Symbolic image representing the collapse of political leadership and institutional decay in Latin America

El colapso del liderazgo populista en América Latina

Casos emblemáticos de gobiernos ideológicos, corrupción estructural y destrucción institucional en el Cono Sur

Inservibles que marcaron el destino inexorable de sus votantes
Alberto Fernández (Argentina)
Dejó a Argentina con inflación de precios superior al 211%, tasa de pobreza que superó el 50%, y una parálisis económico-política que presagiaba una catástrofe social y económica.
Su conflicto interno con la vicepresidenta Cristina Kirchner, que lo puso a dedo como candidato, lo expuso como inservible para organizar otra orgía de corrupción como la de ella.
Su mandato terminó salpicado por gravísimas denuncias judiciales, a las que, como siempre, no exhiben prueba en contrario, sino la apelación permanente a una fábula persecutoria.
Las anécdotas «viva la fiesta» (Olivosgate), da cuenta que, mientras el presidente dictaba por decreto una de las cuarentenas más estrictas y largas del mundo por el COVID-19 —prohibiendo incluso urgencias médicas, velorios y reuniones familiares—, se filtraron fotos de la celebración del cumpleaños de la “primera concubina” en la Quinta de Olivos.
En la foto se veía al presidente cenando con un grupo de no autorizados, sin mascarillas ni distancia, mientras el resto del país estaba encerrado bajo amenaza de arresto.
En un intento de parecer intelectual ante el presidente español Pedro Sánchez, Fernández soltó una frase que fue tildada de racista y ridícula a nivel internacional: «Los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos (de Europa)».
Ridículo hasta para citar las referencias, pidió públicas disculpas que se repudiaron como provenientes de un bufón.
La filtración de videos grabados por él mismo en el despacho presidencial (la Casa Rosada) con una artista tomando cerveza en el sillón de Rivadavia, se suman a denuncias de violencia de género de su expareja embarazada, que terminó durmiendo en la casa de huéspedes.
Su legado se hunde en el terreno de lo grotesco y lo intolerable.
Si sumamos a Fernández al grupo anterior, podemos ver un patrón de líderes desconectados de la realidad, que exigen sacrificios, mientras ellos operan bajo sus propias reglas de ausencia moral.
Cristina Fernández de Kirchner (Argentina)
Fue condenada a 6 años de prisión por fraude al Estado en la obra pública (causa Vialidad) e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos; enfrenta 12 causas penales más que la hacen pasear con pulserita electrónica por los tribunales.
La anécdota intolerable: 
El episodio de los «Bolsos de López».
Su secretario de Obras Públicas, José López, fue capturado in fraganti lanzando bolsos con 9 millones de dólares en efectivo, relojes de lujo y un fusil automático por encima de la tapia de un “convento” de monjas en plena madrugada.
Aunque ella negó relación alguna, para la sociedad fue la prueba filmada del saqueo.
El factor común: Odebrecht
Casi todos estos líderes (especialmente brasileños y peruanos) aparecen en el complejo esquema de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, que funcionó como una «Caja B» para comprar voluntades con coimas en todo el continente.
Tan fascinante como trágico, expone que la realidad supera por goleada a la ficción. 

José Mujica, requiere un tratamiento especial para desarticular un engaño mundial que lo presentó como una vida “suprema”, y, fue un caso patético.
El “presidente más pobre” fue un actor protagónico amante de entrar a un banco con una 45, oportunamente encarcelado por delincuente, que alcanzó el gobierno, exponiendo la convicción ideológica por encima de la racionalidad.
Hablar de la gestión de José Mujica (2010-2015) implica navegar en un gran engaño político simbólico y una serie de proyectos estatales que, en la práctica, resultaron pérdidas millonarias para la sociedad uruguaya.
Cierre de PLUNA y el «Aval de Cosmo»
Tras la salida del socio privado de la aerolínea estatal (Leadgate), el gobierno decidió liquidar la aerolínea de bandera en 2012.
La subasta de los aviones terminó en escándalo judicial, por un aval bancario multimillonario ilegal otorgado a la empresa Cosmo en trámite “urgente” por el presidente del Banco público, posteriormente condenado por abuso de funciones.
El ciudadano uruguayo tuvo que hacerse cargo de unos USD 300 millones y enfrentar juicios internacionales que han obligado a Uruguay a pagar cifras adicionales a ex inversionistas.

