Un país pequeño, una potencia global y el costo de no entender el lugar que realmente ocupamos en el mundo.
Según algunas versiones de prensa (El País, Búsqueda) nuestro gobierno ha considerado un error y un absurdo la suspensión de las visas para el ingreso de nuestros compatriotas en carácter de futuros residentes en los Estados Unidos dispuesta por ese país o al menos así lo han dado a entender algunos voceros oficialistas.
Pero atención, no se trataría de un error o un absurdo de Uruguay – faltaba más – sino de la potencia más poderosa del mundo, al menos hasta ahora y guste a quien guste o pese a quien pese.
Por ende, el asunto puede traer cola.
Resulta bastante tonto, para no usar otro vocablo, atribuir la equivocación “absurda” al Departamento de Estado o al Departamento de Justicia norteamericanos en los cuales, independientemente de los errores de carácter estrictamente político que puedan cometer – y han cometido varios – desde el punto de vista burocrático o administrativo seguramente hacen las cosas bastante mejor que por estos lares.
Pero en realidad no es una simple tontería la de nuestros gobernantes, es la manera lógica de pensar en clave uruguaya-sudaca, esto es, la misma con que se designó a una ministra de Vivienda que no pagaba los tributos de la suya, a que el Director del Instituto de Colonización fuera al mismo tiempo colono o a que un ministro circule con su vehículo sin la libreta que lo autoriza a hacerlo o que estuviera vencida- los artículos periodísticos no son muy precisos al respecto- y no se trata del accidente en sí, como acertadamente consideró el senador Da Silva, puesto que los seres humanos no son perfectos, pero lo del permiso de conducir tiene otro talante. Y podríamos seguir mencionando otras aberraciones, incluso no solamente provenientes del oficialismo, como el increíble debate sobre las “personas menstruantes” (sic).
Lo cierto es que el Gobierno y en general muchos connacionales no advierten lo que es obvio: que somos muy poca cosa en el mundo y que en gran parte es responsabilidad nuestra, no de los demás países, como por ejemplo tener una alta tasa de abortos – vergüenza nacional- mientras que nuestra población ni siquiera llega a 3.5 millones de habitantes dado el bajísimo índice de natalidad, a quien nadie parece interesar, observando que la emigración de jóvenes por falta de futuro es un goteo constante.
Es más, con este tipo de razonamiento enraizado en los genes, especialmente en los de la izquierda, de que todos los demás se equivocan y nos tratan mal lo único que se logra es… que efectivamente nos traten mal pero sin equivocarse.
Parece obvio para cualquier observador, que el tema visas se originó en la adhesión apresurada, impensada y atolondrada a un comunicado signado por otros países de la región que no son gratos a la potencia del Norte, cuando en realidad el panorama era- y sigue siendo- bastante más complejo como acertó a definirlo algunos días atrás el expresidente de la República Dr. Lacalle Herrera en un reportaje de un matutino.
Claro está, es obvio y elemental para cualquier observador siempre que no tenga los ojos en la nuca y mirando a la década de los sesenta.
