Cracked clay statue beside open archival drawers filled with secret documents in a dark, sober room.

EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS CARIBEÑAS – Capítulo V

De los Escribanos de la Sombra y el Desnudo de los Ídolos de Barro

Aconteció, lector, que mientras los pueblos del Sur bailaban al son de la flauta del Caballero de la Barba, otros hombres, más discretos y menos elocuentes, se dedicaban a la monacal tarea de anotarlo todo.
Eran los escribanos de la sombra, agentes de la StB checoslovaca y otros servicios de allende el Telón de Acero, hombres que sabían que la mejor manera de poseer a un hombre no es convencerle, sino tener su debilidad documentada.
Los archivos que Yofre desentierra con la pericia de un arqueólogo de la miseria humana, nos revelan que la "revolución" no era un rapto de idealismo, sino una oficina de contabilidad del caos.
En Montevideo, Buenos Aires y Santiago, la vesania cubana se servía de estos burócratas del espionaje para convertir a los hombres de letras en hombres de paja.
¡Válgame Dios, y qué triste espectáculo es ver a un intelectual vendiendo su pluma por un viaje a la Habana o por una palmada en el hombro de un comisario político!
No hay vanidad más barata que la de aquel que cree que está haciendo historia cuando solo está sirviendo de tonto útil para un sistema que le desprecia.
Los documentos revelan con una sevicia técnica cómo se planeaba el desabastecimiento y el desprecio por la clase media.
Se leía en los informes que era menester "agudizar las contradicciones", que no es otra cosa que echar sal en la herida del pobre para que el dolor le impida ver quién es el verdadero cirujano.
El objetivo era que el productor de bienes, el dueño del pequeño comercio, el hombre que con su ahorro mantenía a su familia y el equilibrio de la nación, se sintiera como un leproso en su propia tierra.
Porque para el totalitarismo, un ciudadano independiente es un insulto, y un ciudadano hambriento es un súbdito.
"La verdadera tragedia de la mentira política no es que el pueblo la crea, sino que el gobernante termina por creer que el pueblo es tan estúpido como él necesita que sea."
En este capítulo de nuestra historia, vemos el desnudo de los ídolos.
El "Che", ese místico del paredón, aparece en los papeles no como el santo de las camisetas, sino como un estratega fallido que veía en los campesinos del Sur meros peones para su ajedrez de sangre.
Y Chávez, el heredero de la chequera de oro negro, surge como el gran comprador de conciencias.
Los archivos muestran el rastro del dinero: bolsos que pesan paquetes de dólares, que cruzaban fronteras silenciosamente, fondos destinados a huelgas que no buscaban el bienestar del obrero, sino el colapso de la democracia.
Uruguay, en su inocencia de "Suiza de América", fue el escenario de una de las infiltraciones más sutiles.
Se nos revela cómo se crearon facciones dentro de los partidos, cómo se financió la política de "blanco o negro" para que los hermanos dejaran de hablarse.
Se quería que el ciudadano medio, abrumado por la falta de lo esencial y el ruido de la metralla, terminara por pedir "orden", aunque ese orden fuera el del cementerio, el de la cárcel o el de la desesperación por un pan o un huevo.
La sevicia contra los más pobres fue absoluta.
Se les prometió el cielo mientras se les confiscaba hasta la última esperanza.
Los archivos de Yofre, demuestran que nunca se buscó su redención, sino su dependencia de un matón a sueldo.
Un pueblo que depende de una tarjeta de racionamiento para comer es un pueblo que ha perdido la capacidad de decir "basta".
Y esa, lector, es la victoria suprema de la tiranía: no el silencio de los muertos, sino la obediencia esclavizada de los vivos.
Pero, ¡ay!, que el destino tiene sus propias vueltas de tuerca. Aquellos archivos que debían ser quemados para borrar el rastro de la infamia, sobrevivieron en los sótanos de Praga y en las cajas olvidadas de los servicios de inteligencia.
Yofre los ha tomado y, al hacerlo, ha convertido el engaño en evidencia.
El retablo de las maravillas caribeñas se nos muestra hoy como lo que siempre fue: una tramoya de cartón piedra sostenida por la ambición infame de unos pocos y la ceguera incentivada de muchos.
¿Qué sucedió cuando estos planes de infiltración chocaron con la realidad de un pueblo que, a pesar de todo, se negaba a morir?
¿Cómo fue el despertar amargo de aquellos que, tras haberlo dado todo por la "causa", descubrieron que solo habían sido los instrumentos de una tiranía extranjera?
No os apartéis de esta lectura, pues en el capítulo final veremos el ocaso de los dioses de barro y la lección que el pasado le deja al presente, antes de que la tinta se seque y la historia dicte su sentencia definitiva.

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