Las contradicciones entre las promesas electorales, la responsabilidad económica y el ejercicio del poder deterioran la confianza en la política.
MITOMANÍA RELATIVISMO Y TIBIEZA
Las acciones políticas que destruyen la credibilidad democrática
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El engaño de los técnicos económicos de izquierda
Compañeros, compañeras, frenteamplistas de todas las horas, compatriotas que confiaron en la promesa de un Uruguay con más justicia y más derechos.
Hay momentos en la vida política de un país y de nuestra fuerza política en los que hay que mirarse a los ojos y decir las cosas como son, sin pelos en la lengua.
Durante años recorrimos los comités, los barrios, los sindicatos, abrazando a la gente y prometiendo un programa que encendía la esperanza de los más humildes. Se le prometió a la gente que íbamos a erradicar la pobreza infantil, que íbamos a asegurar salarios dignos, que íbamos a robustecer la salud pública y el FONASA para que nadie quedara a la intemperie, que le íbamos a dar a la educación todos los recursos que necesita, y que íbamos a cuidar a nuestros pasivos, a esos veteranos que entregaron una vida de trabajo y que hoy sufren jubilaciones de hambre.
Pero vinieron los cargos, se ocuparon los despachos del Ministerio de Economía, y de repente el relato cambió.
Nos enteramos por la voz de los propios jerarcas técnicos que aquel programa era «impagable».
¿Y saben qué es lo grave? Que esos mismos técnicos y ministros no descubrieron los números al asumir: conocían perfectamente la realidad de las cuentas públicas, la estrechez fiscal y la macroeconomía del país antes de redactar cada renglón de las bases programáticas.
Sabiendo exactamente que la caja no daba, porque los números de la economía del Estado todos los conocen, prefirieron firmar el compromiso para captar el voto de los ingenuos electores, movilizar a las bases y ganar la elección, sabiendo de antemano que después le echarían la culpa a la herencia o a la cruda realidad para archivar las promesas en un cajón.
Pero la falta de respeto no terminó ahí. Un año y medio después de ser ellos quienes manejan la economía, tuvieron la audacia de convocar al llamado «Diálogo Social» a esas mismas bases y a los sindicalistas a los que ya les habían dicho que la plata no estaba; los sentaron otra vez frente a ellos para volver a mentirles en la cara, asegurándoles que ahora sí lo acordado era viable, perpetuando el engaño y jugando con la buena fe de la militancia.
Es una tomadura de pelo a la ética más elemental de la izquierda.
Pero, es más grave, la izquierda no tiene mayoría absoluta, por lo cual, requiere votos de la oposición.
Y la oposición nada en aguas procelosas contra sus propias convicciones, carece un plan de acción alternativo claro, y engaña a sus propios votantes aceptando en definitiva dar “gobernabilidad” a una sarta de mentirosos seriales.
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Versión 1: Para captar ingenuos electores (El relato de la ilusión)
¡Compañeros, no aflojemos!
El programa del cambio es posible y está al alcance de la mano si tenemos la voluntad política de ir al frente.
Si nos convocan al Diálogo Social, es porque hay una oportunidad de oro para hacer valer nuestros reclamos; las promesas del Programa que ellos mismos produjeron.
¿Cómo vamos a decir que no hay recursos cuando hay sectores de la riqueza que concentran todo y no aportan lo suficiente?
Si aplicamos las medidas de fondo, la pobreza infantil se combate destinando recursos masivos a las familias, porque un país que no cuida a sus niños no tiene destino.
Los trabajadores merecen salarios reales que crezcan por encima de la inflación, y la informalidad se fulmina con más inspección y más derechos, no agachando la cabeza ante los “malla oro”.
La educación tiene que llegar al 6+1 del PIB.
¿Y qué decir de la salud y de nuestros pasivos?
El FONASA tiene que ampliarse, no achicarse; hay que meterle más recursos públicos para que la atención en salud no dependa del bolsillo de nadie.
A los jubilados, a los veteranos que levantaron este país, no se les puede dar la espalda: merecen una partida especial y un aguinaldo digno que les devuelva la alegría.
¡No nos traguemos el cuento de que no hay recursos; ¡la plata está, lo que falta es coraje político para distribuirla con justicia social!
¿QUIÉN NO OYÓ ESTA VERSIÓN IDÍLICA EN LOS COMITÉ DE BASE DE LA IZQUIERDA?
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Versión 2: Para que el país no quiebre (La crudeza de la realidad)
Pero pongamos los pies sobre la tierra, porque el romanticismo sin números termina destruyendo a los más débiles que queremos defender.
Si nos obcecamos en convalidar un Programa inviable y lo resuelto por irresponsables en el Diálogo Social; un festival de promesas e invenciones que ya sabemos que son financieras y técnicamente inviables, lo que rompemos es el motor de toda la economía.
Un desborde del gasto público financiado a los ponchazos destruye cualquier estabilidad.
La inflación se dispara, y cuando los precios suben, los primeros en perder el poder de compra son precisamente los sectores de menores ingresos, los pasivos con jubilaciones fijas y los trabajadores de los sectores medios.
Si ahogamos a la economía con más presión impositiva y espantamos la inversión privada, las empresas cierran, el empleo formal se desploma y los trabajadores terminan empujados a la informalidad, perdiendo toda cobertura de seguridad social.
¿Y el FONASA?
Un sistema de salud universal no se sostiene por decreto ni con voluntarismo mágico; si quiebra el Estado y cae la recaudación, colapsan los prestadores, se agotan los medicamentos de alto costo y la calidad de la asistencia pública se degrada para todos.
Gobernar con responsabilidad no significa traicionar los ideales de justicia social; significa tener la valentía de decirle la verdad a la gente en los despachos y en las mesas de diálogo.
Porque si el país quiebra por mantener relatos insostenibles, los primeros en pagar los platos rotos son, invariablemente, los más humildes.
Y ¿cómo se atan estas dos moscas por el rabo?
¿A quién creerle luego de semejante contradictorio varias veces reiterado?
La respuesta como siempre la tiene la dirigencia sindical: PARAMOS HOY y seguimos MAÑANA, total, el escalafón va, de sindicalista de izquierda a ministro de cualquier cosa.
Promesas y credibilidad política
Responsabilidad económica
Coherencia democrática
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