La Regasificadora (Gas Sayago)
Un proyecto público inviable, que requería incorporar el consumo argentino (en esa época insolvente) para instalar una planta de regasificación que nunca se concretó.
Se gastaron millones en consultorías, sueldos de directivos de una empresa que no producía nada, salvo el «piloteado» en el agua como esqueleto del desastre.
Se estima que los uruguayos perdimos 300 millones en este proyecto absurdo.

El Fondes (Fondo para el Desarrollo)
Mujica impulsó el uso de las utilidades del Banco República (público) para financiar empresas “recuperadas” del desahucio por sus trabajadores.
“Velitas al socialismo” que sopló la realidad.
Empresas, como Alas U (sucesora forzada de PLUNA), Envidrio o Pressur, no devolvieron JAMÁS los “préstamos” tirados a pérdida.
Más de USD 70 millones en proyectos que terminaron en quiebra y deudas incobrables.

Ancap y la Capitalización Histórica
Durante el período de Mujica (bajo la dirección Sendic) se realizaron inversiones masivas que sumaron otro déficit operativo severo a elector errante.
En 2016 el Estado (los nabos de siempre) tuvo que capitalizar en USD 622 millones y condonar una deuda de otros USD 250 millones a cargo de Rentas Generales para evitar el colapso del ente.
Mujica ha defendido estas acciones bajo la premisa de «apostar al trabajo» y a la «soberanía productiva», argumentando que en política a veces se corre el riesgo de perder dinero para intentar salvar fuentes laborales.
En el marco de la concertación ideológica, profundizó los vínculos con los bolivarianos autoritarios, y con Lula.
No solo fueron ideológicos o de «amistad verdadera», como los definió Mujica, sino una estructura de negocios binacionales que dejaron el tendal de deudas impagas y proyectos bajo sospecha fundada de corrupción.
El «Fideicomiso de la Deuda»
Bajo la consigna de «complementariedad», se estableció un esquema de intercambio de petróleo por alimentos.
Durante el final del mandato de Mujica y el inicio del de Vázquez, el gobierno venezolano dejó de pagar a productores uruguayos (principalmente lácteos como Conaprole y Pili).
El contribuyente uruguayo tuvo que “intervenir” para «paliar» deudas que superaron los USD 100 millones.

La deuda de Ancap con PDVSA:
Uruguay acumuló una deuda enorme por la compra de crudo “cómodamente” financiado.
Aunque se realizaron cancelaciones anticipadas con quitas (un pago de USD 262 millones en 2015), esos fondos se desviaron hacia proyectos locales de dudosa calaña (como ALUR), contribuyendo al agujero financiero de ANCAP (un monopolio público).
Se cuestionó duramente la intermediación de empresas «amigas» del gobierno (como “Aire Fresco”) que cobraba una comisión de entre el 2% y el 3% por cada exportación.
Al ser un acuerdo entre Estados (el Fideicomiso), la presencia de un intermediario privado «compañero» resultaba injustificada.
Se estimó que la empresa facturó millones de dólares en comisiones sin tener infraestructura logística real.
Un esquema que terminó en comisiones investigadoras parlamentarias por presunto favor político e interés corrupto.

El Fideicomiso en el BANDES
Se creó un fondo donde Uruguay depositaba el pago del petróleo de PDVSA, y ese dinero se usaba para pagarle a los exportadores uruguayos.
La investigación señaló que el gobierno de Mujica permitía que se eligiera «a dedo» qué empresas exportaban, y cuáles cobraban primero del fideicomiso.
Cuando el dinero en el fideicomiso se agotó por la crisis venezolana, el Estado uruguayo se quedó con las pérdidas.
El caso de las exportaciones de pollo (Dienst S.A.)
Uno de los puntos más oscuros fue el envío de toneladas de pollo a Venezuela.
Se pagaron sobreprecios muy por encima del mercado internacional de hasta el 50% con dinero del fondo estatal.
Cuando el flujo de dinero de Venezuela se cortó, el Estado uruguayo terminó otorgando salvatajes a las empresas avícolas locales que no habían cobrado, absorbiendo un negocio que hizo millonarios infames.
La investigadora parlamentaria terminó con informes divididos:
El Partido de Mujica: Dictaminó que no hubo irregularidades legales; que se trató de un esfuerzo por mantener el mercado venezolano abierto para los productores locales.
La Oposición: Denunció un «capitalismo de amigos» y envió las actas a la Justicia Especializada en Crimen Organizado.
El caso se cerró sin procesamientos bajo el argumento de que las decisiones, aunque «éticamente cuestionables» o «desprolijas», se amparaban en acuerdos “discrecionales” entre presidentes.
El resultado no fue solo el dinero que se dejó de cobrar, sino el costo de oportunidad: Uruguay dejó de buscar mercados más estables por priorizar la relación ideológica con el chavismo.
Cuando Venezuela colapsó, las deudas (especialmente en el sector lácteo) sumaron más de USD 100 millones, de los cuales, eufemísticamente, el Estado uruguayo, tuvo que hacerse cargo mediante subsidios y refinanciaciones para evitar el cierre de más tambos.

