Cabo Piedra:
Fueros sindicales, disciplina y obediencia política en la Guardia Republicana
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Hay que reconocerle una creatividad artística envidiable a la izquierda gobernante: lograr que el progresismo más iluminado resucite, con una sonrisa en los labios y un pin de derechos humanos en la solapa, el manual más rancio, verticalista y obsecuente de la disciplina más ciega.
Imaginen el cuadro: un ministro —que de negro solo tiene el destino que le augura a la tropa y la sutil ironía de su apellido— asume con aires de renovada transparencia para terminar aplicando una purga digna de manual soviético contra el mismísimo presidente del sindicato de la Guardia Republicana.
Es una obra maestra absoluta del realismo mágico uruguayo: un gobierno que se llena la boca hablando de libertad sindical decide, con elegante crueldad burocrática, echar a patadas administrativas a un policía por el aberrante e imperdonable delito de querer volver vivo a su casa y pretender lo mismo para sus compañeros.
Porque, claro, el pecado capital del cabo Carlos Piedra, presidente de la Unión de Policías de la Guardia Republicana, no fue romper un código penal, sino cometer la peor herejía imaginable en el servicio público: ¡decir la verdad en voz alta!
Qué falta de respeto monumental la de este agente, que tuvo la osadía de señalar que el ministro no tiene la más mínima idea de seguridad pública y que pretender solucionar el narcotráfico plantando tanquetas de adorno en “zonas calientes”, mientras el armamento entra por la frontera como pancho por su casa, es como intentar apagar un incendio forestal con un pomo de carnaval.
¡Qué insolencia espantosa!
¿Cómo se le ocurre a un simple subordinado priorizar la integridad física de sus compañeros por encima de la frágil estética emocional de los jerarcas instalados en despachos con aire acondicionado?
Los fueros sindicales, según quién los invoque
Naturalmente, es aquí donde la sagrada teoría de los “fueros sindicales” se convierte en el sketch cómico del año.
En el universo paralelo del progresismo criollo, los fueros son un escudo místico, sagrado e indestructible… siempre y cuando el beneficiario agite una bandera del partido, corte una avenida por motivos ideológicamente aprobados o pertenezca al selecto club de gremios amigos del régimen cubano.
Pero basta con que el sindicalista vista uniforme de campaña y se atreva a chistar contra un jerarca de izquierda para que los fueros se evaporen más rápido que un helado en la vereda al mediodía de enero.
Queda cristalino que la obsecuencia partidaria siempre, pero siempre, pisa mil veces más fuerte que cualquier fuero sindical: si sos un gremialista de los “nuestros”, tenés patente de corso para hacer paros salvajes, amenazar al país entero, ocupar lugares públicos y salir impune; pero si sos un policía que defiende la vida de su tropa criticando la inoperancia de arriba, te aplican el peso del sumario con la furia de una inquisición ideológica sin contemplaciones.
El silencio del PIT-CNT
Y mientras tanto, el PIT-CNT asiste a esta ejecución sumaria con la conmovedora dignidad de una estatua de sal, atrapado en una crisis mística de categoría internacional: ¿salir a defender al camarada perseguido o mirar fijamente hacia el horizonte para no incomodar al compañero ministro?
El silencio cómplice de la central obrera es tan ruidoso que parece una sinfonía de la hipocresía.
La lección disciplinaria
Al final del día, el cese fulminante de Carlos Piedra, por la omisión del deber de callarse la boca y dejar que “cocinen” al afiliado, deja una enseñanza pedagógica insuperable para el resto de la fuerza: en el ministerio se puede hablar de absolutamente todo, menos de la ineptitud de los jefes.
Aunque todos los días los informativos la expongan impúdicamente con los “ajustes de cuentas” de la jornada.
Y si vas a tener la osadía de presidir un sindicato policial bajo una administración de izquierda, recordá que la sagrada teoría de los derechos sindicales viene siempre con un asterisco de dimensiones bíblicas que reza: “Aplíquese exclusivamente a camaradas con el carné ideológico sellado; los policías que osen pensar, reclamar o sobrevivir, derecho al ostracismo administrativo con un futuro estrictamente Negro”.
La OIT grita: “¡Salvajes, al sindicalista no se lo toca!”. Y el ministro de Trabajo se esconde detrás del cuadro de “Pepe” D’Elía.
Libertad sindical selectiva
Disciplina policial jerárquica
Obediencia política institucional
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