De un puesto familiar a los comercios, los hoteles y los grandes proyectos urbanos, una trayectoria construida con observación, audacia y redes de confianza.
LA FERIA COMO ESCUELA
Hay empresarios formados en universidades, otros en empresas familiares y algunos en la experiencia directa de vender cada día.
Edgardo Novick pertenece a estos últimos.
Su escuela fue la feria, donde aprendió que ningún cliente está conquistado para siempre y que el comerciante debe observar, escuchar y corregir antes que los demás.
Nació en Montevideo en 1956, hijo de Rita Varela y Héctor Novick, y creció en el barrio La Comercial.
Cursó primaria en la escuela pública Franklin Delano Roosevelt y continuó sus estudios en el Liceo Miranda.
A los catorce años comenzó a trabajar junto a su padre en un puesto de frutas y verduras.
No se limitó a atenderlo.
Ordenó la mercadería por calidad y precio, incorporó productos poco habituales, prestó atención a los pedidos y convirtió la presentación en una herramienta de venta.
El pequeño puesto creció hasta requerir numerosos trabajadores.
Allí apareció un rasgo que luego repetiría en distintos sectores: detectar una necesidad sencilla, organizar mejor la oferta y reinvertir para crecer.
A los veintidós años pasó a la vestimenta.
Diseñó prendas de lana, desarrolló la marca Little Stone y llegó a desplegar una red de locales y distribución mayorista.
Los viajes al exterior le mostraron un formato comercial todavía poco desarrollado en Uruguay: las tiendas dedicadas al deporte.
De esa observación nació La Cancha, que lo vinculó con grandes marcas internacionales y consolidó su expansión empresarial.
DIVERSIFICAR SIN PERDER EL OLFATO
Novick nunca quedó encerrado en un solo rubro.
De la ropa deportiva avanzó hacia la gastronomía, con emprendimientos como La Mostaza y Don Peperone, y después hacia la hotelería y los grandes desarrollos comerciales.
El After Hotel, el Hyatt Centric y su participación en Nuevocentro Shopping muestran una evolución desde la venta minorista hacia proyectos intensivos en capital, socios y planificación de largo plazo.
Esa diversificación no fue una sucesión caprichosa de negocios.
Su método consistió en reconocer flujos de personas, hábitos de consumo y ubicaciones con potencial.
También supo asociarse con quienes dominaban aspectos que él no pretendía controlar personalmente.
La intuición comercial fue acompañada por la capacidad de construir confianza y reunir capital alrededor de proyectos concretos.
En ese recorrido, su vínculo con el fútbol tuvo una dimensión que fue más allá de la pasión.
El ambiente deportivo le permitió conocer jugadores exitosos que, después de obtener ingresos importantes durante carreras necesariamente breves, necesitaban convertir parte de esos excedentes en patrimonio duradero.
Algunos encontraron en los proyectos hoteleros impulsados por Novick una vía para invertir en activos reales.
No era simplemente conseguir fondos: era conectar ahorro disponible, confianza personal y oportunidades empresariales comprensibles para quienes no querían depender únicamente del siguiente contrato deportivo.
El proyecto que mejor expresa hoy esa voluntad de futuro es Aventura, actualmente en construcción en Sayago.
Sobre un plan maestro de doce hectáreas y con una inversión anunciada cercana a los doscientos millones de dólares, la iniciativa no se limita a sumar otro centro comercial.
Integra más de un centenar de locales, viviendas, servicios y espacios públicos y verdes en una zona del oeste montevideano que durante décadas quedó al margen de los grandes desarrollos urbanos.
Su importancia está tanto en la escala como en la elección territorial: llevar inversión, actividad y una nueva centralidad hacia barrios que reúnen una población numerosa, pero que no siempre recibieron proyectos de esa magnitud.
Para Novick, Aventura es la obra desde la cual quiere hablar del presente y del futuro.
También parece el cierre natural de un círculo: el muchacho que aprendió en la feria a observar el movimiento de la gente proyecta ahora un nuevo lugar de encuentro para una amplia región de Montevideo.
En 2015 trasladó parte de ese capital personal al terreno político y obtuvo una votación relevante como candidato a la Intendencia de Montevideo.
Luego fundó el Partido de la Gente.
La experiencia no alcanzó en el plano nacional la expansión lograda en los negocios, pero reveló otra faceta de su trayectoria: la disposición a exponerse, competir y asumir el costo de probar.
FAMILIA, FÚTBOL Y LOGOSOFÍA
Edgardo y Solveig Rettich se conocieron siendo adolescentes, cuando cursaban quinto año en el preparatorio de Ciencias Económicas del Liceo Miranda.
Ella es hija de Esteban Rettich Breitenstein, inmigrante húngaro, y de Clydes Gutiérrez, quienes merecen una historia propia, entre otras razones por haber fundado La Hora Exacta, una de las pocas relojerías tradicionales que continúa activa y vinculada a la familia.
Ese origen permite comprender que Solveig no solamente creció dentro de las culturas húngara y logosófica, sino también en un hogar emprendedor, marcado por el trabajo y la continuidad generacional.
Novick fue discípulo de Logosofía, pero sería insuficiente presentar ese vínculo solamente como una formación recibida.
Ha sido activo colaborador en varias instituciones logosóficas.
Solveig, contadora y docente, ocupa actualmente una función relevante en la Fundación Logosófica del Uruguay y también ha sido una decidida impulsora de la pedagogía logosófica en el ámbito educativo.
Ese recorrido contiene una enseñanza que trasciende a sus protagonistas.
En un ámbito donde a veces se confunde unidad con exclusividad, la unidad posible comienza por reconocer a quienes trabajan por un mismo ideal desde instituciones diferentes.
La formación logosófica, generalmente ausente de los perfiles públicos del empresario, también ayuda a comprender el lugar que tuvieron en su vida la disciplina, el conocimiento de sí mismo, la voluntad y la responsabilidad individual.
El fútbol completó esa trama familiar.
Novick fue candidato a la presidencia de Peñarol y dos de sus hijos, Marcel y Hernán, vistieron la camiseta del club.
Para él, Peñarol fue pasión, pertenencia y también un ámbito de relaciones humanas que terminó conectándose con su actividad empresarial.
En esa convergencia entre familia, deporte y negocios aparece uno de los rasgos más personales de su recorrido.
DE LA FERIA A AVENTURA
La trayectoria de Edgardo Novick no responde al modelo del empresario surgido de una gran herencia, de una profesión prestigiosa o de una innovación tecnológica.
Nació del comercio elemental: comprar, presentar, vender, escuchar y volver a empezar al día siguiente.
Desde aquella feria de barrio hasta Aventura, su crecimiento se apoyó en una combinación difícil de enseñar: atención a la realidad, rapidez para decidir, disposición a asociarse y capacidad para inspirar confianza.
En la historia empresarial uruguaya, Novick representa al emprendedor que transforma la experiencia cotidiana en conocimiento práctico.
Su obra no se explica solamente por los negocios que creó, sino por haber comprendido que el capital más decisivo suele formarse mucho antes que el dinero: en el trabajo, la reputación, la familia y los vínculos construidos a lo largo de la vida.
Comercio como escuela
Diversificación y confianza
Aventura y desarrollo urbano
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Nota de actualización, 24 de octubre de 2026. Un día después de la publicación de este perfil, Forbes Uruguay presentó a Edgardo Novick como protagonista de la portada de su edición Nº 26. La coincidencia volvió a poner en primer plano la trayectoria empresarial de Novick, desde sus comienzos en las ferias montevideanas hasta sus actuales proyectos de inversión.
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