Tensiones y contradicciones: es más necesaria la complacencia que la capacitación
Hay tensiones y contradicciones en la actual administración, donde el discurso del concurso choca con la realidad de designaciones no idóneas que han marcado la gestión de los cuadros de confianza.
El Desafío de la Coherencia: Méritos para el Pueblo, Privilegios para la Cúpula
Análisis de Actualidad
El Uruguay vive una disonancia cognitiva que horada la confianza ciudadana.
Mientras el oficialismo mantiene su cruzada discursiva por el ingreso calificado a la función pública mediante concursos, los altos mandos del gobierno de Orsi se rigen por un código de ética y capacidad mucho más elástico.
La máxima de «patria para todos» está bifurcada: un estándar de exigencia para el ciudadano de a pie y una red de protección para la elite política.
De la «Confianza» al Escándalo
Orsi profundizó en la relación que pretendía tener con sus ministros, utilizando expresiones como:
«Yo les voy a dar peso a los ministros y que jueguen fuerte».
«Llega un momento donde no podés abarcar todo».
Consultado sobre la autonomía, aclaró que no buscaba una independencia total (para no repetir errores de falta de control que él percibía en el pasado), pero sí que cada jerarca hiciera política y gestionara con autoridad en su área.
Al presentar a su equipo el 18 de diciembre de 2024, reforzó esta idea destacando que había conformado un gabinete con «mucha solvencia técnica y liderazgo político».
Es coherente con el enfoque populachero del FA, y sus antecedentes, su formación se centró en la docencia y el arte tradicional del malambo, además de su experiencia en el comercio familiar.
Este argumento sobre los «cargos de particular confianza» ha servido históricamente para blindar designaciones que han demostrado ser catastróficas. Y en este primer año los resultados no son la excepción.
¿Cuál es el filtro técnico para quienes manejan las riendas del Estado?
Cuando la lealtad política sustituye a la idoneidad, el resultado no es solo ineficiencia, sino una vulnerabilidad institucional que el país no puede permitirse.
Esta «libertad de designación» contrasta con el rigor que se le exige a un cargo del último escalafón.
Para la jerarquía el carnet partidario el único diploma necesario.
Doble Rasero: Entre Estancias y Dictaduras
La contradicción no es solo administrativa, sino profundamente moral y económica.
La opinión pública observa con estupor cómo figuras centrales del Gobierno y del Frente Amplio, como el ministro de RREE, mantienen una protección retórica a la dictadura venezolana, un régimen que es la antítesis de cualquier ideal de «patria para todos».
Esta gimnasia semántica evita llamar dictadura a un autoritarismo extremo, convive con escándalos domésticos que golpean el corazón del relato de austeridad.
La compra de la estancia María Dolores se ha convertido en el símbolo de una nueva clase dirigente que, mientras predica el reparto de la riqueza, consolida patrimonios personales que los alejan de la realidad del trabajador común, y peor, del desempleado.
Es la estética de la abundancia en un sector que históricamente hizo del pobrismo su bandera, arriándola siempre que fue políticamente necesario.
El negocio-homenaje, costará a los administrados millones de dólares indeterminados, aunque no sepamos para qué se comprara la estancia, un año después, entre renuncias e informes técnicos negativos a lo que pudo resolverse con un busto.
El drama de CARDAMA.
Alguien le hizo hacer una conferencia al presidente para espetar soeces epítetos jurídicos contra el contrato para hacer dos lanchas patrulleras.
Sin perjuicio que era el precio más económico que las arcas públicas admitían, las lanchas se estaban construyendo a buen ritmo, y tenían a dos oficiales de la Armada instalados en el astillero que nada advirtieron sobre incumplimientos, y que, además, la construcción estaba sujeta a estándares internacionales que la auditaban.
El triunvirato hizo gárgaras de acciones penalmente relevantes, rescisión unilateral del contrato violando todas las normas de derecho nacionales e internacionales.
Allá fueron Secretario y Pro a la Fiscalía a hacer denuncias y ampliaciones, mientras la ministra de Defensa cantaba el tango Uno (vive llena de esperanzas), el presidente del BROU ensayaba una parodia para no pagar la carta de crédito que lo obligaba por legislación bancaria.
Impuestos para Otros, Exenciones para Mí
Quizás el punto más álgido de esta asimetría es la política fiscal.
La promoción de impuestos y cargas tributarias que asfixian al sector productivo y al profesional independiente contrasta con figuras como Arim, justamente el que debe hacerse cargo de la recaudación presupuestal, ministros, sindicalistas, del aparato político, que orbitan en un ecosistema donde las reglas fiscales que ellos mismos imponen no se aplican.
Es la paradoja del legislador o el jerarca que diseña el sacrificio ajeno desde la comodidad de su propia auto exención ideológica.
Si la patria es «para naides» si no es para todos, el sistema actual está creando una casta de ciudadanos «VIP» que:
No necesitan concursar para ganar enormes sueldos estatales.
Justifican regímenes autoritarios extranjeros mientras disfrutan de las mieles republicanas.
Adquieren latifundios con destino a pauperizar colonos sin capital, mientras el acceso a la vivienda es un calvario para el resto.
Promueven impuestos de los que ellos mismos están, por su ingeniería política, a salvo, por impunidad refractaria a este Estado burgués.
La meritocracia, en este contexto, termina siendo un espejismo: una regla de hierro para los que no tienen poder, y una sugerencia olvidada adrede para los que habitan el piso 11 de la Torre Ejecutiva o los despachos ministeriales o parlamentarios.
Sólo los que mandan mal asumen que “vamos bien”, porque no les conviene exponer el abismo colectivo próximo.
Para ellos el gasto público puede ser infinito, total, pagan los “nabos de siempre”.
Justifican que el empobrecimiento no tiene nada que ver con la presión fiscal.
Que el endeudamiento es neutro, porque si no se puede no se paga.
Hay espacio fiscal para confiscar el dinero de los gobernados, porque “todo es del Estado”. Y la dirigencia sindical que lo milita tiene asegurada su ingreso sin esfuerzo muscular.
Dilapidan arbitrariamente porque asumen que el voto popular les dio impunidad para semejante corrupción.
Están persuadidos que “ellos” ignorantes de qué hacer y cómo hacerlo, saben mejor en qué usarlo.
Una idea política obsesiva propia del manual autoritario repetido en taitantos Congresos de la Internacional, exige poner militantes como forma de traspasar a ellos el capital de quienes trabajan y producen recursos.
Son ignorantes, pero, soberbios por imposición autoritaria.
LA FALACIA DEL IGNORANTE
No saben porque no estudian ni se esfuerzan.
No razonan, pero creen que saben lo suficiente por impostada “sensibilidad” marxista para dirigir la economía y regimentar la sociedad.
Veremos otras consecuencias de otros ministros autónomos.
