El debate sobre las transferencias sociales enfrenta dos concepciones opuestas del Estado: la administración con un fin específico de los recursos públicos y el uso político de la asistencia.
LA CONFUSIÓN INTENCIONAL
El dinero del contribuyente NO es de libre disposición
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
¡Hay que poner las cosas en su lugar y hablar con claridad meridiana!
Se ha pretendido enfocar mal el razonamiento sobre las transferencias sociales, queriendo ver en la reflexión del ministro socialista Gabriel Oddone una defensa de que cualquiera gaste en lo que quiera.
¡De ninguna manera! La realidad es exactamente la contraria: se oculta maliciosamente que estamos hablando de recursos sacados del bolsillo del contribuyente mediante impuestos, dinero que la sociedad destina con un fin sagrado, imperativo y excluyente, que costó mucho esfuerzo producir: combatir y erradicar la pobreza infantil.
Aquí no estamos discutiendo el dinero bien ganado de libre disposición, el que un ciudadano se gana con el sudor de su frente comprándose un whisky si le place. Estamos hablando de fondos públicos, de esfuerzo fiscal colectivo. Pretender que una asistencia financiada por toda la sociedad se despiste en consumos ajenos al objetivo de rescatar a un niño de la miseria es una falta de respeto al trabajador que paga sus tributos todos los meses.
Por otra parte, hasta ahora raro en el ministro Oddone, ponerse de militante radical y engañar al oyente, confundiéndolo, entreverando el dinero propio de libre disposición, con el destinado políticamente con un fin social concreto.
El Relato del Miedo y la Extorsión Clientelista
Por si fuera poco, cuando dirigentes como Fernando Pereira salen a advertir impúdicamente que si la izquierda no gobierna los pobres y los trabajadores estarán peor, porque se les exija la contraprestación de enviar a sus hijos a la escuela cuando se les entrega dinero para defender la minoridad, comete un acto de profundo clientelismo político.
Tratan de hacer creer que la gestión austera, seria y eficiente del dinero público es un atentado contra los humildes, cuando lo verdaderamente insensible es dilapidar los recursos en estructuras partidarias en lugar de asegurar que el pan y la educación lleguen a la infancia; y peor, hacer apología electoral con recursos que se les confisca a los trabajadores presuntamente con destino a la niñez carenciada.
Esa advertencia fatalista no es más que una extorsión electoral: buscan domesticar la conciencia del ciudadano, atando su supervivencia a la continuidad de un partido en el poder; algo propio de totalitarios.
¡Eso subestima a la gente! Los uruguayos no quieren ser rehenes de ningún aparato político; quieren un Estado honesto que administre cada peso con rigor quirúrgico y que la solidaridad impuesta por el gobierno no sea para el fomento de vicios ajenos al interés colectivo de proteger a los menores.
La Pobreza se Combate con Trabajo, Educación y Sentido Común
Como bien enseña el análisis sociológico de Javier Auyero sobre los mecanismos de patronazgo, el asistencialismo mal entendido se convierte en una cadena de dependencia que destruye la libertad republicana.
Las transferencias deben ser herramientas transitorias de emergencia para asegurar el punto de partida de un niño, no para financiar vicios ni para armar “chacritas” electorales.
El Uruguay productivo, el del sentido común y la libertad, siempre exigió lo mismo: ¡a trabajar, a estudiar y a producir! No hay atajos demagógicos que valgan cuando de lo que se trata es de levantar el país sobre bases firmes y honradas.
El Espejismo Demagógico frente a la Realidad Fiscal
Mientras la izquierda recae en regresismo clientelista, tratando el dinero del contribuyente, al que cada vez se le somete a mayor exacción, como ingreso de libre disponibilidad. El sentido común exige dar a los recursos públicos una utilización exclusivamente para superar la pobreza infantil, que algunas veces tiene su origen en la prodigalidad de aquellos que los tienen a su cargo.
Advertir, como lo hizo Pereira que sin su partido en el poder los pobres están condenados, es el criterio de aquellos que se asumen dueños del dinero de todos. Exigir eficiencia, trazabilidad en el destino del dinero que debe recuperar a niños carenciados, implica también un respeto al esfuerzo de los que lo producen, que no son esclavos del sistema.
Perpetrar la dependencia clientelar y el voto cautivo es propio de dirigentes mafiosos y dictatoriales. En su opuesto están los que piensan emancipar al ciudadano mediante educación, trabajo y libertad responsable, es lo que, al contrario, quieren un país mejor para todos.
¡Despertemos de una vez por todas!
No nos equivoquemos de andarivel: el dinero que aporta el contribuyente no está para financiar libertades individuales de consumo ajeno, sino para cumplir una altísima misión republicana: erradicar la pobreza infantil.
Quien intenta usar la asistencia como moneda de cambio electoral o pretende, otra vez, asustar a la ciudadanía con falsos desamparos está traicionando el verdadero espíritu de la justicia social.
¡A administrar con rigor, a combatir la pobreza de verdad y a dejar que los uruguayos sigan adelante con su propio esfuerzo y libertad de decisión!
Responsabilidad fiscal
Clientelismo político
Pobreza infantil
Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica
Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal
Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.
Cuenta Prex: 13440

