Montevideo resident facing an obstructed sidewalk and parked car in an everyday urban scene.

Manual del perfecto patotero

Del despacho oficial a la vereda de tu casa: una sátira sobre la impunidad, el abuso de poder y la coerción cuando la ley se vuelve una sugerencia decorativa.

ANUAL DEL PERFECTO PATOTERO
(Edición Definitiva Sin Censura): Del despacho oficial a la vereda de tu casa
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

¡Felicitaciones!
Vivimos en la edad de oro del matón con credencial, del delincuente con carnet de impunidad, y del seguro certificado de víctima irrecuperable.
Ya pasó de moda eso de resolver las cosas con argumentos, leyes o, Dios nos libre, un mínimo de respeto por el prójimo patotero.
Hoy la regla de oro es simple: el que grita más fuerte, gobierna; el que te pecherea, tiene fueros; y el que te roba con adhesión ideológica, sale en la sección de sociales y es el modelo a seguir por la minoridad predelictiva.
Bienvenidos al fascinante y patético zoológico de la patota institucionalizada y callejera, donde la libertad es una mala palabra y la ley es solo una sugerencia decorativa.


La escafandra estatal: Inmunidad para el patotero con despacho


Tratar de convencer a un patotero con o sin corbata de que las normas existen es como explicarle física cuántica a un adoquín. Pero no te preocupes, ellos no están solos: tienen al espacio patotero del Estado.
Esa mole gigantesca deja de ser una herramienta de organización social para convertirse en una escafandra blindada.
Allá abajo, en el barro de la realidad, los simples mortales pagan impuestos, regularizan las construcciones, respetan semáforos, hacen filas, pagan impuestos, y sufren la inflación, la informalidad y el desempleo.
Pero allá arriba, flotando en su burbuja de privilegios, los intocables usan el poder para llevarse por delante cualquier derecho que les moleste pisando la vida del otro.
¿Lo más gracioso?

Lo hacen con la mano en el corazón, jurando que lo hacen «por los indefensos», mientras te dejan tan indefenso que lo único que te salva es aprender a correr descalzo.

La franquicia del grito: Del despacho sindical al tablón

Lo lindo de este modelo es que el talento patotero es inclusivo, federal, asexuado, y abarca todos los rubros de la vida pública y privada:
Aquel ilustre dueño de un espacio de poder político que asume con total naturalidad que puede seguir atornillado a los escritorios de las empresas que controla, conjuntando al sueldo del controlador. Y cuando la ley, de forma molesta e impertinente, le exige que elija entre el cargo público y sus altos sueldos privados, él actúa «de puro contra»: se saca el sombrero de director formal, pero se las ingenia para contratar a sus propias empresas desde el Estado, riéndose de las incompatibilidades constitucionales con la gracia de un niño mimado al que le sacaron el chupete.
En este mismo tipo humano rescatamos al que decide hacer un homenaje al líder invirtiendo deuda pública en una estancia a puro empuje emocional. Luego, resulta que la reforma agraria alcanza apenas para 6 compañeros; no importa, apenas 32,5 millones de dólares quedan allí estancados, pero, triunfó la tozudez.
El sindicalista posmoderno: Ese espécimen de alta costura gremial que negocia directamente por encima del cadáver político del Secretario de la Presidencia, el Ministro y el Subsecretario de Trabajo, a quienes usa de pisapapeles humanos.
Después de cuatro meses de extorsión sistemática a los que viven del Puerto, te arranca más de lo que jamás se atrevió a pedir al principio, de espaldas a cualquier afloje, llega el gran día de la firma forzada… y no concurre.
¿El motivo de su berrinche?

Una afrenta imperdonable: ¡se atrevieron a obligarlo a parar de parar: y le exigieron una cláusula de paz laboral!
Una humillación que él mismo ya anuncia, con su expresión corporal, que va a pasar por el año del arquero dentro de uno o dos meses.
La barra brava «empresarial» de seguridad vehicular: Esa maravillosa mafia cuasi deportiva que flota sobre las normas penales como el corcho en el agua, y recibe tiernas disculpas oficiales por cometer delitos de abuso sobre la propiedad ajena, catalogados como «sus negocios».
Expertos en cuidar tanto tu auto que terminan atesorándolo en cuotas por partes, mientras disfrutas de hinchar por tu cuadro favorito.
O el que amplía la línea de productos en venta del clásico café y pop, con sustancias químicas diseñadas exclusivamente para que festejes con alegría hasta cuando tu equipo pierde por cinco a cero.
El cuidacoches con tarifa fija: Ese soberano urbano que recauda pese al propio Intendente, desafiando a las viejas monedas con tarifas mínimas obligatorias y extorsivas porque sabe perfectamente que si no pagás el rescate, tu vehículo va a aparecer pidiendo auxilio al chapista.
El «dueño» de la vereda: El marginal con patente de corso que instala su carpa justo en la entrada de tu garage o tira el cartón cama en la puerta de tu edificio (siempre y cuando no de a la ventana de Blanquita).
Llamar a la policía o al MIDES es un ejercicio estéril de calentura asegurada: el búnker se desarma y regresa en exactamente a los doce minutos con sus perros y sus bártulos, reclamando «derechos de vulnerabilidad», a romperte la ventana —izquierda o derecha, según su humor artístico— de tu vehículo porque ostentan patente definitiva de imponer una justicia insociable.
Despertar tarde:

¿Y si los “salvadores” de derechos humanos eran los dueños del circo?
Pero claro, tanta presión termina por inflarle las pelotas (de fútbol, obviamente) hasta al más paciente. Y ahí es donde la sociedad, con la perspicacia de un caracol de asfalto embarazado, empieza a atar cabos.
De repente, un día cualquiera, al ciudadano común se le cruza una idea salvaje por la cabeza: ¡Los que dicen que vienen a liberarnos de la patota son los mismos que le alquilan impunidad a los patoteros!
Descubren, con cara de espabilados, que los encubren, los aplauden, los financian, son reclutados finalidad movilizadora, y, para colmo de males, los usan de felpudo en cada elección. ¡Qué sorpresa tan insólita!
El desafío:

¿Te animas a dejar de agachar la cabeza?
Salir de esta ciénaga no requiere carnet de héroe, sino algo mucho más escaso: dignidad sin anestesia.
Exige mandar a la papelera de reciclaje al matón de turno, y quien lo apañe, así se ponga la banda presidencial, firme contratos por debajo de la mesa, maneje el gremio que maneje, cobre la extorsión en la esquina o usurpe la vereda que usurpe.
La pregunta del millón, la que te deja picando en la frente, es muy simple:
¿Hasta cuándo vas a seguir aplaudiendo al mismo sistema que te cobra peaje para entrar sin pisar excremento a tu propia casa, te rompe el vidrio del auto si no pagas, es el dueño de tu Puerto y tu dinero, y encima te exige que le pidas perdón por haber interrumpido el negocio del patotero de turno?

Impunidad y privilegio
Coerción institucionalizada
Ciudadano frente al poder

Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica

Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal

Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.

Cuenta Prex: 13440

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll to Top