DEL LADO EQUIVOCADO DE LA HISTORIA – Parte 3

Valcorba, o la condena que la izquierda pronuncia

Cuando el Estado gasta lo que no tiene, paga sin restricciones, termina compitiendo con el sector privado por el crédito (efecto crowding-out), lo que estanca la inversión privada, el empleo, y reproduce las condiciones de pobreza.
Pero entonces, ¿por qué los electores se inclinan mayoritariamente por estas propuestas de izquierda?
Y aquí no estamos solos.
Al igual que varios países latinoamericanos, ahora, también New York se está pasando al socialismo.
Deberíamos decir parafraseando el dicho popular:
A la vejez democrática liberal y capitalista, los americanos del norte avanzan directamente a su antípoda, conducida por el desencanto popular con un sistema prebendario que redujo las oportunidades de ascenso económico.

El crecimiento del Estado como fin político

Existe un fenómeno conocido en ciencia política como el "agrandamiento del Estado" por razones de control o clientelismo.}
En este caso, directamente por clientelismo.
O más precisamente, porque se ha creado un público objetivo que siente que el asistencialismo, el subsidio, la repartija le va a resolver sus angustias existenciales.
Burocracia expansiva:
Para resolver aquí y allá un público empobrecido por el avance del Estado y la multiplicación del empleo público y el gasto, estas personas creen que hay que pisar el acelerador.
Se crean ministerios y organismos para atender nuevas "agendas sociales", estructuras ineficientes que consumen recursos más recursos, que hace imposible que la “benevolencia” socialista llegue al beneficiario final.
La desestructuración presupuestal pública determina que se gasta más, por más ordenadores abusivos, sin respetar las restricciones presupuestales, la ineficacia de organismos sin recursos, y la profundización del déficit.
Dependencia del Estado:
Al ampliar la base de personas que dependen directamente de una transferencia estatal (empleados, beneficiados, subsidiados), el gobierno se asegura una base electoral fiel, aunque esto sea fiscalmente insostenible a largo plazo.
Y profundice que se extraigan recursos para la única solución universal probada: ahorro, inversión, acrecer el capital con más emprendimientos, que genere oportunidades reales a desempleados, subempleados y pobres o indigentes en general, con voluntad de superar su precaria condición.

La "Ilusión Fiscal" y la falta de incentivos

La gestión pública de corte intervencionista, ignora la “Curva de Laffer”, subir impuestos excesivamente, superando la capacidad contributiva, termina recaudando menos porque desincentiva el trabajo y destruye recursos de ahorro e inversión.
Justificación social: Se asume que cualquier gasto está justificado si tiene un nombre "noble" (educación, salud, pobreza), incluso si la ejecución es pésima, dilapida recursos escasos, empeora los indicadores sociales, y provoca una inflación de deuda a financiar obscenamente contra la posteridad.

El Triunfo de la Utopía sobre el Presupuesto

Oscar Wilde decía que un mapa del mundo que no incluya "utopía" no vale la pena ni consultarlo.
Pero, aplicar el programa utópico de la izquierda íntegramente, que justamente se está intentando desarticular, es como intentar pintar un mural impresionista usando triángulos.
La paradoja: Tal como está a la vista y paciencia de cualquiera que no tenga un balde mental, apuesta a una redistribución de la riqueza tan absoluta que, finalmente, nadie tendrá suficiente para ser considerado "rico", eliminando así, entre otras cosas importantes, la única ocupación interesante de la clase alta: ser el blanco de las críticas en las cenas de caridad.
Y por cierto, a los únicos que se animaron a una restricción del gasto personal, para invertir en una empresa, y dar trabajo a quienes no hacen o no pueden hacer ese proceso.
El resultado: El Ministerio de Economía deja de ser una oficina de números para convertirse en un departamento de relatos épicos, donde el déficit fiscal se trata, no como un problema, sino como una licencia artística.

La Dictadura de la Virtud Colectiva

Para la izquierda, el auténtico revolucionario no debe exigir que uno viva como desea, sino exigir que los demás vivan como ellos quieren.
Parece ni con llevarse a Maduro a madurar en EEUU los americanos han advertido eso.
Y peor, ni siquiera en New York escuchan el inglés cubanizado, que cuenta las peripecias de cruzar en balsa arriesgando la vida, para zafar de lo que ahora se votó.
La aplicación: Si el programa socialista (suavizado al principio) se aplicara al 100%, la sociedad se volvería tan “perfecta”, tan obligatoriamente “solidaria”, y tan equitativa en la restricción del gasto, que el aburrimiento sería la principal causa de mortalidad.
El choque: Sin la "necesaria" desigualdad para alimentar el resentimiento o la ambición, los socializados perderían su deporte nacional: la queja.
Un país donde todo funciona según el “programa” de izquierda, es un país donde el ingenio muere por falta de utilización.

La Ciencia vs. el Estilo

Valcorba, nuestro vice ministro de Economía, actúa, aquí, como el crítico literario que dice que la trama es inverosímil.
Un auténtico izquierdista le respondería que "la realidad es un detalle sin importancia".
La ironía:
Al intentar financiar lo infinito con lo finito (el pecado original de cualquier programa integral de izquierda, que se precie de tal), el votante debería haber entendido, que el dinero tiene la mala costumbre de ser profundamente conservador.
Tiende a irse a dormir a otros países cuando se siente demasiado observado y encorsetado; o percibe cerca la mano del recaudador.
La escena final: El programa, si fuera aplicado íntegramente, se convertiría en una obra maestra de la literatura de ficción.
Sería estéticamente impecable en el papel, pero "insoportable de leer en la vida real".

En resumen: Una victoria pírrica

Si se aplicara todo lo que Valcorba dice que no se puede, la izquierda lograría lo que ningún partido ha conseguido: el fracaso por exceso de éxito de un relato que mató a lo fáctico.
Se habría creado un sistema tan meticulosamente diseñado para el “bienestar”, que el individuo desaparecería bajo el peso de la benevolencia estatal.
Como diría Oscar Wilde:
"Solo hay dos tragedias en la vida: una es no conseguir lo que uno quiere, y la otra es conseguirlo; y darse cuenta para qué sirve".

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