La inteligencia artificial no sustituye la libertad humana, pero expone la lentitud, el costo y la arrogancia de las estructuras políticas heredadas.
LA CORPORACIÓN POLÍTICA CONTRA EL CAMBIO DE ÉPOCA
La distancia entre las limitaciones de análisis del político y la tecnología
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
La tesis fundamental de nuestro compatriota Cr. Enrique Iglesias, expuesta y madurada en diversas disertaciones y foros internacionales en los últimos años sostiene un concepto medular: no estamos viviendo una época de cambios, sino un verdadero cambio de época.
Argumenta que las fuerzas estructurales que dieron estabilidad, previsibilidad y orden al mundo durante la segunda mitad del siglo XX (el orden de la posguerra o la Pax Americana) se han desmoronado.
Abren paso a un escenario de profunda incertidumbre y transición traumática que impactará por décadas.
Recordando la versión de Nicolás Jodal, la IA no es ni inteligencia, ya que aún está en pañales la interacción neuronal (apenas puede razonar como una mosca) ni tampoco artificial, en realidad es acumulación continua de conocimiento humano.
Pero, el análisis analógico de tamaña cantidad de información, con sus sesgos y errores demuestra claramente que ningún grupo de “iluminados” que promete resolver todos nuestros problemas económicos y sociales tiene posibilidades de competir contra apenas una parte cargada en la computadora de todo el conocimiento que acuñó la humanidad.
Un elemento indeterminado, crucial, y hasta hace poco invisible para la política tradicional, que se ofrece como omnisapiente, quizás con la IA ya no sea solamente una herramienta disponible, sino el verdadero cisne negro del sistema representativo moderno: aquello que nadie incorporó seriamente a sus cálculos, pero que puede volver obsoleta de golpe, toda la arquitectura institucional heredada de Rousseau.
No porque reemplace la libertad humana, sino porque desnuda la ineficiencia, la lentitud y el costo de estructuras políticas que siguen administrando el presente con categorías de antes del presente de este cambio de época.
Esto es más desafiante para los estatistas, los fundamentalistas, y los socialistas, que han vivido predicando que el mundo debe ser como ellos lo diseñan, totalmente de espaldas a las advertencias liberales que tienen la ventaja de admitir sus limitaciones para comprender globalmente toda la realidad.
Más vale considerar con Hayek entender que la fatal arrogancia de sentirse capaz de moldear a los seres humanos ha causado las mayores desgracias, evaluando con cabeza abierta esas terribles consecuencias.
La imposibilidad del cálculo económico en una sociedad planificada, propia de una ideología constructivista, albergaba la esperanza de diseñar institucionalmente una sociedad humana a partir de humanos con iguales defectos que los que propone superar.
Caído el Muro de la ignominia que separó el constructivismo de la libertad de crear responsablemente, quedó como slogan para avanzar sobre la propiedad ajena por parte de vagos, inmorales, venales, mafiosos, dictadores y tiranos de baja calaña.
Ahora, un sistema que colecta gran parte del conocimiento humano ofrece analizarlo en segundos, dar respuestas alternativas superadoras, que potencian el análisis crítico de los formados en valores construidos con el sacrificio de varios holocaustos.
No es magia, como siempre se ha querido ocultar, se requiere capacitación para entenderlos, revisarlos y aplicarlos sin sesgos, para mejorar con equidad las oportunidades de los que quieren realmente salir adelante por su propio esfuerzo.
Seguramente la IA, la robótica y los avances cuánticos de la tecnología no formatean el mejor diseño de ninguna sociedad ideal; simplemente, y nada menos, exponen la falacia de relatos, la mentira de programas y planes que frustran día a día al elector, y la alongadera impar de discusiones estériles, estratégicamente adoctrinadas, de manual, para eludir responsabilidades, apropiarse de lo ajeno, y amparar corruptelas.
Para abordar los cuatro pilares críticos de la sociedad posmoderna: desempleo, natalidad, educación y seguridad bajo la óptica de este cambio de época, es indispensable abandonar las recetas asistencialistas, centralistas, o puramente punitivas del pasado.
Si aplicamos la lógica de la soberanía individual, la desintermediación institucional y la eficiencia agéntica, la estrategia para un país de nuestra escala debe reconfigurarse de manera radical.
Seguramente si esperamos que otros liderazgos nos marquen el camino, nuestra sociedad seguirá dependiendo del juego político que pretende vendernos lo imposible, un relato que apuesta a detener el tiempo, y pervivir exprimiendo para ellos y su cofradía componendas esclavistas.
Cambio de época.
Arrogancia política.
Soberanía individual.
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