La ideología es el disfraz de asociaciones para delinquir
Se ha definido la ideología como «un conjunto de ideas que reflejan una concepción del mundo rígida, codificadas en un cuerpo doctrinal, con el objetivo de establecer canales de influencia y de justificación de sus intereses del grupo que la sostiene.
Estos adoctrinamientos sojuzgan personas a un esquema mental estricto para que realicen acciones fuera de concepciones legales, éticas, morales, únicamente justificadas en la finalidad perseguida por la dirección imprimida por el que dicta esas normas pétreas.
La ideología se ha utilizado para sojuzgar pueblos, robar el patrimonio nacional, beneficiarse con información privilegiada, coludir con empresarios prebendarios, conspirar contra los intereses de la propia nación, acomodar familiares o inútiles por afinidad. Todas acciones cómplices del estupro al dinero privado ajeno.
Analizaremos la ideología, no desde un proceso de análisis de ideas libre, que justamente procura discernir lo falso de lo real, que no lo permiten los que adoran preconceptos estáticos e irreversibles, sino describiendo con precisión un fenómeno que la ciencia política y la economía denominan «Captura del Estado» y «Capitalismo de Amigos» (Crony Capitalism), donde la ideología funciona como un fin en sí misma; como una narrativa de cobertura de “sensibilidad social” para el saqueo de recursos públicos.
Estos pensadores han analizado cómo el poder utiliza «máscaras» ideales para cometer actos de corrupción y despatrimonialización:
• Susan Rose-Ackerman: Una de las mayores expertas en corrupción política. Explica cómo la estructura del Estado es capturada por élites que utilizan la regulación para crear rentas privadas.
• Carlos Nino: En su obra Un país al margen de la ley, analiza la «anomia boba» y cómo la falta de observancia de las normas (muchas veces justificada ideológicamente) destruye la eficiencia económica.
• Robert Klitgaard: Famoso por su fórmula $Corrupción = Monopolio + Discrecionalidad – Rendición de Cuentas$. Sus textos detallan cómo la falta de transparencia en regímenes ideologizados facilita el robo del patrimonio nacional.
• Moises Naím: En Ilícito, describe cómo la «cleptocracia» utiliza las fronteras y las ideologías soberanistas para ocultar el movimiento de capitales robados.
• Daron Acemoglu y James Robinson (ganadores del Premio Nóbel): En Por qué fracasan los países, demuestran cómo las instituciones extractivas (diseñadas para sacar rentas de la población para una élite) suelen disfrazarse de movimientos populares o nacionales.
Países Arrasados por el «Fraude Ideológico»
Aunque el número es difícil de precisar de forma absoluta debido a que es un fenómeno dinámico, diversos informes de Transparencia Internacional y el FMI identifican núcleos críticos donde la ideología ha servido de pretexto para el colapso:
Región Latinoamérica:
En 2026, países como Cuba, Venezuela, Nicaragua y Haití se mantienen en el fondo de los índices de transparencia.
El caso de Venezuela es paradigmático: se estima que cientos de miles de billones de dólares del patrimonio nacional han desaparecido bajo la narrativa de la «soberanía energética».
Región Africana: Países como Zimbabwe y Angola han sufrido décadas de saqueo de recursos naturales bajo retóricas de liberación nacional, resultando en hiperinflación y pobreza extrema.
Impacto Global: Según datos del Foro Económico Mundial, la corrupción cuesta al mundo aproximadamente 2.6 billones de dólares al año (un 5% del PIB mundial).
En países con «fraude ideológico», se estima que las pérdidas en sectores clave como salud y educación son un 30% mayores que en democracias plenas.
El esquema de saqueo requiere una simbiosis entre diferentes actores:
La Élite Política (Cleptócratas): Líderes que utilizan la ideología de la “justicia social”, el carisma y la polarización para desmantelar los controles institucionales (Auditorías, Justicia Independiente).
Empresarios Prebendarios: Aquellos que no compiten en el mercado, sino que obtienen contratos a través de la cercanía al poder, financiando a cambio las estructuras políticas; y los que consiguen que la política restrinja la competencia y “pescan en la pecera” abusando del oligopolio local.
La Burocracia Militante: Familiares, cómplices y amantes, roban recursos colocados en puestos estratégicos (energía, aduanas, inteligencia) para garantizar la impunidad, el lavado del dinero del estupro, y el flujo de información privilegiada.
Intelectuales Orgánicos: Quienes construyen el relato moral y comunicacional, para justificar el ataque a la propiedad privada o el uso discrecional del erario como un «acto de justicia social», mientras la realidad expone que roban hasta a los pobres.
Un dato revelador:
El FMI estima que los gobiernos menos corruptos recaudan hasta un 4% más del PIB en impuestos que aquellos con altos niveles de corrupción, ya que la ideología del saqueo no solo roba lo que existe, sino que impide que la riqueza se genere por falta de confianza.
Hannah Arendt es fundamental para entender el costo bastardo de los ideologismos, ya que fue de las primeras en advertir cómo la ideología no es un conjunto de ideas, sino un mecanismo lógico que sustituye la realidad factual por una «verdad superior».
Para Arendt, la ideología es el veneno que permite que un burócrata común participe en el saqueo o la destrucción sin sentir culpa, proceso que ella denominó la «Banalidad del Mal».
