Portrait of Pope John Paul II, Karol Wojtyła, symbol of moral and spiritual resistance to communism in Poland..

AHORA, POLONIA – Un recorrido a través de las instancias para arribar a la prohibición del partido comunista en Polonia.

Una experiencia que no parece suficientemente valorada, particularmente en América. El caso uruguayo.

Cada vez son más los estados que interdicen la actividad comunista.
Ahora le ha llegado el turno a otra de sus antiguas víctimas: Polonia.
La Constitución polaca de 1997, establece en su artículo 13:
«Se prohíben los partidos políticos y otras organizaciones cuyos programas se basen en métodos totalitarios y en las modalidades de actividad del nazismo, del fascismo y del comunismo, así como aquellos cuyos programas o actividades sancionen el odio racial o nacional, la aplicación de la violencia para obtener el poder o influir en la política del Estado, o prevean el secreto de su propia estructura o de sus miembros, la prohibición de partidos u organizaciones cuyos programas se basen en métodos totalitarios o en prácticas del nazismo, fascismo o comunismo, así como organizaciones cuyos programas o actividades promulguen el odio racial, nacional o la aplicación de la violencia con el fin de obtener el poder o de influir en la política del Estado».
(fuente: https://www.sejm.gov.pl/prawo/konst/angielski/konse.htm)
Como se aprecia, la prohibición abarca distintas categorías, incluyendo las organizaciones secretas.
A su vez, el Código Penal polaco castiga con penas de hasta tres años de prisión la «publicación, promoción o difusión de ideas comunistas».
Pese a la meridiana claridad del texto, recién a fines de 2025 el Partido Comunista Polaco (Komunistyczna Partia Polsk) fue declarado organización ilegal por el Tribunal Constitucional.
El argumento sustancial del fallo es que:
«… no hay cabida en el ordenamiento jurídico polaco para un partido que glorifique a criminales y regímenes comunistas responsables de la muerte de millones de seres humanos…».
Polonia se suma así, a otros estados que han adoptado medidas similares.
En 2019 el Parlamento europeo en aras de la memoria histórica resolvió condenar tanto el nazismo como el comunismo.
Además, aludió expresamente al gobierno ruso acusándolo de encubrir esos crímenes.
Sin embargo, no parece un proceso que se desarrolle con la deseable rapidez.
Esta perceptible lentitud es explicable, porque el comunismo cayó como sistema, pero a su prohibición se opone un liberalismo mal entendido.
Así, el desarrollo se ha cumplido en etapas.
En 2006 la condena proviene de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.
Una invocación a la memoria histórica, y a los partidos comunistas para que realizaran una introspección honesta.
La condena se reitera con la Declaración de Praga de 2009, otro listado de buenas intenciones.
En el caso polaco es destacar que en 2017 se dispuso la remoción de monumentos y memoriales públicos que homenajeen tanto personas como elementos que simbolicen el comunismo.
Contemporáneamente, en un pequeño país sudamericano llamado Uruguay, se homenajeaba al partido comunista erigiendo una hoz y un martillo en un espacio público del departamento de Treinta y Tres.
Se ignoraba así, la sentencia del poeta Zorrilla de San Martín que culmina su “Leyenda Patria” con estos versos:

«Y siempre piensa en que tu heroico suelo
No mide un palmo que valor no emane:
Pisas tumbas de héroes…
¡Ay del que las profane!».

En 2020, el homenaje con motivo del centenario de la fundación del PCU se llevaba a cabo en el Parlamento.
El acto contó con la presencia de todos los partidos con excepción de Cabildo Abierto.
Ha pasado un largo trecho desde el fin de la Guerra Mundial II y todavía hay islas de comunismo en el mundo.
Y por «islas», no nos referimos solo a Cuba.
También existe, más o menos diluido en los llamados Frentes Populares, como en Uruguay donde gobiernan.
Según parece, en Polonia son una minúscula porción.
Pero en América existen grupos que son más fuertes y mejor organizados.
La curiosidad es que esos devotos del comunismo, esos intelectuales de café tantas veces rentados, o esos sindicalistas que devienen en diputados, nunca tuvieron que vivir en un régimen comunista.
A la condición humana, tristemente, no le alcanza con la experiencia ajena.

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