De Nepote y Quevedo a Pandora, Eva y Cuba, un recorrido por la persistente tendencia humana a atribuir a otros la responsabilidad del fracaso.
Ese lindo bolero que dice: «Échame a mí la culpa / de lo que pase. / Cúbrete tú la espalda con mi dolor…», que cantara Lucho Gatica, es una ficción poética.
La realidad es que la culpa tiene una vocación unificadora: genera unanimidad, porque nadie quiere tenerla.
En el texto de Cornelio Nepote (110-24 A.C. aprox.), «De viris illustribus» (Sobre hombres ilustres) hace decir a uno de sus biografiados:
«Pues es costumbre de los reyes atribuir a los hombres los acontecimientos adversos y a su propia fortuna los favorables.
Y esta regia costumbre es muy humana, porque es habitual incorporar el éxito al mérito propio y externalizar el fracaso.
Don Francisco de Quevedo, en «La Fortuna con seso y la hora de todos», una de sus obras satírico-morales vuelve sobre ese tema.
El texto dice: «Y aquel que recibe y hace culpa para sí lo que para sí toma, se queje de sí propio, y no de la Fortuna, que lo da con indiferencia y sin malicia».
La idea de Quevedo aquí, es muy precisa, porque la fortuna no es responsable moral de lo que el hombre hace con aquello que recibe. Si el resultado se convierte en culpa, la culpa pertenece al que recibió y obró.
El concepto no es el mismo del monólogo de Hamlet: «sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna…».
Aquí, el príncipe está acusando a la fortuna de agraviarlo.
Es como decir: la responsabilidad del infortunio está fuera de mí.
En Carmina Burana, Orff presenta a la Fortuna como una rueda que somete al hombre.
Quevedo dice que el hombre quiere atribuir a una causa externa (al caso, la mala suerte) lo que debería imputarse a su obrar.
Y esa negativa a asumir la responsabilidad de la culpa se eleva a la enésima potencia cuando se trata, nada menos, que de la responsabilidad de todos los males del mundo.
Pandora
Según Hesíodo, fue Pandora quien dejó salir los males del mundo.
Epimeteo cometió el error de aceptar de Zeus y tomarla como como esposa.
Con la dama se le obsequió una tinaja (o una caja).
Así, desoyó las advertencias de su hermano Prometeo, quien le había recomendado no aceptar jarras, cofres, o caballos de Troya regalados por Zeus.
Pandora, impulsada por la curiosidad que los propios dioses le habían otorgado, destapó el recipiente, liberando todas las desgracias, enfermedades y sufrimientos sobre la humanidad.
Lo único que quedó atrapado en el fondo al cerrarla fue la esperanza.
Erasmo de Rotterdam en su obra «Adagia» (1508), introduce dos cambios fundamentales respecto al mito clásico traduciendo erróneamente jarra por cofre. Además, hizo una reescritura, porque no adjudicó la responsabilidad a Pandora, sino a su marido Epimeteo.
Le pareció mejor, a efectos de su propósito de pintar la estulticia humana, el nombre de Epimeteo que se traduce como «el que piensa tarde».
En el mito original la esperanza quedó atrapada dentro de la tinaja cuando Pandora cerró la tapa antes de que pudiera escapar.
¿Y por qué la esperanza? Dicen que es lo último que se pierde…
Se ha discutido a lo largo de los siglos el significado de esta imagen.
Al quedar guardada bajo el borde del recipiente, la esperanza permanece a salvo.
¿Pero no hubiera sido mejor liberarla?
Otros, como Nietzsche, alegan que se trata del peor de todos los males, porque es hacer creer a las personas que su sufrimiento tendrá fin.
Después de todo, encerrada es inaccesible para el ser humano.
Eva
En la Biblia la figura de Eva guarda una gran similitud, porque junto a Pandora funcionan como las responsables de la desdicha humana.
Tanto Eva en el Génesis como Pandora en la cosmogonía griega son las primeras mujeres de la creación, modeladas a partir del barro por intervención divina directa.
No actúan por maldad, sino movidas por el deseo de conocer, descubrir o probar lo vedado. Pandora abre la vasija (o la caja) prohibida; Eva come del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Antes de ellas, el hombre vivía en un estado idílico, libre de enfermedades, vejez y fatiga.
Tras sus actos, el dolor, la muerte y la necesidad de trabajar penosamente la tierra se desatan sobre el mundo.
En ambos relatos, la mujer es presentada como el vehículo a través del cual la imperfección y la desgracia entran al paraíso del hombre.
Así como en el recipiente de Pandora permanece la esperanza, en la tradición bíblica subsiste la promesa de redención y la continuidad de la vida.
Ambos relatos muestran que la llegada de la mujer marca el fin de la edad dorada y el comienzo de todas las miserias.
En el Génesis, se ve con claridad el mecanismo de la transferencia de culpas.
Dios pregunta a Adán, si ha comido del árbol que le mandó que no comiese este responde: «La mujer que me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí».
Con esto no solo intenta adjudicar la culpa a Eva, sino indirectamente también a Dios, quien se la dio de compañera.
Entonces la pregunta divina se dirige a la mujer y ella dice: «La serpiente me engañó…», o sea, que la culpa es de la serpiente.
La mujer es presentada como el eslabón más débil de la cadena, lo que explica por qué el tentador se dirigió a ella y no a Adán.
Aunque este, a su vez, se dejó seducir por la voz femenina.
Todos van a ser castigados.
El hombre, comerá el pan con el sudor de su frente hasta que vuelva a la tierra: «pues polvo eres y al polvo volverás».
La mujer dará a luz a sus hijos con dolor y, además, Dios le ordena: «tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti».
Y si esto de intentar despegarse de la culpa y endilgarla a otro es así desde los primeros tiempos, ¿por qué en la actualidad debería de cambiar?
¿No es acaso moneda corriente en los enfrentamientos de la política?
Para abreviar pondremos un solo ejemplo.
El fracaso de la tiranía comunista cubana, su indigencia tantas veces denunciada por la valiente periodista Yoani Sánchez, no es culpa del régimen.
Cuando se trata de atribuir responsabilidades a la triste realidad del país, por parte de los capitostes del gobierno isleño o de sus innúmeros corifeos dispersos por el mundo, ¿qué es lo que responden sincrónicamente?
La culpa es, ¡del bloqueo!
Transferencia de la culpa
Mito y responsabilidad
Culpa en la política
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