Tocqueville frente al avance del narcotráfico y la capitulación del Estado en México y Uruguay
– Tocqueville y el vacío de autoridad
– Gobernanza criminal y soberanía fragmentada
– La tiranía de la impotencia democrática
LA CRISIS DE LA POSMODERNIDAD DEMOCRÁTICA Y EL ANTÍDOTO DE TOCQUEVILLE
Una pregunta punzante: si Tocqueville nos dio la medicina preventiva (el asociacionismo y la descentralización), ¿por qué el paciente sigue en cuidados intensivos?
Analizar las políticas de seguridad de la actual administración mexicana bajo la lupa de Alexis de Tocqueville resulta fascinante, pues nos sitúa en la tensión entre la libertad individual, el Estado de derecho y la degradación del tejido social.
Es importante precisar que, aunque la narrativa de «abrazos, no balazos» y el énfasis en los derechos humanos de los presuntos delincuentes, a los que se le adjudican derechos de los que carecen sus víctimas, son pilares del discurso oficial, la afirmación de que es «ilegal atacar a los narcos» suele presentarse en el debate público como una interpretación de la retórica gubernamental sobre el uso limitado de la fuerza, más que como un decreto jurídico literal novedoso.
El Concepto de Anomia y el Vacío de Autoridad
Para Tocqueville, la democracia no es solo un sistema de votos, sino un «estado social».
La anomia (o la falta de normas claras) surge cuando el Estado abdica de su función primordial: garantizar la seguridad para que los ciudadanos ejerzan su libertad.
“Abrazos, no balazos” AMLO: Desde una visión tocquevilliana, si el Estado renuncia al uso legítimo de la fuerza, genera un vacío que no es llenado por la paz, sino por poderes fácticos (el narco).
La erosión de la ley: Cuando la autoridad sugiere que enfrentar al crimen es «ilegal» o moralmente cuestionable, el ciudadano pierde la referencia de qué es lo justo.
Esto crea una sociedad donde las leyes son sugerencias y la impunidad es la norma.
El Individualismo y el Desentendimiento Social
Tocqueville advertía sobre el individualismo excesivo en las democracias, donde cada ciudadano se retrae a su esfera privada y se desentiende del bienestar público.
Si la política de seguridad se percibe como una capitulación, el ciudadano promedio opta por el aislamiento o la sumisión al poder local del crimen organizado para sobrevivir.
Esto rompe el «interés bien entendido» del que hablaba Tocqueville: la idea de que para estar bien yo, debe estar bien mi comunidad.
La Tiranía de la Mayoría vs. El Estado de Derecho
La postura de Claudia Sheinbaum y AMLO se apoya en una legitimidad democrática masiva (la mayoría apoya a los narcos).
Sin embargo, Tocqueville alertaba sobre la tiranía de la mayoría.
Si una mayoría acepta que la ley no se aplique con rigor a cambio de una paz retórica, se pone en riesgo la estructura misma de la República.
Derechos Humanos como paradoja: Tocqueville valoraba los derechos, pero entendía que estos solo existen bajo el amparo de una autoridad civil fuerte.
Si el derecho del victimario se prioriza sistemáticamente sobre el derecho de la sociedad a la seguridad, el contrato social se desnaturaliza.
Comparativa: Visión del gobierno mexicano vs. Teoría de Tocqueville:
Postura Actual (AMLO/Sheinbaum): evitar la violencia contra los delincuentes para no generar más violencia.
No generar muertes de delincuentes sin antes el debido proceso.
Las causas de la profundización criminal son la pobreza y la falta de oportunidades
Perspectiva de Tocqueville: El Estado debe ejercer autoridad para evitar la anarquía.
Los derechos requieren un orden social estable para ser efectivos.
El respeto a la ley nace del hábito y de la vigencia de las instituciones.
«Cuando el pasado ya no ilumina el porvenir, el espíritu camina en las tinieblas». Alexis de Tocqueville
La aplicación de esta frase a México sugiere que, al intentar romper con las estrategias «belicistas» del pasado, el gobierno actual corre el riesgo de caer en una forma de despotismo blando o, peor aún, en una anomia donde el Estado es simplemente un espectador del control territorial criminal.
Vivir en una democracia donde el crimen organizado supera en capacidad de fuego y despliegue al Estado es, en términos políticos, habitar una «Soberanía Fragmentada».
No es una democracia plena, sino un sistema híbrido donde la ley convive (y a veces se somete) a la voluntad de poderes paralelos.
Para entender cómo se sobrevive y opera en este escenario, hay que analizar tres pilares que sostienen esta realidad:
La «Gobernanza Criminal»
Cuando el narco tiene mejor armamento y preparación que el Estado, deja de ser un simple grupo delictivo para convertirse en un proto-Estado.
Sustitución de funciones: En muchas regiones, el narco no solo vende drogas; resuelve disputas vecinales, cobra «impuestos» (extorsión) y castiga a quienes roban en su territorio.
El Polvorín: La captura de un líder no es vista por la sociedad local como un triunfo de la justicia, sino como una ruptura del orden establecido.
