Cracked hourglass with sand falling over small Israeli and Uruguayan flags, symbolizing political pressure and limited time

El arma secreta cuando ya no queda margen

De Israel a Uruguay, la lógica del límite revela cuándo la política deja de ser opción

EL ARMA SECRETA
Cuando la realidad se impone a la voluntad
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Hay una historia que el expresidente estadounidense Joe Biden ha contado muchas veces a lo largo de los años sobre su primer viaje a Israel.
En 1973, cuando era senador novato, a Biden se le concedió una reunión con la primera ministra Golda Meir, quien, junto con Yitzhak Rabin, informó a Biden sobre las numerosas amenazas a las que se enfrentaba Israel, mostrándole una serie de mapas.
«Supongo que notó mi aprensión», dijo Biden relatando la historia en 2010.
«Me dijo: «Senador, no se preocupe tanto… Los israelíes tenemos un arma secreta».
Y yo pensé que solo me lo había dicho a mí, a nadie más en el mundo…
Y pensé que me iba a hablar de una nueva arma secreta».
Entonces, ¿cuál es el arma secreta de Israel?, preguntó Biden con entusiasmo.
—No tenemos adónde ir —respondió Golda.
En 2026, cuando los israelíes viajan por el mundo y alcanzan el éxito en una amplia gama de campos, cuando la tecnología y la globalización hagan que un segmento amplio, pero privilegiado, de la población mundial sienta que tiene el mundo en sus manos, algunos podrían pensar que esa afirmación es un anacronismo.
Sin embargo, las palabras de Golda siguen siendo tan relevantes hoy como siempre.
“Nosotros, el pueblo judío, no tenemos adónde ir”.
Los israelíes y la gran mayoría de los judíos del mundo que sienten una fuerte conexión con Israel ya lo sabían, por supuesto.
Basta con caminar por las calles de Israel y preguntarle a cualquier transeúnte si cree que estaría vivo hoy si no existiera Israel.
Colocar a cualquiera en situación límite lo hace defenderse, salvo que haya sido reducido a dejar de ser humano y pasar a ser un animal al que el miedo le consumió el alma.
En otro orden de cosas, pero también lacerante, hay pueblos que van permitiendo que los usen, que abusen de su buena fe, que los desgasten con mentiras, que los quieran someter al designio avieso de un grupo de terroristas que usan al Estado, a la democracia y a la supuesta libertad de elección como una escalera hasta llegar a apoderarse de todo.
Incluso de los recursos ajenos, la producción, los bienes legítimamente conseguidos, la fuerza de trabajo, hasta cooptar la vida misma.
Cuando se está en el límite de ese abuso “democrático”, y no se quiere dejar librado el lar a semejantes ladrones de la vida ajena, hay un arma secreta.
Exigir un cambio radical.
Cumpliendo con la Constitución, recuperar la libertad de vivir en un país justo, equilibrado, solidario sin confiscaciones. Recobrar el control de la gobernanza por los que aspiran a vivir en paz.
Recuperar el derecho a vivir sin pedir permiso.
Sin estar escrutado por cada acto, por cada peso propio, por cada pensamiento, por cada decisión de hacer lo que es constitucional, lo que resuelve el soberano.
Cuando un país siente que está a punto de perder sus derechos naturales a manos de quienes detentan circunstancialmente el poder, tiene un arma secreta.
El panorama actual de Uruguay presenta una encrucijada compleja donde convergen factores externos volátiles y rigideces estructurales internas.
Para evaluar el «margen» de maniobra antes de una crisis, es necesario desglosar cómo estos elementos están presionando la caja del Estado en 2026, que está en manos de quienes están dispuestos a profundizar el ahogo económico y social para cumplir un plan que dirigen desde afuera cuatro ladrones que han hecho sus patrias invivibles.
La guerra en Medio Oriente para terminar con la amenaza de que el terrorismo disponga de armas nucleares ha disparado el Brent por encima de los 116 USD, lo que impacta directamente en el Precio de Paridad de Importación (PPI).
El gobierno enfrenta la presión de absorber parte del aumento para no trasladar un 13% en naftas y 44% en gasoil al consumidor, lo que deterioraría el resultado de las empresas públicas (que suelen aportar al superávit primario a la deficitaria caja del gobierno).
La suba del gasoil del 27% global encarece el transporte de la producción nacional, reduciendo la competitividad y la recaudación por actividad.
El crecimiento proyectado se ha ajustado a la baja, situándose en el entorno del 1,6% para 2026.
En 2025 ya se dio una recaudación menor a la esperada en IRPF e IASS.
Con un crecimiento tan magro, el «techo» de ingresos está muy cerca de su límite, lo que dificulta financiar cualquier gasto extra sin emitir más deuda.
El gasto público en Uruguay tiene un alto componente de indexación (salarios y pasividades), lo que no deja margen para recortes rápidos ante una caída de ingresos.
El «agujero» de la Seguridad Social y Salud.
El déficit del sector público consolidado se ubica cerca del 4,5% del PIB (excluyendo fondos extraordinarios).
El déficit estructural del Banco de Previsión Social sigue siendo el principal motor del desequilibrio fiscal. A pesar de las reformas, la transición demográfica y la asistencia financiera requerida desde Rentas Generales son constantes.
El crecimiento de la deuda y el costo del sistema de salud añaden una presión incremental que parece no encontrar su techo, alimentando la necesidad de mayor financiamiento externo para un sistema insostenible.
Conclusión: el margen del gobierno es casi inexistente.
No estamos ante una inminencia de colapso financiero al estilo 2002 debido a la solvencia del sistema bancario y el acceso al crédito.
Sin embargo, el país está en una zona de «estancamiento fiscal peligroso».
Cualquier shock adicional (una escalada mayor en Medio Oriente o una sequía severa) podría obligar a medidas de ajuste de emergencia o a una revisión a la baja de la nota crediticia, lo que sí dispararía el costo de la deuda y acercaría el escenario de crisis.
Concretamente, si algunos de los factores de riesgo se concretaran, con el gasto público en estos niveles no tardaría en producirse una crisis severa que obligara a un profundo ajuste del gasto y fiscal.
La conclusión «incómoda».
El margen actual es de paciencia financiera.
Esa paciencia suele durar lo que dura un ciclo electoral o un ciclo de liquidez internacional.
Si en los próximos 12 a 24 meses el gasto no se estabiliza y el frente externo sigue golpeando con el petróleo y la baja demanda regional, Uruguay entrará en un escenario de ajuste por crisis (devaluación e inflación) en lugar de un ajuste por diseño (reformas estructurales).
La respuesta final es que el margen es político, no económico.
El mercado ya sabe que los números no cierran; lo que está esperando es ver si existe la voluntad de reformar el Estado antes de que el mercado mismo haga el trabajo de forma desordenada y dolorosa.
Los que apuestan a que una parte de los uruguayos nos vayamos deben saber que también tenemos un ARMA SECRETA.

Este análisis forma parte del eje temático de Orden Global y Geopolítica en Perspectiva Liberal.

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