La adhesión que nos deja pegados a los asesores más caros del mundo
UN GASTO INNECESARIO
La adhesión que nos deja pegados a los asesores más caros del mundo
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
La OCDE, para Uruguay, es como recurrir a una nutricionista cara, luego que te dieron la receta de todos tus males analistas locales sin costo, que te cobra por darte una receta que dice que eres un obeso mórbido, te exige un estricto régimen para adelgazar en 15 días, y un ejercicio de 24 hs en cinta eléctrica, para que intentes correr 5 k en los próximos 10 días, y vuelvas a frustrarte porque no lo lograste.
Y en la próxima visita de control, te cobra otro tanto más por medirte, decirte que estás peor que los atletas consagrados, de acuerdo a una tabla que te había dado el médico local gratuitamente, y tiraste al retrete.
La pregunta es porqué se insiste en ingresar a esta organización sin haber hecho los deberes que los especialistas nacionales vienen gritando durante años, con un exitoso fracaso de ser atendidos por el sistema político.
Ensayemos, en el marco de la libertad de pensamiento, alguna posible mala intención:
El manual del camaleón tecnócrata: De panelista de estudio a geronte de organismos internacionales
Ah, bendita sea la patria y sus entrañables crisis, siempre tan prolíficas en gestar a esa elite iluminada que nos salva de nosotros mismos.
Hablamos de esa estirpe superior de consultores, panelistas y tecnócratas de sobremesa que, con la precisión de un reloj suizo y la flexibilidad moral de una caña en plena tormenta, logran la proeza más difícil de la física moderna: volverse del partido ganador exactamente un segundo y cuatro décimas después de que se confirma el resultado electoral.
Olvídese del viejo militante de base que reparte listas bajo la lluvia y cree en las listas sábana partidarias; el verdadero héroe de nuestro tiempo usa mocasines sin medias y desprecia con elegancia el subdesarrollo local mientras descansa de las tensiones del último partido de golf en el Country.
Anatomía del saltimbanqui ilustrado
El timing perfecto: Su antena para detectar hacia dónde corre el viento es infalible.
Si la tendencia marca un cambio inoportuno de los resultado por él pronosticados, él ya está redactando en su mente un hilo de X (ex Twitter) titulado: «Era por ahí, la autocrítica que no nos dejaron hacer».
La alergia al barro: Detesta el comité, la sede partidaria y el olor a choripán. Para él, la política local es un zoológico poblado por «simios dialécticos» que discuten por presupuesto mientras él calcula en euros la consultoría que le firmará la OCDE.
El relato de la «eficiencia técnica»: No importa si ayer asesoraba al especulador sobre la renta sobre el ajuste neoliberal y hoy al estatismo social rampante; para él, los números no tienen ideología, tienen comisiones.
Lo importante es que el modelo macroeconómico cierre… y su cuenta bancaria engorde.
La ruta consagratoria: Del despacho al Lago di Como
Soportar las interpelaciones legislativas de esos «feroces gatitos que se disputan un mango» es el calvario temporal que el destino le impone al elegido.
Pero todo sacrificio tiene recompensa.
Después de un par de conferencias de prensa donde recita de memoria los manuales y métricas de la OCDE —convencido de que un burócrata en París sabe cuántas veces al día come un compatriota suyo que apenas llega al 15 mejor que nadie—, llega el premio mayor.
El retiro dorado no se financia solo: se necesitan años de pulir sonrisas culposas en cócteles diplomáticos, viajes a New York (New York) hasta que caiga esa gerencia regional en un organismo multilateral. Los bilaterales son para el pichaje.
Porque, seamos francos, ¿qué mejor manera de redimir el sufrimiento patriótico que pasar los últimos años de su vida tomando un Nespresso frente al Lago Lemán, disfrutando el chalé incluido con los jugosos viajes a paraísos (fiscales) o buenos hoteles de la sufrida «asistencia técnica al desarrollo»?
Al fin y al cabo, como bien dice la “gilada” desde abajo: el séptimo círculo del infierno es mucho más cómodo si tiene aire acondicionado central, una buena piscina climatizada, y categoría de «funcionario internacional».
Que los viejos del Comité sigan discutiendo de soberanía; los verdaderos patriotas sabemos que la patria real tiene código IBAN y cotiza en moneda dura. Salú.
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