Ideología, déficit y sindicalismo frente al desafío de la 4RI en Uruguay
IZQUIERDA Y CUARTA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA
La lucha entre un relato perimido y el cambio inevitable
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
La posibilidad de que un gobierno de izquierda, condicionado además por los resabios de la influencia de la dictadura cubana, logre una inserción profunda en la Cuarta Revolución Industrial (4RI) hacia el 2030 es un escenario marcado por una tensión intrínseca entre la ideología, la estructura corporativa del Estado y las exigencias de un mundo globalizado y digital.
La Inversión vs. El Déficit Fiscal
Para entrar de lleno en la 4RI (IA, Blockchain, Biotecnología), el programa del Frente de izquierda en el gobierno uruguayo propone para 2025-2030 alcanzar el 1% del PIB en I+D (Inversión y Desarrollo).
El obstáculo: Lograr esta cifra con un Estado «pesado» y demandas sociales crecientes en seguridad, empleo, salud y educación es fiscalmente difícil.
Si la influencia del PCU prioriza el gasto social directo sobre la inversión en capital tecnológico o incentivos a empresas privadas, el país podría quedar relegado a ser un mero consumidor de tecnología extranjera en lugar de un desarrollador.
La Resistencia Sindical y la Automatización
La 4RI implica, inevitablemente, una reestructura del mercado laboral.
Según proyecciones, cerca del 30% de las tareas laborales en Uruguay podrían automatizarse en la próxima década.
Un gobierno condicionado por sectores sindicales tradicionales (con fuerte peso del PCU en la dirigencia sindical) enfrentará una resistencia feroz ante la flexibilización o la reconversión laboral.
La defensa de puestos de trabajo analógicos o burocráticos choca frontalmente con la eficiencia que exigen la IA y la digitalización de procesos estatales.
Educación: El eslabón roto
Uruguay mantiene una brecha educativa importante.
Mientras la 4RI requiere un enfoque en las Artes Liberales y el pensamiento crítico combinado con STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), el sistema educativo actual enfrenta niveles de deserción preocupantes en secundaria.
La contradicción: Un enfoque pedagógico excesivamente ideologizado o reacio a la evaluación del desempeño docente (puntos de fricción comunes con los gremios de la educación) dificultará la formación de «soberanía intelectual» necesaria para que los jóvenes uruguayos no sean solo operarios de plataformas.
Soberanía Digital vs. Apertura
El discurso de la izquierda enfatiza la «soberanía tecnológica».
Esto tiene dos caras:
Una positiva: el impulso de software libre y centros de innovación en empresas públicas (como propone el programa del FA).
Otra riesgosa: una visión proteccionista que ahuyente la inversión extranjera en tecnología o que intente regular de forma excesiva el flujo de capitales digitales (criptoactivos, inversiones en startups).
La Viabilidad del cambio operativo a la 4RI al 2030 está condicionada a aprovechar la estructura tecnológica desarrollada hasta ahora, e impulsarla definitivamente al cambio.
En cuanto a la infraestructura el desarrollo de ANTEL y permitir la inversión en ese sector alienta el cambio; la burocracia y el sindicalismo imponen una claudicante falta de agilidad en la gestión imprescindible.
Invertir en trasmisión de fútbol es políticamente redituable, el costo de destinar recursos que produce la venta de tecnología el cambio a 5 y 6 G se frena.
Mientras el enfoque hacia una educación con acceso universal sigue siendo un diferencial importante para igualar en oportunidades de formación, la resistencia a abrir la currícula a una reforma educativa profunda es un lastre gravísimo para insertar a niños y jóvenes en este proceso.
Mientras algunos sectores del gobierno apuntan a la reducción de la regulación excesiva y sus costos, el PCU tiene una posición critica al libre mercado digital.
