Azcárate y Aristóteles: virtud, felicidad y traducción

La primera traducción castellana de las obras de Aristóteles llegó a través del francés y obliga a mirar de cerca el sentido de conceptos como areté, eudaimonia y polis.

Debemos al trabajo del filósofo, historiador, político y traductor español Patricio de Azcárate (1800-1886) la primera traducción al castellano de las obras de Aristóteles.
Pero el insigne español, coincidía con nosotros en que no sabía griego.
Tomó entonces, la versión del helenista francés Jules Barthélemy-Saint-Hilaire (1805-1895).
Y así como confió en su modelo nosotros tendremos que confiar en él.
No leer en el idioma original siempre nos recuerda aquel dicho italiano del «traduttore traditore».
Pero es el precio que hay que pagar cuando nos beneficiamos del trabajo de otros.
El trabajo de Azcárate ha sido objeto de objeciones.
Ya dijimos que no lo tradujo directamente del griego, sino del francés.
Pero no es la única, sino que se le critica que algunos conceptos clave de la política y ética griegas se filtren a través del vocabulario francés del siglo XIX.
Por ejemplo, a veces traduce polis simplemente como «Estado» o «República», o eudaimonia como «felicidad», y eso le hace perder el sentido original que sería el de «plenitud o florecimiento humano».
No obstante, las diferencias son de matiz entre plenitud y felicidad.
No es lo mismo la euforia circunstancial de una victoria deportiva que el sentimiento sereno de aquel que contempla su vida bien vivida. Leído así, plenitud y felicidad son sinónimos.
Y polis es ciudad-estado.
Única forma en que podría funcionar la democracia directa, teniendo en cuenta, además, que solo los hombres libres eran ciudadanos.
Traducir areté como «virtud» puede despistar al lector.
Pero cuando decimos que un músico es un virtuoso del violín, no estamos afirmando que sea una buena persona, sino señalando su excelencia funcional.
En nuestra tradición moral judeocristiana, sí le asignamos el sentido de «buena persona».
Así, nuestra Constitución establece como criterio para diferenciar a las personas son sus «talentos y virtudes».
Ese es el deber ser que establece la norma.
En la realidad muchas veces no funciona, sino que entra a tallar el amiguismo o la cuota política.
Para los griegos la areté de un cuchillo es cortar bien.
La areté del ser humano, según Aristóteles, es ejercitar de manera óptima la facultad que lo define: la razón en comunidad.
Cuando Aristóteles habla de las «virtudes morales» en su Moral, a Nicómaco, está describiendo los hábitos que hacen que el ser humano funcione de manera excelente en su vida cotidiana.
Traduciendo areté como «excelencia en la función», se entiende el texto como un tratado de psicología práctica y de hábitos de conducta.
En La Ilíada está retratada la areté del héroe que busca la gloria aún a costa de su muerte.
Aquiles prefiere una vida corta y gloriosa.
Por su lado, la areté femenina incluye el dominio del telar (en La Odisea es Penélope que teje y desteje); la fidelidad al esposo, la modestia y la prudencia (esta última también es parte fundamental de la areté masculina); la preservación de la memoria y el protagonismo en los ritos funerarios.
Elena, infiel a su esposo es la causa ocasional de la guerra de Troya.
De lo que se lamenta en varios pasajes por ejemplo cuando le dice a Príamo el rey de Troya:
«¡Ojalá la muerte aciaga me hubiera placido cuando vine aquí, con tu hijo [Héctor], dejando mi alcoba, a mis parientes, a mi hija pequeña y a las amables compañeras de mi edad! Pero no fue así, y por eso me consumo llorando».
La portadora de la areté femenina es Penélope.
Ella no solo permanece fiel a Odiseo, sino que usa su ingenio para entretener a los pretendientes durante el largo tiempo que aguarda su regreso.
Sabiendo que detrás de «virtud» hay excelencia y detrás de «felicidad» hay realización de vida, el texto clásico se lee con toda claridad y don Patricio sale absuelto de la acusación.
Y así como Azcárate trajo el filósofo al siglo XIX veremos de traer algunas de sus reflexiones al siglo XXI, porque nos sigue hablando todavía.

Traducción de Aristóteles
Areté y excelencia humana
Eudaimonia y felicidad

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