A quiet home at night overshadowed by an abstract institutional presence symbolizing fiscal and digital control.

NUESTRA DICTADURA DEMOCRÁTICA – Parte 2

Un absolutismo que supera al Rey Sol

Se nos ha enseñado a mirar con horror los siglos de las monarquías absolutas, esos tiempos donde un Rey Sol podía, en un arrebato de magnificencia o aburrimiento, exigir una parte de la cosecha para levantar un palacio.
Sin embargo, la historia tiene un sentido del humor perverso.
Al comparar la «voracidad» de los Borbones con la sofisticada maquinaria fiscal de nuestra era, uno no puede evitar sentir cierta nostalgia por el antiguo régimen.
La Modestia del Pasado vs. La Ambición del Presente
Los monarcas franceses, en la cúspide de su supuesto poder ilimitado, rara vez lograban extraer más del 25% de la riqueza nacional, montando un sistema recaudatorio muy precario y presto a la evasión.
Era un absolutismo perezoso, limitado por la falta de burocracia y, sobre todo, por una pizca de pudor aristocrático.
Sabían que, para que una oveja de lana, primero debe permitírsele vivir.
Hoy, en cambio, hemos perfeccionado un Absolutismo fiscal y tecnológico, donde el Estado no solo es nuestro gobernante, sino nuestro socio mayoritario involuntario.
A través de una red invisible de impuestos directos, tasas indirectas y precios públicos fijados por decreto, la recaudación efectiva nacional y departamental supera con creces cualquier sueño febril de Luis XIV y María Antonieta.
El absolutismo moderno, sin consultar ni pedir permiso, extrae sólo con impuestos y tarifas más del 50% de tu ingreso.
Tiene un control digital de todos tus movimientos de dinero bancarizado, automático, y en tiempo real, restringiendo el derecho de propiedad como nunca pudo hacerlo un gobernante regio.
Todavía no nos aplica el calabozo por la mora, pero si la muerte civil en cuanto te extrae todos tus bienes mediante gravosas multas y recargos, que implica una muerte financiera.

La Confiscación con Nombre de Progreso
Lo que hoy enfrentamos es una expropiación por goteo. Nuestros gobernantes fijan a su arbitrio el valor de lo que poseemos.
No importa el precio de venta de mercado, sino el interés recaudatorio y confiscatorio de acuerdo a las necesidades que democráticamente le concedes al emperador gobernante.
Ya no somos dueños de nuestras propiedades; somos simples usufructuarios que pagan una renta perpetua al Estado para que este nos permita seguir durmiendo bajo nuestro propio techo.
El control sobre el dinero bancarizado ha eliminado la última frontera de la libertad: el anonimato.
Cada moneda que ganamos es rastreada con la eficiencia de un sabueso, y cada multa o recargo actúa como un látigo burocrático que castiga la osadía de querer conservar el fruto del esfuerzo propio.
El Engaño de la Representación
La gran paradoja es que este absolutismo moderno se ejerce en nombre de la voluntad popular.
Hemos cambiado un Rey que decía «El Estado soy yo» por un sistema que nos dice «El Estado eres tú», mientras mete la mano en tu bolsillo con una profundidad que ningún monarca se habría atrevido a intentar por miedo a la guillotina.
Si la Vesania de aquellos tiempos era la locura del poder individual, el Engaño de los nuestros es la creencia de que somos libres mientras firmamos formularios que transfieren nuestro patrimonio a una entidad que fija el precio de nuestra existencia.

Para comentar, primero necesitás iniciar sesión. Si todavía no tenés cuenta, creala en un minuto y quedás habilitado para comentar.
Crear cuentaIniciar sesión

Leave a Comment

Scroll to Top