Cuando llegan al gobierno los que baten récord de corrupción
LOS FALSOS CUSTODIOS DE LA MORAL
Cuando llegan al gobierno los que baten récord de corrupción
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Existe un fenómeno recurrente en la política contemporánea que desafía la lógica democrática: la contradicción entre el discurso de la pureza ética y la realidad del ejercicio del poder.
Las fuerzas políticas autodenominadas progresistas o de izquierda han construido históricamente su legitimidad sobre un altísimo “pedestal moral” y “defensa de los más desafortunados”.
Se presentan a sí mismas como las abanderadas de la justicia social, la erradicación de los privilegios, la defensa de los sectores vulnerables y la lucha frontal contra la corrupción de las élites tradicionales.
Sin embargo, cuando estas formaciones alcanzan el gobierno, el relato de la ejemplaridad choca con una cruda realidad: redes de desvío de fondos, enriquecimiento ilícito, clientelismo y tramas de corrupción que se extienden desde el corazón del Estado hasta los círculos más íntimos del poder.
Más grave aún es comprobar cómo, ante semejantes evidencias, amplios sectores de estas administraciones parecen inmunes al desgaste, respondiendo con una indiferencia pasmosa ante lo que muchos ciudadanos perciben como una rampante CORRUPCIÓN (RAE: Acción y efecto de corromper o corromperse (sinónimos: putrefacción, descomposición, degeneración).
Práctica ilícita en organizaciones, especialmente públicas, usando funciones en provecho propio (sinónimos: soborno, cohecho).
Alguno, luego penalmente responsabilizado llegó a espetar: “Si es de izquierda no es corrupto”, con la bárbara interpretación de que robar al que se esfuerza por mejorar lo social está ideológicamente justificado.
Brasil: El «Mensalão» y el colapso de la mayor trama continental
El Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil llegó al poder bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva prometiendo sanear la política nacional. No obstante, las estructuras del Estado terminaron siendo utilizadas para articular redes de corrupción sin precedentes:
El Mensalão (2005): Un esquema sistemático de compra de votos de legisladores en el Congreso para garantizar la gobernabilidad y la aprobación de las leyes al servicio del Ejecutivo.
Operación Lava Jato: La petrolera estatal Petrobras se convirtió en la caja negra del partido. Grandes constructoras pagaron coimas multimillonarias a directores y partidos aliados a cambio de contratos inflados, un entramado que derivó en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y en la condena judicial —posteriormente anulada por cuestiones procesales— del propio Lula.
Venezuela: La «Captura del Estado» y el saqueo petrolero
En Venezuela, la «Revolución Bolivariana» prometió erradicar los vicios del pasado bajo el estandarte del socialismo. El resultado fue: la destrucción sistemática del país y la expatriación de más de 8 millones de venezolanos:
El desfalco a PDVSA: La industria petrolera, que generaba más del 90% de los ingresos de la nación, sufrió un vaciamiento criminal a través de empresas fantasma y testaferros.
La trama PDVSA-Cripto (2023): La revelación de la desaparición de más de 20.000 millones de dólares evidenció que la corrupción dejó de ser un problema administrativo para convertirse en la causa directa de la catástrofe humanitaria, la hiperinflación y el éxodo forzado de millones de venezolanos.
Argentina: Los «Cuadernos de las Coimas» y la Obra Pública
Durante los gobiernos kirchneristas, el relato oficial se blindó tras la defensa de los derechos humanos y la distribución de la riqueza, mientras operaba un sistema paralelo de recaudación ilegal:
Los cuadernos de las coimas (2018): Registros detallados de un chofer del Ministerio de Planificación que documentaban el traslado de bolsos con millones de dólares en efectivo entregados por empresarios a cambio de contratos viales y de obra pública.
