Dimly lit world map with three brightly illuminated power centers and smaller nations in shadow.

El nuevo orden mundial pos-Yalta: realismo estratégico y crisis del Derecho Internacional

Uruguay frente a la reconfiguración del poder global y la pérdida de influencia de la ONU

EL MUNDO HA CAMBIADO
Y existen personas que no se dan cuenta o no quieren hacerlo.
El mundo surgido en Yalta y Potsdam, seguido por la Guerra Fría, ha cambiado.
Como todo suceso universal importante tardó algún tiempo para que ello aconteciera y más para que quienes vivimos en los barrios alejados del Centro nos diéramos cuenta.
Para algunos el cambio ha sido para mal, para otros para bien, cada uno lo ve según el cristal con que lo observa, pero parece bastante claro que ha existido un sinceramiento y que países tales como Uruguay, Irlanda, Luxemburgo, Bulgaria o Túnez poco pueden influir en los grandes conflictos.
En realidad nunca influyeron pero se hacía la comedia “pour la gallérie” .
No, ahora las cosas son nítidas.
Estados Unidos, China (en ascenso) y Rusia (tratando de mantener las joyas de la abuela) son las superpotencias tanto por sus enormes arsenales militares como por su cantidad de habitantes y sus recursos naturales.
Hay otros en un segundo plano, como el Reino Unido y sus “acólitos” de siempre como Canadá, Australia y Nueva Zelanda así como la Unión Europea, que no es un solo país pero que en su seno mantiene a una Francia como potencia atómica y a una Alemania que es su motor económico.
Tampoco hay que olvidar a Japón, gran aliado de Estados Unidos en Extremo Oriente y que a juicio de quien esto escribe debería dotarse de armamento nuclear, al menos de carácter táctico, ante la cercanía con China y dejar de seguir escudándose en el paraguas norteamericano, ya que la capacidad tecnológica para ello la tiene y según algunos expertos en un plazo de un año podría formar parte del selecto club atómico.
Y hay un tercer nivel, integrado por India, Pakistán y quizás Irán, que está dando dolores de cabeza pero que se encuentran lejos de los anteriores, especialmente de los primeros.
¿Y qué hacemos con la autodeterminación, la Organización de las Naciones Unidas o el Derecho Internacional Público?
Hay que defender la autodeterminación, por supuesto, pero básicamente con alta diplomacia o incluso alta finanza.
Por algo Suiza salió indemne de dos guerras que la rodearon totalmente aunque como es lógico que eso no se logra mandando a China una delegación de bastante más de cien personas casi simultáneamente cuando Estados Unidos nos cancela las visas para residir permanentemente allí.
Más comentarios huelgan.
Respecto de la ONU basta decir que desde su creación en 1945 hasta la fecha participó en un solitario conflicto caliente, esto es, bélico, en…una sola oportunidad, la guerra de Corea.
En Indochina, la crisis de Suez, las varias guerras árabe-israelíes, la invasión de Hungría y después de Checoslovaquia por la URSS o la guerra del 2003 en Irak ante la supuesta y falsa existencia de armas químicas o atómicas y muchos casos más, hizo mutis por el Foro.
Ni hablar de que en la guerra de Ucrania, el conflicto de Gaza, los bombardeos a Teherán y en la extracción del hombre que hablaba con un pajarito, ni estuvo ni se le esperó.
Pero….eso sí, paga suculentos salarios a una burocracia internacional que en muchísimos casos sobra.
Y finalmente tenemos el Derecho Internacional Público.
Mal que les pese a los especialistas en esta materia y sin ningún tipo de ofensa, es dudoso que exista.
¿Por qué?
Por la simple razón de que carece de la coerción, entendida como la posibilidad del uso de la fuerza, sin la cual es difícil que el Derecho, así, en general, exista.
Y esto para no hablar directamente de la coacción que es el efectivo uso de la fuerza.
Todo lo mencionado es muy probable que no guste a muchos pero resulta un baño de realidad inevitable.
Y en lo atinente a Uruguay debe retomar el prestigio que tuvo décadas atrás con grandes ministros de Relaciones Exteriores en la casona de la Av. 18 de Julio esquina Cuareim.
Lo que hay hoy… omissis…

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