Espionaje ideológico y financiamiento encubierto en América del Sur durante la Guerra Fría

El caso del periodista uruguayo Rajka y la red de influencia comunista operada desde Praga

Los espías al servicio del comunismo en América del Sur no respondían a las características del James Bond de Fleming.
No tenían ni un porte elegante ni licencia para matar ni vivían rodeados de hermosas mujeres.
Se trataba personas corrientes y muchos eran periodistas como este al que nos referiremos.
ESPÍAS CON NOMBRE Y APELLIDO
RAJKA
La lista de agentes al servicio del comunismo internacional no se limitaba a Vivian Trías.
Incluía algunos otros uruguayos ideológicamente afines y necesitados de dinero.
Veamos otro caso, a través del informe de Trías que obra en los archivos desclasificados de la StB.
Se trata de un «contador, ex funcionario del Ministerio de Hacienda y ex Contador General del Frigorífico Nacional, especialista en economía de carnes, ha escrito varios trabajos sobre su especialidad…», dice Trías.
En cuanto a su filiación política, agrega que «fue batllista de “El Día” [periódico], pero se incorporó al PS en 1962» y que «viajó a Cuba, China, URSS y otros países socialistas», entre ellos, a Checoeslovaquia acompañado por el periodista y escritor Eduardo Galeano.
Esto de los viajes ha sido y, por lo visto, continúa siendo parte de la premiación o del estímulo a los políticos y personas de interés, como lo demuestra el siguiente comentario del espía reclutador Trías.
«Por 1971 [el contador] se mostró muy quejoso de que el PS no lo delegara a algunos países donde mandó otros compañeros y ello derivó en una crisis que lo llevó a apartarse totalmente del mismo».
Finalmente señala que razones de crisis familiar lo indujeron a beber, pero que un tratamiento médico lo había rehabilitado.
Se trataba del contador Guillermo Bernhard (a) Rajka, a cuya actuación periodística no se refiere el informe de Trías.
Sin embargo, era precisamente ese el terreno que interesaba a Praga.
En su actividad como periodista, Bernhard decía haberse vinculado con don Jorge Pacheco Areco (El Día) y Manuel Flores Mora (Acción).
Era verdad que los dirigentes colorados Luis Hierro Gambardella y Zelmar Michelini habían prologado libros de su autoría.
Agregaba en su informe al diplo-espía checoeslovaco una larga lista de políticos a los que mencionaba como «amigos personales».
El centro del interés de la rezidentura era el diario izquierdista «Época», como receptor de los temas propuestos por la embajada.
Así, desde 1964 ese periódico «independiente» comenzó a recibir aportes de la embajada checoslovaca.
Empezaron con unos módicos $500, que ya en el mes de noviembre se transformaron en U$S 1.300 en calidad de «préstamo».
Aunque se trataba de un dinero que se le «prestaba» a Bernhard y cuyo origen no debía revelar.
Con el recibo firmado se terminó de comprometer al contador.
Las entregas continuaron.
La carpeta de Bernhard en el servicio secreto comunista también desnuda que aportaron a «Época» los brasileños Joao Goulart y Leonel Brizola (U$S 4000 y 200 respectivamente).
En su momento, también llegaron fondos desde Cuba.
En 1968 Bernhard fue premiado con $50.000 por su participación en la «operación Bajer».
Se trataría de la confección y distribución de folletos contra la guerra de Vietnam.
Eso fue en febrero.
En agosto, la intervención soviética transformó en invierno la «Primavera de Praga».
Dicen que los comunistas occidentales, desde sus cómodos sitiales, fueron muy críticos con la conducta de la URSS.
Pero siguieron siendo comunistas.
Rajka no fue la excepción, siguió colaborando, y cobrando por ello.
Fue cesado en 1974.
En ese entonces era un saco de nervios.
Temía ser descubierto por los servicios de inteligencia uruguayos.
Los checoeslovacos lo desecharon.
Ya no les era útil.

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