Del Despertar de los Durmientes y el Juicio de la Historia sobre la Vesania
Aconteció, lector, que, tras décadas de representar esta comedia de sangre y desvarío por más de 60 años, el telón empezó a deshilacharse por puro agotamiento.
Las naciones del Sur, que habían sido el escenario de la «Operación Manuel» y del galanteo petrolero del Llanero, despertaron una mañana con el sabor amargo de la ceniza en la boca.
Se dieron cuenta, con el dolor que da el desengaño, de que la historia es un acreedor que no acepta disculpas, sino solo el pago en moneda de realidad.
Los archivos que Yofre ha puesto bajo el foco de la plaza pública son el acta de defunción de un relato mentiroso que se pretendía inmortal.
En ellos vemos el destino final de aquellos que se creyeron elegidos por la providencia para redimir al género humano: terminaron convertidos en simples burócratas infames de la opresión, anotando en sus márgenes el precio de cada traición.
No hay nada tan patético como los tiranos que, tras haber prometido el paraíso, terminan contando las monedas que le quedan en el cofre mientras su pueblo cuenta los granos de arroz de la ración y reclama la libertad de presos injustamente violentados.
La Lección de lo Esencial
La sevicia contra el productor para la sociedad, y el desprecio a la clase media, dejaron una lección grabada a fuego en las entrañas de Uruguay y sus vecinos.
Se aprendió, por la vía del hambre y la pérdida del ser propio, que la libertad económica, social, y sobre todo de institucionalidad verdaderamente democrática, no es un capricho de mercaderes, sino la única muralla que protege la libertad del alma.
Cuando el Estado se convierte en el único panadero, el ciudadano se convierte en el último de los esclavos que alza las manos para pedirle alimento de sobrevivencia.
Aquella política de «blanco o negro» solo sirvió para pintar un horizonte opaco donde lo único que florecía era la sospecha.
El Despertar de los Pobres: Aquellos a quienes se les prometió ser dueños de su destino descubrieron que solo eran dueños de su miseria, mientras los «iluminados» de la Habana y sus herederos locales vivían con la opulencia de esos virreyes que tanto decían odiar, sin tener en su cuenta una traspiración de trabajo, o una verdadera inspiración solidaria con los más infelices.
La Venganza del Matiz: La democracia, esa dama discreta que tantos habían despreciado por considerarla aburrida y poco sentimental, regresó con el valor de lo recobrado, pero cojeando del relato que volvía políticamente, con la lupa de acrecer el padecimiento de los paladines de la sevicia que padecieron su propia medicina.
Se comprendió que es mejor vivir en la duda de una ley imperfecta que en la certeza de un paredón ideológico.
El Juicio de la Pluma
Al final de este laberinto, el Caballero de la Barba quedó reducido a un mito de cartón para turistas incautos, y el Llanero de la Retórica a una advertencia para navegantes ideológicos.
Los archivos de la inteligencia checa y las pruebas de la infiltración son hoy el espejo donde se miran los que aún nos pretenden vender espejismos por oro.
La posteridad es un crítico literario implacable: no juzga las intenciones, sino el estilo de la obra y el carácter de los personajes.
«El mayor castigo para un embustero no es que nadie le crea, sino que él mismo termine por no saber quién es bajo tantas capas de engaño acumuladas.»
Cuba, que quiso ser la brújula del continente; terminó siendo el faro que advierte dónde están los acantilados y quienes empujan pueblos enteros al fondo.
La esencia de lo relatado por Yofre no es solo una crónica de espías; es un manual de supervivencia para las naciones que valoran su equilibrio, y especialmente el valor de rebelarse a tiempo contra la opresión.
Nos enseña que el precio de la libertad es la vigilancia eterna, y el precio del bienestar es el respeto absoluto por el que produce, el que crea y el que piensa por sí mismo.
Alberto Benegas Linch (h) nos ha dado la definición del liberalismo por el que entregaron su vida nuestros héroes, el que está en el Himno Nacional, que repetimos para que quede indeleblemente grabado cuando decimos “TIRANOS TEMBLAD”.
‘Es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social’”.
Epílogo:
Cierro, pues, este tintero, esperando que estas crónicas hayan servido para ilustrar vuestro entendimiento con la gracia del dandi y la firmeza del hidalgo.
Uruguay y las naciones hermanas han de cuidar que la cizaña no vuelva a crecer en sus entrañas, recordando siempre que donde hay un hombre que desprecia el matiz, hay un tirano en potencia esperando su oportunidad.
Que la verdad nos haga libres, pero que la inteligencia nos mantenga alerta, pues como bien sabemos, el diablo no siempre viene con cuernos; a veces viene con una barba muy poblada, un fusil que mata por esa ideología, y un discurso que suena a música celestial en el estómago de un pueblo que termina acorralado con hambre.
