Orsi, Negro y una crítica a la respuesta política ante la violencia y el narcotráfico en Uruguay
LA PROGRECRACIA DE LA ZONA LIBERADA
Busquen a los responsables: Orsi y Negro
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Hablar de seguridad en el Uruguay de hoy es como buscar un sentido lógico en un decreto de intervención estatal: una pérdida absoluta de tiempo. O peor, analizar las prioridades presupuestales esperando respuestas racionales.
Nos encontramos al borde de una disgregación social tan fina y profunda que el término “convivencia” empieza a sonar a eufemismo cínico; lo que tenemos enfrente es, lisa y llanamente, un nuevo Estado de Guerra Interno.
Las entrañas de esta tragedia institucional quedan al desnudo cuando se analizan los casos que desbordan la trinchera judicial: un tejido social gangrenado donde la vida humana se liquida por 500 pesos, dos «pilas» de pasta base o un saldo insignificante de deuda narco.
Casos aberrantes donde un sicario ejecuta a un desconocido por monedas, o donde se incautan arsenales de guerra —como allanamientos con decenas de vainas o hasta granadas en manos de ciudadanos comunes—, revelan que la racionalidad clásica se evaporó.
La violencia se convirtió en un ritual de pertenencia, una «cultura tumbera» trasladada sin escalas de los muros de la cárcel a las esquinas de los barrios, donde los niños crecen naturalizando la visita carcelaria como un hito familiar cotidiano y los jóvenes exhiben el homicidio como un macabro medallón de orgullo.
Pero lo verdaderamente escandaloso no es solo el colapso operativo, sino la cínica hipocresía de una clase política que ha consagrado el concepto más perverso de la «zona liberada», o, “perdimos contra el narco”.
Allí, en los barrios castigados por la miseria, la retórica sobre la «justicia social» se desvanece frente al plomo cotidiano.
Los pobres, esos mismos que los discursos oficiales dicen defender con fervor de barricada, son los únicos que padecen el verdadero riesgo de vida, la extorsión sistemática para que abandonen sus viviendas, y la ley de las bandas: te unes o te mato.
Mientras los barrios obreros se convierten en campos de concentración narco donde las familias quedan a merced del terror, desde los despachos se cultiva la más abyecta de las indiferencias.
En medio de esta debacle donde la fragmentación social nos devuelve la peor postal de la inseguridad, el presidente Yamandú Orsi y el ministro Carlos Negro parecen haberse acogido a un régimen de desaparición con goce de sueldo, ausentes de cualquier rastro o atisbo de gestión.
La advertencia de la fiscal de Homicidios, Mirta Morales, desnuda esa sima insondable donde las instituciones ya no llegan, atrapadas entre la desidia burocrática y la impotencia operativa.
Pero el cuadro dantesco se completa con el componente más indignante de todos: la ausencia absoluta de los responsables políticos de conducir la nave.
Mientras el deterioro social produce estos crímenes aberrantes y el sistema fiscal advierte sobre los bordes del colapso, el presidente Yamandú Orsi y el ministro Carlos Negro parecen habitar otra dimensión.
La República se nos desmorona por abajo, gangrenada por la miseria moral y el narcomenudeo, mientras la plana mayor del Ejecutivo opta por la invisibilidad y el silencio de escritorio.
¿Hasta dónde piensan estirar la cuerda de esta impunidad institucional?
Para profundizar en el análisis sobre el impacto de la violencia extrema y el testimonio institucional de la fiscalía frente a esta realidad, se puede revisar la entrevista en el Yunta interview with Mirta Morales.
Cómplices por omisión del sufrimiento ajeno, el presidente de la República y su Ministro del Interior disfrutan de la comodidad de sus escritorios y sus custodios, mientras el país real se desangra cuadra a cuadra.
La República agoniza entre oficinas vacías y discursos de ocasión, mientras las autoridades brillan por su ausencia.
Urge una partida de localización urgente para quienes gobiernan de espaldas al dolor del pueblo. Si alguien los cruza, avísenles que el país se les desmorona: busquen a Orsi y a Negro, y avísenles que tenemos una realidad insoportable de homicidios y decadencia cívica.
El abismo final: Lo verdaderamente dramático, aquello que condena a la República a una condena perpetua sin retorno, es la profecía más oscura de la fiscalía: los niños que hoy naturalizan el horror, que crecen visitando parientes tras las rejas como un trámite cotidiano y que heredan la cultura tumbera, son los padres de los uruguayos del mañana.
Si el Estado abandona el presente y permite que esta suma de degradación se reproduzca al infinito, intacta de generación en generación, el futuro no será simplemente peor: será la consumación definitiva de nuestra extinción moral y física como sociedad.
Violencia y narcotráfico
Responsabilidad política
Fragmentación social
Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica
Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal
Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.
Cuenta Prex: 13440

