La caída del Helicoide
En la noche de ayer la dictadura bolivariana toco fondo; y con ella el que denominó: “socialismo del siglo XXI”.
Con toda la hipocresía propia de quien sabe que ha sojuzgado a su pueblo durante VEINTISIETE AÑOS, Delcy Rodríguez reconoció ante la parodia parlamentaria que en Venezuela “hay presos políticos”.
La denominada “presidenta ejecutiva”, usurpadora de la voluntad popular, se mostró desnuda ante el mundo proponiendo la liberación de todos los torturados, inocentes encarcelados, y venezolanos opuestos al régimen dictatorial.
Delcy Rodríguez es hermana de Jorge Rodríguez Gómez , psiquiatra y “presidente” de la dictadura parlamentaria, impuesto en la Asamblea Nacional de Venezuela desde 2021.
Su padre, Jorge Antonio Rodríguez , fue fundador de la Liga Socialista , un partido político marxista venezolano.
Quien ocupara los más altos cargos de la dictadura venezolana, desde ministra del Despacho de la Presidencia, ministra de Relaciones Exteriores, presidenta de la Asamblea Constituyente, vicepresidente del país, ministra de Economía y Finanzas, y directora del Banco Central, confesaba abiertamente que en el “Helicoide” había miles de presos políticos del régimen que estaba liquidando, que había que liberar.
Con una impostación transitiva hacia la pacificación, esta socialista de pura cepa que repitió los mantras marxistas aplicados, fue aplaudida de pie por otros usurpadores del parlamento venezolano, reconociendo que el régimen debía liberar a los presos por rebelarse ante su propia dictadura.
El Triunfo de la Incoherencia: La Última Función
La tragedia de la tiranía no es que sea malvada en este instante, sino que termina volviéndose irremediablemente salvaje al reconocer que metieron presos, torturaron y expulsaron de Venezuela por 27 años, y que ella misma propone la pacificación, que en definitiva es que la inculpen de tanta barbarie.
Para un régimen que había hecho del horror una de las bellas artes, el acto final no podía ser una batalla, sino una farsa sublime.
El Parlamento, ese santuario de la unanimidad comprada, lucía aquella tarde una luz mortecina, como la de una vela que se sabe a punto de ser apagada por la brisa de la historia.
Allí se congregaban los asalariados del desastre, hombres y mujeres cuyos rostros eran un catálogo de cirugías fallidas y conciencias en liquidación.
Delcy comenzó la función luciendo la otra máscara y el expresando el arte de la negación
Envuelta en telas que pretendían elegancia, pero solo lograban arrogancia, subió al podio con la gracia de una actriz de variedades que ha olvidado su guion pero recuerda perfectamente su desprecio por el público.
Sostuvo una carpeta de papeles con la delicadeza con la que se sostiene una mentira recién horneada.
Con esa voz que siempre parecía estar regañando al destino y a quienes habían cometido semejante salvajada, procedió a presentar el Proyecto de Ley de la Alquimia Política, refiriéndose a la pequeña constitución dictatorial como mantra.
"Venimos," declaró con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, "a liberar a aquellos que nunca estuvieron encerrados. Porque en nuestra República, la libertad es tan absoluta que incluso la existencia de los prisioneros es una mera ilusión óptica de la reacción."
Fue un momento sublime de autoridad decadente: proponer un decreto para abrir celdas que, según su propia retórica de ayer, estaban vacías o habitadas solo por fantasmas del imperialismo.
Liberar a los "inexistentes" era su última gran obra de teatro absurdo.
La vieja marxista obligada por la realidad que no pudo esta vez esquivar reconocía sus propias inhumanidades.
La Metamorfosis del Horror: De Cadenas a Centros Comerciales
Pero el ingenio del régimen para ser autocomplaciente no conoce límites, especialmente cuando se trataba de redecorar el abismo.
El anuncio estrella fue la conversión de El Helicoide.
Esa mole de concreto, ese templo del dolor que se retorcía sobre sí mismo como una serpiente de cemento, debía ser, por decreto, purificado del régimen que lo concibió.
La propuesta era de una cursilería aterradora:
De la Tortura al Tenis: Las salas donde el eco de los gritos aún vibra en las paredes serían transformadas en canchas de pádel, ese deporte tan querido por la burguesía que ellos juraban odiar, pero cuyos lujos imitaban con fervor de conversos.
Del Aislamiento al Shopping: Las celdas sin luz se convertirían en boutiques de lujo, donde se venderían perfumes caros para ocultar el olor a rancio de una ideología muerta.
"Transformaremos el dolor en consumo," parecía decir su mirada, "porque no hay mejor manera de olvidar un crimen que comprar un par de zapatos en el lugar donde ocurrió."
El epílogo de la bajeza
Al final, el régimen no cae por un golpe de espada, sino por el peso de su propia ridiculez.
La realidad, ese crítico implacable, decidió que la obra ya había durado demasiados actos.
El Helicoide no se convertirá en centro comercial, porque la historia tiene un sentido de la responsabilidad con su pueblo mucho más agudo que los dictadores.
Será un monumento a la memoria, recordándonos que se puede negar la existencia de un preso, pero nunca se podrá silenciar el eco de la verdad cuando ésta decide hablar.
Y a este régimen, la historia no le perdonó ni siquiera su última y desesperada parodia aplaudida por temor a que el fuego final incendie de odio de esas personas que quisieron “modelar” a su imagen y semejanza, a quienes sometieron, vejaron, e hicieron desaparecer por 27 años.
Todo esto sucedía mientras, a pocos kilómetros, la paradoja alcanzaba su cenit: Maduro, referido por Delcy asintiendo la liberación, cenaba en el cuarto piso subterráneo de su nueva celda-palacio; un búnker que no es más que el primer ensayo de una tumba.
Tiemblan otros totalitarios de la misma calaña, cómplices, que recibieron sangre venezolana.
