Starry night sky forming a subtle geometric structure above an ancient stone tablet symbolizing universal order.

Elohim, Ley Natural y Orden Universal. Una relectura estratégica del fundamento bíblico en clave contemporánea

Reflexión filosófica sobre el concepto de Dios en la tradición judeocristiana y su posible interpretación como expresión de Leyes Universales

¿Y si una de las palabras más influyentes de la historia de la humanidad no estuviera mal traducida, pero sí incompletamente comprendida?
Elohim.
Con ese término comienza el Génesis.
Con esa palabra se edificaron culturas, se sostuvieron imperios, se inspiraron santos, rabinos y reformadores.
La hemos traducido como “Dios”.
Pero el hebreo conserva un matiz inquietante.
Elohim es plural.
No es un detalle menor.
Es una invitación a pensar.
Este ensayo no pretende desmontar la fe ni sustituir tradiciones vivas.
Tampoco pretende convertir la Biblia en un tratado científico.
Propone algo más simple y más profundo.
Explorar si, detrás del lenguaje simbólico de las Escrituras, Elohim podría expresar la totalidad de las Leyes Universales que estructuran el cosmos y la conciencia.
No como negación de lo divino.
Sino como ampliación de su comprensión.
Creación como orden
El relato del Génesis no describe un arrebato caprichoso.
Describe un proceso de ordenamiento.
Separar.
Distinguir.
Establecer límites.
Nombrar.
El caos se vuelve cosmos cuando aparecen leyes.
Si Elohim fuera entendido como la totalidad de esas Leyes Universales, la Creación no sería un acto voluntarista externo, sino la manifestación progresiva de un orden inherente.
“Y vio Elohim que era bueno” podría leerse como constatación de armonía estructural.
La grandeza del texto no disminuye.
Se vuelve sorprendentemente contemporánea.
La ética como alineación
En esta perspectiva, el pecado deja de ser solo ofensa.
Se convierte en desajuste.
No hay necesidad de imaginar ira divina para comprender la consecuencia.
Toda ruptura del orden produce fractura.
El judaísmo ha entendido la Torá como enseñanza que orienta hacia la plenitud.
El cristianismo ha hablado de ley natural inscrita en la conciencia.
Ambas tradiciones reconocen que existe un orden moral objetivo.
Leer a Elohim como Ley Universal no destruye esa convicción.
La refuerza.
La moral deja de percibirse como imposición externa.
Se revela como descubrimiento de principios estructurales que operan más allá de nuestras preferencias.
La dimensión personal
Aquí surge la cuestión decisiva.
Si hablamos de Leyes, ¿dónde queda el Dios que ama, escucha y perdona?
Tal vez la pregunta parta de una falsa oposición.
El ser humano necesita lenguaje relacional para vincularse con lo trascendente.
La personificación puede ser una forma elevada de comprensión simbólica.
Hablar de Dios como padre o juez no implica ingenuidad.
Puede ser la manera en que la conciencia traduce el orden universal en experiencia viva.
Quizás el Dios personal y la Ley estructural sean dos niveles de aproximación a una misma realidad.
Orden y construcción interior
Si el universo está sostenido por leyes que no dependen de nuestro capricho, la libertad no desaparece.
Se redefine.
No es la capacidad de desafiar impunemente el orden.
Es la capacidad de comprenderlo y armonizarse con él.
La espiritualidad deja de ser repetición mecánica y se convierte en construcción interior.
En búsqueda consciente de coherencia con el orden que nos precede.
Origen espiritual de las Escrituras
Esta lectura permite considerar que las antiguas Escrituras surgieron de una experiencia profunda de descubrimiento.
El ser humano antiguo observó regularidades en la naturaleza.
Percibió consecuencias morales.
Intuyó una estructura invisible que sostenía la vida.
Lo expresó en lenguaje simbólico.
Nombró esa totalidad como Elohim.
Que luego las instituciones hayan instrumentalizado los textos para consolidar poder no invalida su posible origen genuinamente espiritual.
La instrumentalización histórica no agota la fuente.
Conclusión
¿Es Elohim un Dios personal que establece leyes?
¿O es la expresión simbólica de las Leyes Universales que el ser humano personificó para relacionarse con ellas?
Tal vez ambas dimensiones convivan.
Tal vez la conciencia oscile entre vínculo y estructura.
Lo cierto es que esta lectura no empobrece la Biblia.
La actualiza.
Invita a comprender que la espiritualidad auténtica no consiste en sumisión mental, sino en alineación consciente con el orden que sostiene la vida.
Y eso, para creyentes, buscadores y constructores de sentido, sigue siendo profundamente relevante.

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