Envidrio es quizá el ejemplo más gráfico de cómo se mezclaron la ideología, el dinero de la gente en la era Mujica.
Fue la «niña bonita» de autogestión; terminó en un caso de irregularidades laborales y financieras graves.
Envidrio surgió tras el cierre de Cristalerías del Uruguay, bajo el modelo de empresa “recuperada” por sus trabajadores.
Fue la empresa que más fondos recibió del FONDES (Fondo para el Desarrollo) por un total de USD 11.5 millones.
Desde el inicio, los informes técnicos advertían que la planta no era competitiva frente a gigantes regionales, pero Mujica siguió inyectando capital.
Uruguay le enviaba leche y alimentos a Venezuela, y Venezuela le enviaba a Envidrio maquinaria e insumos para fabricar botellas que vendía al mercado venezolano a precios preferenciales.
Cuando Venezuela dejó de pagar y de enviar insumos, la empresa quedó sin mercado demostrando que no podía competir sin el «paraguas» ideológico.
En 2018 se denunció que, mientras la empresa figuraba sin actividad oficial y sus trabajadores cobraban el seguro de paro (pagado por todos los contribuyentes a través del BPS), los empleados eran obligados a ir a la planta a trabajar en negro para mantener la maquinaria y cumplir con pedidos menores.
Los audios filtrados del entonces diputado Daniel Placeres (quien tenía su oficina dentro de Envidrio y era “hijo” predilecto de Mujica), mostraban cómo se presionaba a los trabajadores para realizar estas tareas irregulares.
En 2019, el diputado Daniel Placeres renunció a su banca, fue procesado sin prisión por conjunción del interés personal y del público, ya que votaba leyes para rescatar el desastre de “su” empresa.
La deuda incobrable es de USD 11,5 millones perdidos por el FONDES.
Ante el fracaso de Envidrio y el FONDES fundido, Mujica dijo: «el FONDES era una timba para los trabajadores», reconociendo que el riesgo de pérdida de esos recursos públicos era total desde el inicio.

El Vínculo con Lula y el «Caso OAS» (Conexión Lavajato)
Aunque Odebrecht no tuvo el peso que tuvo en otros países, el esquema de las constructoras brasileñas vinculadas al escándalo del Lavajato tocó a Uruguay a través de la empresa OAS, muy cercana a Lula da Silva.
Se documentó que Lula viajó a Montevideo en 2013 en una misión privada (financiada por constructoras) para interceder ante Mujica a favor de empresas brasileñas para la obra de la Regasificadora (Gas Sayago).
A pesar de que OAS no tenía la mejor calificación técnica ni financiera, se le adjudicó parte de la obra civil; calificado como una «adjudicación política» resuelta en tiempo récord.
Cuando estalló el escándalo de corrupción en Brasil, OAS colapsó, dejando las obras de la regasificadora tiradas.
Los uruguayos perdimos cientos de millones de dólares en una infraestructura que hoy es chatarra y enfrenta litigios internacionales.
La postura antiética del viejo ex guerrillero Mujica frente a la corrupción de sus aliados, se cuenta en su biografía “Oveja Negra”.
El Mensalão (el esquema de sobornos de Lula a los parlamentarios): «A veces, ese es el precio infame de las grandes obras».
Mujica ha muerto, pero su anarquismo inservible pervive causando daño productivo y social.

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