Una lectura crítica desde Umberto Eco sobre la burocracia global, el simulacro de poder y la metástasis de la sociedad líquida.
– Simulacro de poder y burocracia autorreferencial.
– Fragmentación ideológica y pérdida del centro de gravedad.
– La política como espectáculo y la proliferación administrativa.
Los sistemas de gobierno son una creación humana, y como tales, falibles, corruptibles, deformables, decadentes, y colapsables.
Si repasamos con cuidado la historia humana no es para alarmarse, sino para advertir un colapso que si lo entendemos a tiempo podría provocar un aterrizaje suave.
Caerá de todas formas porque ya no le sirve a la mayoría de la gente, sino a una casta.
Y como tal, será sustituido, veamos algunas pautas de valores que quisiéramos que se preserven para gloria futura de nuestra posteridad.
«De la estupidez a la locura» no es solo un libro, sino el testamento intelectual de Umberto Eco.
Publicado póstumamente, reúne una selección de sus columnas en La Bustina di Minerva, donde analiza con su agudeza habitual el cambio de milenio.
Es casi «profético» (y un poco deprimente, si me permites el toque de honestidad) cómo Eco disecciona la transición de una sociedad sólida a una sociedad líquida.
Los pilares del caos moderno
La pérdida de la privacidad: Eco advierte sobre el exhibicionismo mediático. Pasamos de querer ser libres a querer ser vistos, cueste lo que cueste.
La «invasión de los necios»: Una de sus críticas más famosas argumenta que las redes sociales le han dado el derecho de palabra a «legiones de idiotas» que antes solo hablaban en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad.
El colapso de la ideología: Describe un mundo donde ya no hay referentes claros, lo que nos empuja a un consumismo desenfrenado y a una confusión entre el entretenimiento y la información.
El poder de la memoria: Como gran humanista, Eco defiende que sin memoria histórica estamos condenados a una «estupidez» perpetua, perdiendo la capacidad de filtrar lo relevante de lo trivial.
¿Por qué leerlo hoy?
A pesar de que las crónicas fueron escritas hace años, leerlas en 2026 se siente como revisar un mapa de un naufragio que todavía estamos viviendo.
Eco no buscaba ser un pesimista sin causa; su intención era darnos herramientas críticas para no sucumbir a la «locura» de un mundo que parece haber perdido el norte.
«El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo como el portador de la verdad». — Umberto Eco
Partiendo de las crónicas de “De la estupidez a la locura” y de su concepto de «sociedad líquida» (influenciado por Zygmunt Bauman), Umberto Eco probablemente definiría la debacle de los organismos Internacionales creados como bálsamo de paz en el marco de la amenaza nuclear, bajo los siguientes ejes críticos:
La «Burocracia del Simulacro»
Eco era un experto en semiótica (el estudio de los signos).
Para él, estas instituciones habrían pasado de ser entes funcionales a ser «monumentos de autorreferencialidad».
Definiría su inoperancia no como un error, sino como su nueva naturaleza: una burocracia que ya no existe para resolver problemas externos, sino para generar el papeleo que justifique su propia existencia.
Es lo que él llamaría un «simulacro de poder»: tienen todo el aspecto del poder (edificios, banderas, cumbres), pero carecen de la capacidad de ejercerlo.
La Pérdida del «Centro Gravedad»
En un mundo que Eco describe como fragmentado y sin ideologías claras, los organismos internacionales se convierten en «gigantes con pies de barro».
Al no haber un consenso moral o político sólido en la sociedad actual, estas instituciones se limitan a una «gestión del día a día» que él tildaría de irrelevante.
Diría que son «estructuras sólidas en un mundo líquido», y por tanto, están condenadas a romperse o a ser ignoradas.
El Triunfo de la «Estupidez Espectacular»
Eco criticaba duramente cómo la política se convirtió en espectáculo.
Aplicado a los organismos internacionales, los definiría como una «escenografía carísima».
Inoperancia impúdica: Para Eco, el hecho de que exhiban su falta de resultados sin vergüenza alguna sería un síntoma de la pérdida del sentido de la responsabilidad histórica.
Gasto sin justificación: Lo vería como una forma de «estupidez colectiva»: sociedades que mantienen estructuras del siglo XX para problemas del siglo XXI que esas mismas estructuras no comprenden.
La «Proliferación de los Papeles»
Fiel a su estilo irónico, Eco podría comparar a estos organismos con la biblioteca de Babel o con los copistas medievales: instituciones que producen miles de folios de recomendaciones y protocolos que nadie lee y que no cambian la realidad.
Los definiría como «un ruido blanco administrativo» que impide escuchar los verdaderos problemas.
Para Eco, esta «burocracia regia» sería la prueba máxima de que hemos pasado de la estupidez (creer que el sistema funciona) a la locura (mantener un sistema que sabemos que no funciona, a un costo altísimo, simplemente porque no sabemos cómo imaginar algo diferente).
Él diría que estos organismos han dejado de ser «árbitros» para convertirse en «archiveros del caos».
Siguiendo la lógica de Eco en sus crónicas, la decadencia de las democracias actuales no sería vista como un accidente, sino como una «metástasis de la sociedad líquida».
Eco, con su bisturí semiótico, diseccionaría este escenario de inoperancia y corrupción bajo una luz muy cruda.
Lo analizaremos en el próximo artículo.
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