A laboratory scene where a human figure made of mechanical gears is examined under a microscope, casting a shadow that transforms into a massive state machine in the background.

Ideología, Poder y Corrupción Estatal: El Legado Global del Marxismo en las Estructuras de Dominación

De la crítica a la economía política a la construcción de nuevas ideologías de Estado: un análisis estratégico del fenómeno marxista y sus derivaciones contemporáneas

La mentira de Marx
Marx decía que la ciencia social solo empieza cuando logramos rasgar el velo de la ideología.
Para él todo lo relacionado con la sociedad humana era ideológico, aplicó a la naturaleza ciencia, a través de preconceptos dialécticos: tesis, antítesis, síntesis, que en realidad era una forma hipercrítica cientificista de tratar de subsumir lo humano tal como en su tiempo imponía el desarrollo científico.
Puso a la sociedad en su laboratorio acético, y nos pasó por el cernidor de su patética realidad personal.

La Crítica a la Economía Política
Marx no veía a los economistas clásicos (como Adam Smith) como mentirosos, sino como ideólogos, porque analizaban el intercambio comercial del mercado como si fueran leyes de la naturaleza (como la gravedad), en lugar de construcciones históricas.
La economía política presenta el intercambio de mercancías como algo «natural» a las relaciones de trabajo humanas.
Marx dice que esto oculta la explotación.
El núcleo de su crítica ideológica. “Creemos que los objetos tienen valor por sí mismos, olvidando que ese valor es el resultado del trabajo humano y de relaciones sociales. Tratamos a las cosas como si fueran personas y a las personas como si fueran cosas (herramientas)”.

En realidad, Marx trató de objeto al ser humano. Su desarrollo ideológico lo convirtió en una herramienta de producción, ideologizando que esa herramienta tenía un valor en sí misma. Y que su utilización para conseguir recursos mediante el intercambio era un abuso.
La alternativa que deja Marx es rebelarse contra su generalizada explotación, que es la oportunidad de dignificar la condición humana mediante el trabajo
Su construcción cientificista antihumana e irreal, parte del resultado: el aumento del capital luego de que uno aporta el ahorro convertido en maquinaria, y otro aporta el trabajo del que también recibe parte del capital para vivir mejor,
Como Marx nunca trabajó, ni apostó a dar trabajo como forma de ganarse la vida, le resultaba una explotación, en tiempo en que la primera revolución industrial exhibía la peor cara del trabajo, pero, era muy superior al sacrificio de vivir en el campo al salir de la Edad Media.
Su ideología choca con las naturales diferencias humanas, y en especial, contra el factor que impulsas el desarrollo y crecimiento de cualquier sociedad: el comercio de bienes y servicios.
Marx nunca pudo desentrañar el quantum del factor “valor del trabajo” en un tubo de ensayo independiente del salario. La plusvalía sigue siendo un eufemismo.
Marx dejó abierto ese brutal conflicto entre quienes quieren acceder al mercado de trabajo para superar su condición, y quienes viven de reclamar exigencias salariales, paralizando el mercado del trabajo formal, convenciendo a ambas partes de que son imprescindibles.

Ejemplos Modernos de «Falsa Conciencia»
Si Marx viviera hoy identificaría varios discursos actuales como pura ideología destinada a preservar el sistema:
El haraganismo» y la meritocracia
La Idea: «Si trabajas duro, tendrás más recursos para mejorar tu vida»: “Es una ideología que discrimina el éxito y el fracaso.»
“Si el trabajador no prospera, se culpa a sí mismo («no me esforcé lo suficiente») en lugar de cuestionar si el sistema de salarios es justo”.
Marx fomenta la protesta colectiva generalizando; promueve la acción sindical que vive de los trabajadores formales, multiplica el reclamo, mientras el salario mínimo y superexigencias laborales irreales impiden una oferta laboral formal creciente.

El Consumo como Libertad
La Idea: «Eres libre porque puedes elegir entre 50 marcas de cereales».
La Visión de Marx: Es una distorsión de la libertad. Se nos ofrece libertad en la esfera del consumo para que no reclamemos libertad en la esfera de la producción (donde pasamos 8-10 horas obedeciendo órdenes).
Un concepto ideológico de un vago que vivió en una familia acomodada, vivió de otro, Engels, que a su vez vivió de la fábrica familiar; y nunca fue responsable de sus hijos.
Considerar que trabajar es prescindible conduce a una sociedad estancada y miseria generalizada tal como empíricamente prueba la historia del marxismo aplicado.
Limitar la jornada laboral restringe la humana intención de superar la condición natural del ser humano: la pobreza.
La crítica al consumo viene, no de ascetas, sino de viciosos alérgicos al trabajo, que pretenden multiplicar vagos y reducido el mercado laboral al mínimo de subsistencia.
El consumo es naturalmente sinónimo de esfuerzo y capacidad de sostener un ingreso, además de multiplicar opciones laborales. Es resultado natural de la diversidad de ofertas, la especialización, y la competencia.
Frenarlo, es empobrecer a toda la sociedad sin ninguna alternativa superadora.

El papel de la Violencia y la Revolución
Marx no era un pacifista liberal, pero tampoco un nihilista.
Consideraba que la “fuerza” es el instrumento con el que se abre paso un sistema nuevo, pero solo cuando las condiciones económicas ya están “maduras”.
Esto generó la deformación gramsciana de que hay que acelerar las condiciones deprimentes para que el marxismo caiga como “fruta madura”.
Para Marx, la lucha es legítima no por un deseo moral de «verdad», sino porque el proletariado al liberarse a sí mismo, libera a toda la humanidad de la ideología. Una tautología que únicamente quiso justificar una teoría eternamente inacabada.
Paradójicamente para Marx la lucha contra las ideologías no es un ejercicio intelectual de «quitar un velo» y ya, sino una necesidad histórica.
Aquí es donde la historia se vuelve irónica.
Después que Marx se propuso destruir las ideologías, muchos regímenes totalitarios, y aún no marxistas pero corruptos, utilizaron sus ideas para crear una nueva ideología de Estado como forma de dominación y estupro.
En lugar de liberar la conciencia, impusieron una nueva «verdad oficial» que funcionaba exactamente como la cámara oscura que Marx criticaba: ocultando las nuevas jerarquías de poder y sus abusos.
La paradoja: Si toda idea es producto de su tiempo y de su clase, ¿es el marxismo también una ideología?
Marx diría que no, porque él creía estar haciendo ciencia, no filosofía; es decir, estaba analizando en el laboratorio las leyes “reales” del movimiento del capital; ese que su microscopio intentó infructuosamente exterminar.

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