Workers and cargo at a 19th-century South Atlantic port linked to trade between Montevideo and the Falkland Islands.

Samuel Lafone: el empresario que ayudó a construir Uruguay y proyectó sus negocios hasta Malvinas

Llegó antes de la independencia, industrializó Montevideo, financió gobiernos y extendió su red comercial al Atlántico Sur.
Lafone encarna las luces y sombras del empresario fundador.

SAMUEL LAFONE: EL EMPRESARIO QUE AYUDÓ A CONSTRUIR URUGUAY Y PROYECTÓ SUS NEGOCIOS HASTA MALVINAS
Llegó antes de la independencia, industrializó Montevideo, financió gobiernos y extendió su red comercial al Atlántico Sur.
Lafone encarna las luces y sombras del empresario fundador.
Por Santiago H. Pereira Testa

Cuando Samuel Fisher Lafone llegó al Río de la Plata en 1825, Uruguay todavía no existía como Estado independiente.
Tenía apenas veinte años.
Había nacido en Liverpool, en una familia vinculada al comercio y la curtiembre, y comenzó en Buenos Aires exportando productos ganaderos e importando manufacturas británicas.
Cueros, charque y sebo salían del Río de la Plata.
Tejidos, herramientas y manufacturas europeas llegaban en sentido contrario.
Era una forma temprana de globalización.
Y Lafone la entendió rápidamente.
En 1833 se instaló en Montevideo, en un país pequeño, inestable y escasamente poblado, donde casi todo estaba por hacerse.
Para un empresario, aquello podía parecer un problema.
Para Lafone parecía ser una oportunidad.
No se especializó en una sola actividad.
Participó en comercio exterior, tierras, saladeros, financiamiento, inmigración, actividad marítima y banca.
Como tantos empresarios del siglo XIX, no ingresó a mercados maduros.
Muchas veces tuvo que ayudar a crearlos.
Uno de sus emprendimientos más importantes fue el saladero sobre el arroyo Pantanoso.
Hacia fines de la década de 1830 incorporó máquinas de vapor para extraer grasa y sebo de los huesos, lo que permitía aprovechar mejor el animal y ampliar la producción exportable.
Era industria. Rudimentaria para nuestros estándares, naturalmente. Pero industria al fin.
Alrededor de esa actividad también se transformó el territorio.
En 1842, sobre tierras de Lafone entre los arroyos Miguelete y Pantanoso, fue autorizado el poblado de Pueblo Victoria.
Con el tiempo, los montevideanos lo llamarían La Teja.
La empresa no solamente producía.
También atraía trabajadores, demandaba viviendas y empujaba la expansión de la ciudad.
Pero Lafone resulta especialmente interesante si resistimos la tentación de convertirlo en un héroe.
Sus relaciones con el Estado fueron intensas.
Fue acreedor del Gobierno de la Defensa durante la Guerra Grande, intervino en contratos de abastecimiento, recibió concesiones y participó en negocios vinculados a rentas públicas.
Algunos contemporáneos lo acusaron incluso de intentar convertir ciertas concesiones en posiciones monopólicas.
Aquí aparece una cuestión central.
No todo empresario que acumula una fortuna lo hace compitiendo en un mercado libre.
La historia empresarial también está hecha de privilegios, protecciones y proximidad con el poder.
Aun así, conviene entender el mundo en que Lafone actuaba.
El Estado uruguayo era débil.
Necesitaba dinero, abastecimiento, población e infraestructura.
Los empresarios podían proporcionárselos.
Y a cambio obtenían derechos, tierras o ventajas que hoy consideraríamos problemáticas.
Durante la Guerra Grande, Lafone llegó a ser uno de los principales acreedores privados del Gobierno de la Defensa.
Y quien presta dinero a un gobierno desesperado también adquiere poder.
Más tarde estuvo entre los fundadores del Banco Comercial.
Otra vez aparece la misma lógica.
Donde todavía faltaban instituciones económicas sólidas, los propios comerciantes contribuían a crearlas.
Pero la escala de Lafone no se agotaba en Montevideo.
Su geografía económica era más amplia.
Pensaba en puertos, rutas, ganado, barcos, capital y mercados.
Montevideo, Maldonado, las costas oceánicas y el Atlántico Sur formaban parte de un mismo espacio comercial.
Y ahí aparece uno de los aspectos más actuales y más sensibles de su trayectoria.
Junto con su hermano Alejandro, Lafone participó en negocios de tierras y explotación marítima en Maldonado, pero también en emprendimientos británicos en las Islas Malvinas.
La región meridional de la isla Soledad llegó incluso a ser conocida como Lafonia.
Ese dato no es un detalle pintoresco.
Ayuda a entender que, para ciertos empresarios establecidos en Montevideo a mediados del siglo XIX, las Malvinas no eran una periferia remota sino parte de una red atlántica de intereses comerciales, marítimos y ganaderos.
Dicho de otro modo: la historia de Lafone también conecta al Uruguay naciente con una zona geopolíticamente sensible hasta hoy.
Lafone hizo mucho dinero. También perdió mucho.
En 1858 sufrió un grave quebranto financiero.
Convocó a sus acreedores y, según la investigación histórica disponible, terminó pagando sus deudas con intereses.
Logró recuperarse, aunque nunca volvió a ocupar la posición dominante que había tenido.
Porque emprender no consiste solamente en enriquecerse.
Consiste en arriesgar.
Samuel Fisher Lafone murió en Buenos Aires en 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla, después de haber asistido allí a enfermos de su colectividad.
Dejó empresas, propiedades y una extensa trama de negocios a ambos lados del Río de la Plata.
Pero también dejó un barrio, un templo, una huella en la historia bancaria y una serie de vínculos entre empresa, Estado y expansión comercial que permiten comprender mejor cómo se construyó materialmente el país.
No fue un santo. No necesitamos que lo sea. Fue empresario.
Innovó, arriesgó, especuló, negoció con gobiernos, aprovechó privilegios, perdió dinero, volvió a empezar y dejó transformaciones que sobrevivieron largamente a su propia vida.
Y entre esas huellas no figura solo Montevideo.
También aparece Malvinas.
Por eso estudiar a Lafone permite mirar el origen empresarial del Uruguay, pero también recordar que su mundo económico no terminaba en las fronteras nacionales.
Se proyectaba sobre el Río de la Plata y sobre el Atlántico Sur.
Samuel Fisher Lafone fue uno de los hombres que imaginó negocios, instituciones y territorios cuando todavía casi todo estaba por construirse.

Empresa y construcción nacional
Capital, Estado y privilegios
Uruguay y el Atlántico Sur

Continuar leyendo en De Lafone a Jodal

Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal

Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.

Cuenta Prex: 13440

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll to Top