Two people at a public demonstration holding a rainbow flag, with political and identity symbols visible.

Cuba: del Hombre Nuevo al wokismo oficial

El régimen que persiguió disidentes, religiosos y homosexuales aprendió a reciclar su lenguaje sin renunciar al control político.

En nuestras últimas notas hemos procurado encontrar respuestas a algunas de las cosas, que en estos tiempos que corren, no parecen de fácil comprensión.
Nos planteábamos, cómo la izquierda adoptó el wokismo, y cómo, a su vez, se produce el nudo entre el islamismo, la izquierda y la cultura woke.
La dificultad probablemente responda a la asociación entre la izquierda y el socialismo real.
En efecto, recordábamos a las eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) que operaron bajo la atenta mirada de Che Guevara entre 1965 y 1968, año en que fueron disueltas(?) oficialmente.
Estos campos de trabajo tenían la función de reeducar a los internados.
¿Y por qué reeducar?
Simple: para quebrar su resistencia y hacerlos funcionales al sistema comunista.
Desde la mirada del poder, estas personas eran consideradas antisociales y debían ser sometidas a ese proceso de reconfiguración.
Fueron miles los sometidos a ese disciplinamiento, que además de «ayudar» a esos pobres extraviados a encontrar la luz y la verdad, los usaba como mano de obra esclava para cortar caña de azúcar.
El régimen los presentaba como una oportunidad, que generosamente se daba a estas personas, para reformarse y contribuir económicamente al país
¿Qué conducta delataba a un individuo como «antisocial»?
Los ejemplos son variados: la disidencia política expresa, pedir un pasaporte (denotaba el deseo de irse del país), disidentes religiosos, homosexuales…
Así, miembros de la Juventud Católica y seminaristas, fueron detenidos e internados, junto con los de otras iglesias cristianas y practicantes de religiones afrocubanas.
Todos rechazaban el ateísmo de Estado o se negaban a usar armas y a honrar los símbolos nacionales, como los Testigos de Jehová.
La reeducación consistía en hacerlos trabajar durante doce horas bajo el sol implacable, y luego asistir a clases de «concientización». Los que no soportaban el ritmo eran castigados. Se les suprimía el agua y se les obligaba a los tristemente célebres plantones bajo el sol.
A aquellos que su espíritu de resistencia los impulsaba a no aceptar la educación política se les conocía como «los plantados».
Huber Matos (1918-2014) pasó veinte años en las cárceles de Castro.
Armando Valladares (1937- ) sufrió veintidós. En su autobiografía titulada «Contra toda esperanza», describe las torturas de las celdas tapiadas.
Imagine el lector lo que puede ser permanecer en un espacio mínimo en total oscuridad, con un balde para usar como excusado, sin clase alguna de ventilación, ¡durante años!
De este modo pretendían formar el Hombre Nuevo.
Un modelo pergeñado por Guevara, pretendidamente superior al del Homo sovieticus. Un hombre nuevo, que trabajara movido por el orgullo a su revolución, y siempre dispuesto a inmolarse por la causa. Un experimento de ingeniería social basado en el miedo y el cercenamiento de la libertad individual que, en su esencia, no era muy diferente al de la URSS, aunque persiguieran modelos distintos. Y con climas antipódicos: el frío del Gulag y el calor sofocante. Además, los soviéticos no pretendían rebeldes barbados, sino súbditos conformistas.
Ambos estaban basados en regular estrictamente la instrucción infantil mediante la apropiación de los niños por el estado, común a todos los sistemas totalitarios.
Aunque el experimento de reseteo más brutal fue en Camboya. Lo hizo Pol Pot y su Khmer Rouge. No quería reformar, sino sustituir. Y eliminó dos millones de personas, por causas como hablar un idioma extranjero o usar lentes (era síntoma de burguesía), y ni que decir, por tener un título universitario.
Comparada con la experiencia camboyana, la cubana parece llevadera.
Pero es que siempre puede haber un horror mayor.
¿Cómo Cuba, que mantiene el mismo régimen comunista represivo pasó a autorizar el llamado «matrimonio igualitario», o sea, entre homosexuales?
En mayo de 2008 se celebraba en Cuba el Día Mundial Contra la Homofobia.
Hecho que se ha venido repitiendo año tras año.
La iniciativa del festejo cubano correspondió a la hija de Raúl Castro.
Mariela Castro es diputada y directora del Centro Nacional de Educación Sexual, desde donde impulsó, también, la financiación estatal de las operaciones transexuales.
¿Será este un síntoma de un cambio de orientación del régimen, o una forma de acomodarse al wokismo de los tiempos, sin tocar la estructura?

La reeducación como instrumento de control totalitario.
El Hombre Nuevo como ingeniería social.
La adaptación woke sin cambio real de poder.

Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica.

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