Portrait of a middle-aged man with glasses and a serious expression, wearing a beige suit and black tie, seated at a desk in a formal setting, associated with Cold War espionage activities.

El espionaje nativo latinoamericano en el contexto de la Guerra Fría.

El caso uruguayo como estudio de la infiltración ideológica y operativa del bloque soviético en América Latina.

En «El Arte de la Guerra», Sun Tzu, 500 años A.C. clasifica cinco tipos de espías.
A saber: el espía nativo, el espía interno, el doble agente, el espía liquidable, y el espía flotante.
Aclara, aunque no parece necesario, que:
«Los espías nativos se contratan entre los habitantes de una localidad».
Ninguno de esos agentes tiene escrita en la frente la palabra espía.
Son personas con las que se convive a diario, con las que compartimos el tabajo o la amistad.
Personas comunes y corrientes.
Y agrega el gran estratega que:
«a nadie se les otorgan recompensas tan grandes como a ellos, ni hay asunto más secreto que el espionaje».
A sus espías exitosos, la URSS los nombraba «héroes de la Unión Soviética».
Al mismo tiempo, condenaba severamente al espionaje hecho en su contra.

ESPÍAS CON NOMBRE Y APELLIDO
Rarach

En 1960 el Ministerio de RREE checoslovaco invitó a tres periodistas uruguayos a pasar unos días en Praga.
¿Por qué invitar periodistas?
Porque solo bastaba hacerles una muestra selectiva de la «realidad» del sistema.
Por eso fueron recibidos y guiados por un diplomático que estaba de servicio en el Ministerio.
Se trataba de Vlastimil Veselý quien colmó de atenciones a los tres visitantes.
Cuando alguien es bien recibido y atendido se genera una deuda de gratitud.
La forma de retribuirla es hablar bien del anfitrión, y estos periodistas escriben.
Los tres invitados en cuestión eran José Ceranti, Héctor Nicolás Menoni y Leónidas Piria.
Todos miembros de la Asociación de la Prensa Uruguaya.
Ceranti incluso llegó a presidirla.
Como el diplomático checo viajaría a Montevideo, les pidió sus datos para ponerse en contacto con ellos.
De modo que cuando fue destinado a la embajada en Uruguay y se enteró de que Menoni trabajaba en la United Press, se lo propuso como objetivo.
El diplomático, que era capitán de la StB, y actuaba para el servicio de inteligencia checo bajo el nombre de «Vlasák», vio que no se había equivocado, cuando Menoni le dijo, que no sería bien visto por los norteamericanos que alternara públicamente con él.
Por supuesto Menoni (que para el servicio checo pasó a apodarse provisoriamente «Rak») era un admirador de la revolución cubana y pro socialista.
La relación se profundizó durante la crisis de los misiles cubanos en 1962.
Menoni pasaba información a su «amigo» de la embajada, que extraía de la documentación que llegaba a la Agencia y de otros colegas de su amistad.
También hizo un listado con los nombres de los periodistas pro norteamericanos
Por ahora se le recompensaba con cigarrillos (era un fuerte fumador).
El día que aceptó dinero y firmó un recibo cayó en el lazo.
Fue reclutado ahora con el seudónimo de «Rarach».
No solo entregaba el tipo de noticias que la agencia norteamericana recibía, pero no publicaba, sino que se dedicaba a anotar los números de matrícula de los coches de la policía, que observaba desde su ventana enfrente a la Jefatura.
Con el tiempo llegó a ser el jefe de la agencia y, por tanto, tenía acceso a materiales secretos, como por ejemplo, la creación de una unidad asesorada por un oficial de la CIA para combatir a los tupamaros.
Más adelante, entregó al agente checo la cinta grabada del interrogatorio a Dan Mitrione anterior a su asesinato por los tupamaros en agosto de 1970.
La cinta había sido enviada por el movimiento sedicioso a dos agencias de noticias que, a su vez, las derivaron a la policía, pero que no tuvieron estado público hasta meses después.
La KGB se enteró antes, gracias a Menoni.
También facilitó fotocopia del interrogatorio al fotógrafo policial Nelson Bardesio secuestrado y torturado por los tupamaros, documento que fue tratado en forma similar que lo de Mitrione.
En el 75 se le pagaron 200.000 pesos por concepto de «gastos».
Así, pasó informaciones sobre la XI Conferencia de Ejércitos Americanos en Montevideo, un memo del presidente uruguayo sobre la Junta militar, e informó sobre la actuación y equipamiento de los servicios uruguayos de contrainteligencia, en otros aportes.
Todo esto se encuentra rigurosamente documentado en los documentos de la StB desclasificados.
Pero la situación política había cambiado y tanto los checos como los espías temían ser descubiertos.
Así, el agente comunista le sugirió que pidiera un traslado.
En el 76 la United Press lo destinó a Venezuela.
La rezidentura en Uruguay, como llamaban a la células de inteligencia que clandestinamente insertaba la StB en las embajadas checas, fue cesada en 1977.
Desde Venezuela, Menoni siguió trabajando para la StB, por lo menos hasta 1985.

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