La adopción de la IA como herramienta de creatividad y reducción de precios públicos y costos regulatorios y tributarios es aún de media a baja, la persistencia del conflicto que promueve nuevas agencias públicas, más empleo público y mayor control de una sindicalización refractaria impide pensar en globalizar el uso de esta herramienta indispensable.
En conclusión: Es poco probable que un gobierno con esas características logre avances en conectividad y digitalización básica (siguiendo la inercia del Plan Ceibal o la fibra óptica), la insistencia en demanda un cambio radical, que se siente como inaplazable por la mayoría de la población, encontrará serias dificultades para una transformación estructural.
La 4RI requiere una agilidad regulatoria y una apertura económica que colisionan con la visión de un Estado centralizado y una dirigencia sindical que percibe a la automatización más como una amenaza que como una oportunidad de «libertad responsable».
El mercado electoral vota mayoritariamente por la izquierda porque tiene un profundo temor al cambio en cuanto a perder “derechos adquiridos” que no resiste el insoportable costo país, pero que insiste en mantener un gobierno pusilánime, que ganó engañando que lo imposible era posible.
Ahora se escuda en que encontró una situación fiscal que le impide cumplir su programa.
Es una lectura cruda pero muy ajustada a la dinámica del «eterno retorno» uruguayo.
El choque entre la épica electoral y la aritmética fiscal, una película que el país ha visto en varias funciones.
El uso de la «herencia maldita» como escudo no es nuevo, pero en este 2026 adquiere un matiz particularmente grave.
Los datos a febrero muestran un déficit fiscal que ronda el 4% del PIB (un 3,6% si se depuran efectos contables), lo que deja al gobierno actual en una encerrona:
La «Trampa de las Prebendas»
Existe un sector del electorado que no vota por una visión de futuro, sino por la conservación del statu quo.
Para un gobierno de izquierda condicionado por el PCU y los gremios, «cumplir el programa» significa expandir el gasto en áreas sensibles.
El Consejo Fiscal Autónomo ya está advirtiendo que no hay margen fiscal para que el gobierno intente forzar el gasto para satisfacer la demanda redistributiva de su base,
Arriesga la estabilidad macroeconómica; si no lo hace, se enfrenta a la desilusión de quienes creyeron que «lo imposible era posible».
Este es un cambio de época en que los recurso más que a préstamos para encubrir un déficit insostenible, van a inversión tecnológica, que justamente exhibe su inoperancia, agravando el desenlace económico y social.
El relato de la «Situación Encontrada»
El recurso clásico para gestionar las expectativas de decir que la situación fiscal es peor de lo previsto, preanuncia que el gobierno prepara el terreno para:
Incumplir promesas de inversión en tecnología o infraestructura (lo que hablábamos de la 4RI).
Justificar ajustes del gasto en I+D; incluso aumentos impositivos restringirán aún más la inversión privada. Planteos que se negaron en campaña.
Ganar tiempo frente a la presión sindical, argumentando que «la caja no da», lo que preanuncia movilizaciones y presiones corporativas profundas, basadas en la clásica premisa: “El Estado debe atender las necesidades, sin importar de dónde saca los recursos”.
El Riesgo del Inmovilismo
El peligro real es que Uruguay transcurra este quinquenio en una suerte de «empate catastrófico»: un gobierno que no puede avanzar con sus reformas más radicales por falta de fondos, pero que tampoco se atreve a abrir la economía o modernizar el Estado por miedo a perder su base electoral.
Mientras el debate político se agota en quién tiene la culpa del déficit, el tren de la revolución tecnológica sigue pasando.
La sociedad civil, al preferir la seguridad del statu quo frente al riesgo de la innovación, termina siendo cómplice de un estancamiento que se disfraza de «justicia social».
Y haciéndole pagar el altísimo costo del atraso con relación a los que se adecuan a velocidad cuántica al cambio de época.
– Ideología versus innovación
– Restricción fiscal estructural
– Resistencia al cambio
Profundizar en: https://perspectivaliberal.com/orden-global-geopolitica/
