Satirical editorial scene about Félix Ulloa, Uruguay and contrasting public security models.

CUMBRE EN LA TORRE EJECUTIVA

Una mirada irónica al contraste entre el modelo Bukele y las contradicciones uruguayas en seguridad, cárceles y narcotráfico.


Cumbre en la Torre Ejecutiva
La izquierda arqueológica ofrece sus restos y Ulloa les regala una masterclass de realismo mágico carcelario
Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

En una jornada que pasará a los anales de la alta diplomacia y del humor absurdo, la Torre Ejecutiva fue escenario de un cónclave de proporciones épicas.
Nuestro excelentísimo presidente, su secretario y el desorientado ministro del Interior recibieron con bombos y platillos al vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa.
Movidos por una profunda vocación humanitaria —y quizás por los sudores fríos que les provocan los informes lapidarios de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la CIDH sobre el trato a los reclusos de las maras—, las autoridades uruguayas decidieron jugarse el comodín de la solidaridad regional de izquierda arqueológica.
Con hidalguía, la comitiva nacional le ofreció al salvadoreño la oportunidad de exportar el codiciado «modelo de seguridad nacional uruguayo», enviando a sus máximos técnicos para enderezar el rumbo centroamericano.
El vicepresidente Ulloa agradeció, enternecido, el generoso ofrecimiento de los restos de esta izquierda sudamericana, pero se vio en la obligación de poner paños fríos: advirtió que su pueblo, que respalda con un coqueto 90 % la gestión del presidente Nayib Bukele, es sumamente nacionalista y conservador de sus propias experiencias, por lo que difícilmente aceptaría la arqueológica oferta oriental.
Es más, con absoluto respeto, Ulloa tiró la chancleta metafórica al señalar que los casi 18.000 presos uruguayos vivirían de lujo absoluto en las cárceles «cinco estrellas» de Bukele, abandonando de una vez por todas el hacinamiento inhumano de las orientales, donde —con el debido permiso— «se les trata peor que a los peores animales».
Difícilmente los salvadoreños, añadió, tengan la vocación de volver a dejar sus barrios en manos de mafiosos dueños de pasajes marginales y espacios públicos; todo ello sin dejar de felicitar al gobierno por el titánico Plan Más Barrio, que ya mandó a Cerro Norte una retroexcavadora a tirar covachas, arreglar dignísimas chapuceras de lata y nylon y liberar un par de pasajes peatonales… justo para que entren esas prehistóricas anfibias que pretenden usar como parapeto y que, por lo visto, no sirvieron de mucho cuando un centenar de barras de Peñarol los corrió a piedrazos.
Para aplaudir de pie, Ulloa destacó que la exitosísima acción policial de «Negro» demoró apenas dos meses en capturar a los cinco delincuentes que tuvieron la brillante idea de secuestrar un ómnibus para llegar a tiempo a la cancha de Danubio. ¡Una hazaña digna de Hollywood!
Pero el banquete irónico no había hecho más que empezar.
Ulloa se puso creativo y agregó que la seguridad autóctona brilla tanto que llevan apenas tres narquitos que eran custodiados pulcramente para sus amenos encuentros sexuales y sociales por el mismísimo jefe de Policía, un detalle menor que, al parecer, ignoraba olímpicamente el actual director de Inteligencia de izquierda cuando era jefe en Montevideo.
¡Y ni hablar de la exitosa expatriación autopercibida como fuga de Rocco Morabito!
Sin gastar un solo peso del Estado y con una inteligencia digna de espías de cabotaje, apagaron las cámaras de la cárcel, abrieron la puerta y lo invitaron a comer una buena pizza en Punta Carretas antes de «embromarlo» para que se fuera a Brasil, donde finalmente lo atraparon policías en serio. ¡Una proeza de gestión!
Maravilloso también resulta ver cómo esta justicia, tan conservadora de los derechos humanos de los delincuentes, cierra en tiempo récord la negociación con un «perejil» que blanquea guita, evitando con elegancia retener al verdadero dueño del cambio para el que trabaja —intercambiando divisas por plata limpia— y optando sabiamente por esperarlo a que regrese de sus vacaciones para no importunarlo.
Lamentablemente, semejante maniobra de alta escuela de seguridad pública no fue comprendida por los blancos, quienes, con poca visión, le exigieron al pobre edil que devolviera el dinero «bien ganado» por una asesoría a distancia y por mantener al hijo entretenido fuera de la casa del lavador, evitando que la fiscal lo incriminara injustamente y descartando su participación en lo que sucedía detrás de la puerta secreta.
Hacia el final, al borde de la lágrima y con el corazón en la mano, Ulloa agradeció la generosa oferta de asesoramiento y les dejó las puertas abiertas de El Salvador: sugirió que, el día de mañana, cuando Europa deje de importar merca y sean la sede de una conferencia internacional en defensa del narco en desgracia por estas latitudes, el país centroamericano estará encantado de recibirlos como refugiados.
Orsi, el Pacha y Negro quedaron perplejos, contemplando el horizonte y preguntándose qué base científica, astrológica o lisérgica tendría semejante apocalíptica y curiosa teoría del fracaso de su Plan de Seguridad, a la que se refirió el amigo salvadoreño.

Seguridad y sátira
Modelo Bukele
Contradicciones uruguayas

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