El caos posterior (quema de vehículos, bloqueos) es una demostración de fuerza para obligar al Estado a retroceder y para advertir a la población que el control real no lo tiene la Constitución.
La Asimetría Táctica y Tecnológica
La democracia enfrenta una desventaja burocrática frente a la agilidad del crimen:
Presupuesto vs. Corrupción: Mientras el Estado debe seguir procesos de licitación y transparencia para adquirir equipo, los cárteles compran tecnología de punta y armamento de grado militar en el mercado negro sin restricciones.
Capacidad de Fuego: El uso de drones con explosivos, vehículos blindados de fábrica («monstruos») y fusiles Barrett calibre .50 pone a las policías locales en una situación de suicidio institucional si intentan intervenir sin apoyo del ejército.
El Costo de la «Paz Mafiosa»
En estas democracias, se llega a un acuerdo tácito peligroso: la paz a cambio de la impunidad.
La Parálisis del Estado: Si el gobierno sabe que detener a un capo incendiará una ciudad, el costo político de la captura se vuelve «impagable».
Esto conduce a la política de no confrontación que va entregando cada vez más poder al narco, hasta convertirse en dueño del sistema político y del Estado.
Adaptación Social: La ciudadanía desarrolla una «normalidad» distópica.
Se aprende a consultar redes sociales para saber si hay «toque de queda» antes de salir a trabajar.
La democracia se reduce al rito de votar cada elección, pero el ejercicio de los derechos cotidianos está mediado por el permiso del grupo criminal local.
El Riesgo de la «Anomia» (Volviendo a Tocqueville)
Tocqueville advertía que una democracia sin orden es el preámbulo de la tiranía.
Si el ciudadano siente que el Estado es incapaz de protegerlo frente a un grupo mejor armado, ocurre un quiebre de lealtad:
Deserción institucional: El ciudadano deja de denunciar porque el Estado no es el poder más fuerte.
Aceptación de la fuerza: Se empieza a ver la violencia del narco como algo «natural» y la debilidad del Estado como algo «inevitable».
Esta situación crea una democracia de fachada, donde las instituciones existen en el papel, pero la seguridad y la vida se rigen por la ley del más fuerte.
La situación de países en tránsito hacia entregar al narco el poder institucional se aprecia reciente en Uruguay, con las declaraciones del ministro del Interior Carlos Negro y el presidente Yamandú Orsi.
Una capa de «realismo trágico» al análisis de Tocqueville sobre la democracia y la anomia.
Aquí no solo hablamos de una política de «abrazos», sino de una aceptación institucional de la derrota, lo cual es el estadio final de la anomia social.
La Capitulación del Estado como «Sentido Común»
Cuando el ministro Negro afirma que «la guerra contra el narcotráfico está perdida», está validando la tesis de Tocqueville sobre la fragilidad de las instituciones democráticas ante poderes despóticos organizados.
Según la teoría política clásica, un Estado existe porque tiene el monopolio legítimo de la fuerza. Si el Estado admite que perdió la guerra, está cediendo ese monopolio.
Anomia Institucional: Para Tocqueville, la ley solo es respetada si se percibe como eficaz.
Si el máximo responsable de la seguridad declara la derrota, el ciudadano entiende que la ley es un «papel mojado».
Esto empuja a la sociedad a buscar protección en el narco, acelerando la disolución del orden democrático.
El «Diálogo» de Orsi: ¿Pragmatismo o Despotismo Blando?
El presidente Orsi ha planteado que el narco es “demasiado poderoso para enfrentarlo divididos» y ha deslizado la necesidad de enfoques que van más allá de la confrontación pura (diálogo o gestión de daños).
La paradoja de la igualdad: Tocqueville advertía que en la democracia, el deseo de paz y bienestar material puede llevar a los ciudadanos a aceptar cualquier orden que garantice cierta estabilidad, incluso si ese orden es criminal.
Legalizar la anomia: Dialogar con el narco es reconocerlo como un actor político. Esto transforma la democracia en una «cleptocracia» o una «feudocracia», donde el voto cuenta, pero el territorio se negocia con señores de la guerra.
La «Tiranía de la Impotencia»
Tocqueville temía que el Estado democrático se volviera un «tutor» demasiado suave que le quita al ciudadano la capacidad de actuar.
En el caso uruguayo y mexicano, vemos una Tiranía de la Impotencia:
El Estado se vuelve irrelevante: No prohíbe, no protege, solo «gestiona» la tragedia.
La sociedad se divide en zonas seguras (blindadas por dinero) y zonas de guerra (abandonadas por el Estado).
La anomia no es solo falta de ley, es la presencia de una ley alternativa (la del narco) que es más rápida, letal y efectiva que la burocracia estatal.
Conclusión
Para Tocqueville, el remedio contra la anomia era el fortalecimiento de las instituciones intermedias y el coraje civil.
Si los gobiernos democráticos de la región siguen declarándose «derrotados» o «incapaces de atacar», están invitando a que surjan figuras autoritarias que prometan orden a cualquier precio, o peor aún, a que la democracia desaparezca por completo bajo el peso de un Estado que ya no se atreve a ser Estado.