La Causa «Vialidad»: Cristina Fernández de Kirchner, presidente y expresidente de la República en reemplazo de su marido que abrazaba cajas fuerte, fue condenada por 16 magistrados, por administración fraudulenta e impedida de participar otra vez en política, consolidando una red de causas judiciales que mantienen procesados a múltiples exfuncionarios de alto rango y confiscaciones de millones de dólares a ellos y sus descendientes.
España: Del «Caso ERE» al entorno íntimo de Moncloa
En España, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha enfrentado duros golpes a su credibilidad ética, tanto en el ámbito regional como en el propio núcleo del Gobierno central:
El Caso ERE en Andalucía: El desvío de al menos 680 millones de euros destinados a trabajadores desempleados y empresas en crisis para crear una red clientelar, derivó en la condena por malversación y prevaricación de expresidentes de la Junta como Manuel Chaves y José Antonio Griñán.
El entorno presidencial y el Caso Koldo: Las investigaciones judiciales que salpican a la esposa del presidente del gobierno español, Begoña Gómez (por tráfico de influencias), a su hermano David Sánchez (por presuntas irregularidades en su cargo directivo en la Diputación de Badajoz), y la trama de comisiones ilegales en mascarillas liderada por el exasesor Koldo García en torno a exministros clave del partido.
La gestión de estas crisis ha estado marcada por una estrategia de resistencia donde la dimisión o la asunción de responsabilidades políticas brillan por su ausencia. Pero, todo llega a su fin, y Sánchez tuvo que llamar a elecciones anticipadas por la debacle de corrupción y vaciamiento del Estado Español.
Uruguay: El hito de la condena vicepresidencial y las sombras en el Ministerio del Interior
El Frente Amplio en Uruguay, que también hizo de la honestidad republicana una de sus principales banderas, no estuvo exento de fracturas éticas profundas:
El caso de Raúl Sendic: Vicepresidente de la República y expresidente de la petrolera estatal ANCAP, cuyo uso sistemático y personal de tarjetas corporativas para compras de índole privada lo obligó a renunciar en 2017.
Posteriormente, la Justicia uruguaya lo condenó formalmente por abuso de funciones y peculado, marcando un hecho inédito en la historia democrática del país: el primer vicepresidente condenado por corrupción.
Las sombras en el Ministerio del Interior (Gestión Bonomi): La permanencia prolongada de Eduardo Bonomi al frente de la cartera de seguridad estuvo marcada por denuncias recurrentes de redes de corrupción, desvíos de fondos en servicios policiales y manejos irregulares en dependencias del Estado, cuyos expedientes y presuntas tramas permanecieron durante años bajo la morosidad y estudio de la Fiscalía, evidenciando un fuerte blindaje político institucional.
Fugas increíbles de narcos sin custodia son ejemplos paradigmáticos.
No obstante, algún fiscal se salva, y el caso del ex Director General de Secretaria del Ministerio denunciado por servirse del Hospital Policial para sus intereses, continúa en proceso.
La inmoralidad rampante y la pérdida de la vergüenza política
Lo que une a todos estos casos a nivel global no es únicamente la comisión de delitos de corrupción, sino la absoluta falta de pudor y la normalización de la bajeza por permanecer en el poder y ocultar el estupro a la Nación.
Cuando las fuerzas políticas basan su existencia en ser la reserva moral de la sociedad, cualquier desvío debería ser castigado con una implacable rendición de cuentas y la dimisión inmediata.
Sin embargo, la respuesta sistemática ante las pruebas y las imputaciones judiciales suele ser la descalificación de los jueces, el ataque a la prensa libre y la victimización.
Además de calificar soezmente desde el punto de vista liberal con adjetivos que le corresponden al agresor.
Esta actitud revela una preocupante degradación democrática: el cinismo institucional donde el poder ya no busca parecer honesto, sino simplemente blindarse, demostrando que la autoproclamada superioridad moral era, en muchos casos, solo una coartada discursiva para el usufructo del Estado.
Por suerte, la sociedad está despejando dudas y condenando burlas.
Superioridad moral y poder
Corrupción y aparato estatal
Responsabilidad política e institucional
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