema democrático para conseguir aliados, o al menos, encubridores de su salvajada.
Nos legó la ambigüedad ética y moral; el relativismo del militante resultadista frente a la calidad de vida de la gente.
Luego de Castro Ruz no se podrá unir jamás la honestidad a la palabra gobernar.
Fue el autor de una falsa dicotomía: a qué lado perteneces, al de los que se enriquecen abusando del poder, o, al de los que imponen la utopía violentamente al lumpen ignorante.
Mientras tanto, el mundo libre y responsable evolucionó, sacando a millones de seres humanos de la pobreza dejando sólo y viejo a Fidel enfundado en un jogging americano.
Sus expatriados, aprovecharon bien la oportunidad de salir de pobres en una sociedad libre y respetuosa del dinero propio, demostrando que el verdadero cambio está en cada persona.
Siguieron ligados a la Isla por familiares, obligados moralmente a enviar remesas a sus hambreados afectos.
Fidel Castro Ruz será por siempre un azote al crecimiento económico y social del Continente americano, mientras su ego contagioso siga esparciéndose, y no sepamos quitarnos de encima el veneno del comunismo.

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