Modern financial district symbolizing sovereign finance and fiscal responsibility.

La soberanía no se financia con deuda

La disciplina fiscal no limita la independencia de un país. La hace posible frente a los mercados, los acreedores y la ley de la escasez.

Los discursos pueden desafiar durante un tiempo las restricciones económicas, pero la escasez, los mercados y los acreedores terminan imponiendo los límites que la política pretende ignorar.
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellanos

La ilusión de una nueva ola
América Latina conoce desde hace décadas la tentación de creer que la voluntad política puede imponerse sobre las leyes de la economía.
Cada cierto tiempo reaparece la promesa de construir un proyecto continental capaz de desafiar las restricciones fiscales, expandir indefinidamente el gasto público y sostener un modelo financiado mediante deuda.
La Organización Latinoamericana de Solidaridad, creada en Cuba en 1967, representó uno de esos intentos de proyectar una estrategia común para transformar políticamente la región.
Su objetivo era impulsar la revolución socialista como camino hacia un nuevo orden continental.
Hoy el contexto histórico es diferente.
Las consignas cambiaron.
Los instrumentos también.
Sin embargo, persiste la idea de que una coordinación política entre gobiernos afines puede sustituir las exigencias de la disciplina económica.
La convocatoria al Congreso Panamericano Progresista en Montevideo vuelve a colocar esa discusión sobre la mesa.
La pregunta ya no es ideológica.
La pregunta es financiera.
La economía comienza donde terminan los discursos
Toda política pública tiene un costo.
Todo gasto exige financiamiento.
Toda deuda representa un compromiso que deberá afrontarse en el futuro.
Ninguna sociedad puede consumir de manera permanente más riqueza de la que produce.
Cuando el gasto público supera sistemáticamente los ingresos comienza una secuencia conocida.
Primero aparece el déficit.
Después el endeudamiento.
Finalmente llega el ajuste.
La discusión política puede postergar ese desenlace.
No puede evitarlo.
La escasez constituye una condición permanente de toda economía.
Ignorarla no modifica sus consecuencias.
La falsa soberanía del endeudamiento
Con frecuencia se presenta el endeudamiento externo como un instrumento para defender la soberanía nacional.
En realidad produce el efecto contrario.
Cada préstamo incrementa la dependencia respecto de quienes financian el funcionamiento del Estado.
Cada refinanciación reduce el margen de autonomía política.
Un gobierno que necesita crédito permanente deja de decidir exclusivamente en función de sus prioridades.
También debe responder a las condiciones impuestas por quienes sostienen su solvencia.
La verdadera independencia fiscal no consiste en desafiar a los acreedores mediante discursos soberanistas.
Consiste en no depender de ellos.
La soberanía comienza por el equilibrio de las cuentas públicas.
El costo del corporativismo
Las mayores presiones sobre el gasto público no suelen originarse en emergencias extraordinarias.
Surgen de la acumulación de privilegios convertidos en obligaciones permanentes del Estado.
Cada sector organizado procura preservar sus beneficios.
Cada conquista corporativa aumenta la rigidez presupuestaria.
El margen para invertir, reducir impuestos o reasignar recursos disminuye progresivamente.
El presupuesto deja de expresar prioridades nacionales.
Comienza a reflejar la capacidad de presión de los distintos grupos de interés.
Ese proceso termina trasladando los costos al conjunto de la sociedad.
Los contribuyentes financian el déficit.
Las empresas soportan mayores cargas.
Las nuevas generaciones reciben una deuda que no contrajeron.
Los mercados no negocian consignas
Los mercados financieros no califican discursos.
Califican balances.
No evalúan relatos políticos.
Evalúan capacidad de pago.
La confianza internacional depende menos de las declaraciones oficiales que de la consistencia de las cuentas públicas.
Cada aumento persistente del déficit incrementa el riesgo.
Cada deterioro fiscal eleva el costo del financiamiento.
Cada pérdida de credibilidad reduce la inversión.
Los acreedores no refinancian proyectos ideológicos.
Refinancian deudores solventes.
Cuando esa confianza desaparece, el financiamiento también desaparece.
Entonces llegan las restricciones que antes se intentaban evitar.
La ley de la escasez siempre prevalece
La historia económica latinoamericana ofrece suficientes ejemplos de gobiernos que intentaron sustituir la disciplina fiscal por voluntarismo político.
Los resultados presentan diferencias de intensidad.
No presentan diferencias de naturaleza.
Inflación.
Endeudamiento.
Estancamiento.
Empobrecimiento.
Las leyes económicas no responden a mayorías parlamentarias.
Tampoco reconocen afinidades ideológicas.
Operan con independencia de los discursos.
La realidad termina imponiendo los límites que la política se niega a reconocer.
Conclusión
La discusión sobre la soberanía no puede reducirse a consignas.
Un Estado dependiente del endeudamiento permanente posee menos autonomía que uno capaz de financiarse mediante una economía dinámica y productiva.
La fortaleza institucional comienza cuando el gasto público resulta compatible con la riqueza que la sociedad puede generar de manera sostenible.
La responsabilidad fiscal no constituye una renuncia a la soberanía.
Constituye su condición de posibilidad.
En un escenario internacional caracterizado por elevada competencia, movilidad del capital y aceleración tecnológica, la confianza se convertirá en uno de los principales activos de las naciones.
Los países que comprendan esa transformación conservarán capacidad de decisión.
Los que continúen confundiendo independencia política con dependencia financiera descubrirán, una vez más, que la economía termina imponiendo los límites que la ideología pretendía desconocer.

Soberanía y solvencia
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Escasez y realidad económica

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