Nearly empty international assembly hall during a formal speech, symbolizing the distance between political rhetoric and public representation.

El discurso que no nos representa

Una crítica al mensaje pronunciado ante el foro internacional, a sus silencios, contradicciones ideológicas y distancia respecto de la realidad nacional.

EL DISCURSO
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Hace 50 años un personaje se presentaba ante la ONU a dar un discurso que sería memorable apelando a la inteligencia emocional. Mario Moreno (Cantinflas) daba a los “eruditos” diplomáticos una paliza verbal sobre lo lejos que estaban de la realidad humana.
En estos días venimos escuchando discursos improvisados o leídos, cuyo tono beligerante o inservible están muy lejos de aquel encantador “Ministro”.
Luego de reunir a los “líderes” de todos los partidos con la hipotética intención de preparar un discurso que nos representara, otro personaje, que en realidad necesitaba una foto, recibió propuestas ajenas al margen político que le permiten las restricciones ideológicas, y se plantó ante una Asamblea inexistente para dar su discurso.

EL DISCURSO QUE NO NOS REPRESENTA
Hay momentos en la vida institucional de una nación en los que el uso de la palabra pública deja de ser una herramienta de representación legítima para convertirse en una afrenta contra la inteligencia de su gente.
La convocatoria a los líderes del sistema político para articular un discurso ante el mundo terminó en un estrepitoso fracaso conceptual, moral y diplomático.
Lo que se entregó a cambio de un mensaje que respetara la altura de los liderazgos nacionales que lo antecedían, fue una sarta de obviedades, ninguneos y eslóganes militantes, tan vergonzosos como ajenos al sentir de los auténticos orientales.
El discurso tuvo la amabilidad de ser leído para satisfacción, no, de los escasos esbirros presentes, hartos de la práctica de la dicción, sino de nosotros, librados de la ambigüedad tradicional de no haberlo interpretado en toda la majestad de sus ideologismos berretas.
Fue una gran mentira todo lo que se esgrimió engoladamente tratando de seguir el plan original. Un fraude absoluto dar por sentadas realidades institucionales y sociales que chocan de frente con la cruda verdad internacional, y la triste del país carente de gobierno, que mereció estar mejor representado.

El peso del silencio sobre los verdaderos protagonistas y las falacias internacionales
El escribidor y su intérprete, hablaron genéricamente de zonas de guerra sin mencionar jamás a los responsables originales de la beligerancia, cultores del terror.
A misiones de paz, sin mencionar directamente a los militares a quienes envía a poner el cuerpo y la vida en los rincones más inhóspitos del planeta, para defender “la paz”. Esa utopía esquiva que al Organismo internacional que no cumple la obligación de detener los abusos a sus pueblos por décadas; y, ni siquiera asegura a los soldados vías de escape en los peores momentos.
Se atrevió de hablar de “negociar la paz” cuando toma posición ideológica por los causantes. Remarcando el derecho de los pueblos a ese bien supremo, ignorando cínicamente, a los dictadores, terroristas, exterminadores de esas mismas naciones; explotadores que no permiten expresar la voluntad de los ciudadanos.
En este desorden conceptual, confundió andar a los bandazos abrazando ladrones, con vocación negociadora. Improvisar generalidades ocultando estupros, ante la falta absoluta de una estrategia diplomática seria y responsable.
Más grave aún resulta el contraste cínico de pontificar sobre derechos, confundiendo el de los dictadores, pero, omitiendo olímpicamente que nuestra tierra recibe a miles de expatriados que escaparon, arriesgando sus vidas, de aquellas dictaduras nefastas que les quitaron su terruño. Herederos de otros del siglo XX, que causaron holocaustos millonarios en vidas por aplicar las mismas recetas totalitarias.
En la misma línea, se elogió el multilateralismo, mientras se silenció la dolorosa verdad estructural del fracaso de los organismos internacionales que debieron liderarlo. Burócratas enriquecidos a costa de esos pueblos cuya opresión ignoran, o peor, prolongan de espaldas a las obligaciones fundacionales.
Todo esto ocurre mientras seguimos sin rumbo de pertenencia a valores tradicionales en defensa de intereses esenciales al país. Erró el camino en el concierto global, diluyendo nuestra inserción soberana histórica alineada entre los pueblos libres.

La desconexión social y el verdadero bloqueo interno
El engaño no se limitó al plano exterior; golpeó crudamente a los de adentro. Pintó un país que no existe.
Se omitió arteramente a nuestros pobres, a los trabajadores informales por expulsión, dejados deliberadamente al margen del derecho al trabajo por los dueños eternos de sindicatos; los que engolan la voz por los derechos de los que pagan su buena vida, cuando en realidad viven a costa de ellos y de los otros.
No le dio esperanza al leer como papagayo que somos un país que lucha contra la pobreza; cuando en realidad, estamos clausurando el puerto, cerrando empresas, e impidiendo el crecimiento económico y social.
Las fotos abrazando a quienes abusan del poder, fraguaron, previamente al discurso, una acción internacional coordinada, pseudo política de Estado, que no es más que una mentira insoportable de alineamiento con los peores.
Frente a esta realidad, queda en evidencia que el “bloqueo” al que nos enfrentamos, junto a otros pueblos sufridos, no viene de afuera; sino de los autoritarios, mafiosos y ladrones que secuestran los resortes del poder. O, de sus cómplices, que los sostienen sumisamente incapaces de exponer un criterio propio.
Ese cerco interno e internacional corrompe las instituciones democráticas y ahoga el futuro de los ciudadanos honestos.

La impostura ideológica frente al foro internacional
Pararse ante cuatro oyentes indiferentes -que ni siquiera atendían la lectura- para hablar de multilateralismo, cuando se insiste en pertenecer a un perimido frente ideológico, que ha luchado siempre contra las instituciones democráticas es, además de mentir, arrojar viejos relatos vacíos en un foro que debiera defender sin cortapisas los derechos y libertades de quienes eligen libremente su futuro, su destino.
Es una contradicción inadmisible tolerar una asociación corporativa militante, cuya prioridad es cambiar el sistema que redujo el hambre, mejoró la calidad de vida, y permite la alternancia en el gobierno, por los que insisten adueñarse del poder para diseñar a su antojo una sociedad dividida, beligerante, mafiosa y totalitaria a su servicio.
Si semejante proyecto de demolición institucional va en franco retroceso, es únicamente por la resistencia firme de más de la mitad de los electores del país.
Hoy, quienes protagonizan este penoso simulacro de “amistades ideológicas” apenas consigue la adhesión de un magro 20% de ciudadanos.
Resultando profundamente indigno decir representarnos, cuando nuestro prócer marcó a fuego que la autoridad del representante cesa ante la presencia y decisión del soberano.
El pueblo que hoy gobierna el lector del discurso merece un destino infinitamente superior al que le toca vivir a los que gobiernan sus “amigos”.
Tendrá que demostrarlo otra vez, recordando, que la lucha es, hoy como siempre, entre la libertad y el despotismo.

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