Crónica de un contraste inevitable entre la rentabilidad del poder político y las cargas que enfrenta el ciudadano productivo
DEL ESTADO TE CUIDA AL ESTADO TE ASFIXIA
Crónica de un Contraste Inevitable
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
«Si yo te dijera que en mi país una persona, de cualquier sexo, sin ningún estudio formal, sin referencias laborales, y hasta con antecedentes penales graves, puede acceder a un cargo con una retribución mensual de US$ 10.000, que incluye viajes sin costo con viáticos incluidos, que puede incorporar sus familiares y afectos con un buen salario a su orden…»
La descripción no pertenece al plano de la ficción ni a la sátira distópica; retrata con quirúrgica precisión el incentivo más perverso de quienes se saben ineptos para triunfar en la vida, desarrollan una salvaguarda: vivir del Estado (o sea de los demás).
El estatismo contemporáneo ha hincado el diente parasitario en el tejido institucional de nuestras sociedades.
Cuando la política se convierte en el único negocio altamente rentable y exento de riesgo, la estructura de prioridades morales y económicas de una nación se invierte por completo.
El avance sistemático de la intervención estatal opera como una pinza implacable.
Por un lado, el fisco drena los recursos de la economía productiva mediante una voracidad tributaria insaciable; por el otro, el andamiaje regulatorio consolida privilegios corporativos, protegiendo a los grandes jugadores y clausurando los mercados de consumo genuino.
En ese escenario de asfixia, la aspiración ciudadana muta: el mérito, el ahorro y el riesgo empresarial, ceden su lugar al anhelo más seguro y lucrativo de capturar una prebenda en el aparato político-público.
La Peripecia del Ciudadano Común en el Mercado Laboral
Mientras la cúspide de la política dispensa rentas comparables a las de las altas burguesías internacionales a individuos carentes de toda idoneidad, el ciudadano común —y muy especialmente el joven que intenta abrirse paso de manera honesta— transita un calvario kafkiano para ganarse el sustento.
Las exigencias del calabozo burocrático para ingresar al mercado formal, el trabajador o el pequeño emprendedor deben sortear una muralla de certificaciones, habilitaciones y cargas sociales asfixiantes. Allí donde el cargo político no exige currículum ni limpieza de antecedentes, el mercado privado exige una rendición de cuentas implacable y castiga el error con la insolvencia.
Si el ciudadano logra producir e intercambiar valor, una porción escandalosa de su ingreso es confiscada para sostener la maquinaria estatal. Literalmente, su esfuerzo cotidiano financia los viáticos, los traslados y los sueldos de quienes integran la casta y sus círculos de afectos.
Atrapado entre un fisco depredador y mercados internos cada vez más cerrados por regulaciones a medida de los oligopolios, el esfuerzo genuino se vuelve una lucha de supervivencia contra un sistema diseñado para extraer rentas, no para permitir generarlas.
El Desafío de Trascender la Trampa
Unir ambas realidades deja al descubierto la naturaleza íntima del estatismo. No nos hallamos ante un mero desvío administrativo, sino ante un expolio; un mecanismo deliberado de transferencia de riqueza desde los que producen hacia los que mandan.
Frente a este orden de cosas, la resignación no es opción, ni lo es la espera de que nos alcancen dádivas de un poder que vive de esquilmar al prójimo.
La verdadera emancipación exige desertar intelectual y económicamente del juego prebendario.
Al huir de la estructura pesada del mercado intervenido, globalizar el talento a través de la economía del conocimiento y refugiarse en la hiperespecialización, y el avance de tecnología, el individuo recupera aquello que el estatismo pretende arrebatarle: la soberanía sobre su propio destino.
Estatismo y prebendas
Asfixia del ciudadano productivo
Soberanía individual
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