De la ruina francamente expuesta y la culpa ajena
¿Qué hubiera pasado en Cuba y en América Latina si Fidel Castro en lugar de adherir a la Unión Soviética, hubiera limpiado de corruptos Cuba y se hubiera alineado con los países libres del mundo?
¿Cómo hubiera sido el destino de América sin la grieta violenta que esparció Castro?
Para realmente aquilatar lo que costó la Cuba castrista al mundo americano, debemos entender la ucronía; cómo hubiera sido el desarrollo de la región y su integración al mundo libre; cuántas vidas se hubieran salvado; cuántas personas que vivieron procesos militares, de uno y otro lado, hubieran desarrollado una vida normal.
Este es uno de los «grandes interrogantes» de la historia moderna de América Latina.
Si Fidel Castro hubiera cumplido con su promesa inicial de restaurar la Constitución de 1940, limpiar las instituciones y mantener una alianza pragmática con Estados Unidos, el panorama geopolítico actual sería irreconocible.
Estimados lectores, les pido una licencia literaria, recorramos esa ucronía; imaginemos como un corresponsal del pasado que no fue, lo que nos hubiera gustado que hubiera sido Cuba, de su pueblo, y de nuestro Continente al caer Batista.
Salgamos de los relatos, sin baldes mentales esgrimidos en aras de una épica putativa que trocó la esperanza de libertad y calidad de vida, en tiranía, escasez de trabajo y de elementos vitales básicos.
Esa pandemia que aún pervive sigue marcando latidos asistólicos de pobreza en América Latina, un continente vaciado, viejo, inservible para que su gente viva dignamente de su trabajo, aprovechando sus fabulosas riquezas.
Con ese gastado, vetusto, y mentiroso relato pueblos enteros sucumbieron a elencos de mafiosos que sostienen una interpretación fabulada del marxismo.
Por eso, tenemos que soportar gobiernos de los más incapaces y corruptos, que usaron la vieja ideología multifracasada como argumento para esclavizarlos.
El Impacto en Cuba: «La Singapur del Caribe»
En 1959, Cuba ya era uno de los países más avanzados de la región en términos de indicadores sociales (salud, educación y consumo), a pesar de la desigualdad y corrupción política.
Superada las mafias, pudo aprovechar la cercanía con EE. UU.
Cuba se habría convertido en el centro financiero y logístico del Caribe.
El capital que huyó tras la revolución se habría quedado para modernizar la infraestructura, la logística y diversificar la producción.
En lugar de ser un destino congelado en el tiempo, Cuba habría competido directamente con Miami y Las Vegas, probablemente superándolas en influencia cultural y flujo comercial.
Si Castro hubiera sido un reformista liberal, Cuba hoy tendría un sistema pluripartidista, evitando décadas del dominio de un partido único.
Una Alianza Estratégica con EEUU
Si Fidel se hubiera acercado a Washington la dinámica de la Guerra Fría habría cambiado drásticamente:
Adiós a la Crisis de los Misiles: El evento que puso al mundo al borde de la aniquilación nuclear en 1962 nunca habría ocurrido.
La presencia militar soviética en el hemisferio occidental habría sido nula.
Una Cuba próspera y aliada a la libertad y al comercio habría tenido una presencia tan fuerte como la de Israel, dictando gran parte de la política exterior autonómica hacia el resto de América Latina.
El Efecto Dominó en América Latina
La Revolución Cubana fue el catalizador de la violencia de la izquierda radical en todo el continente.
Sin esa transferencia ideológica-terrorista la historia habría tomado el rumbo de paz:
Grupos como las FARC en Colombia, el FMLN en El Salvador, los Tupamaros en Uruguay, o los Montoneros en Argentina, hubieran perdido su principal fuente de entrenamiento, refugio, inspiración violenta, armamento y preparación para la confrontación por el poder.
Muchas de las dictaduras como la de Pinochet, la Junta Militar en Argentina, y el golpe de Estado en Uruguay, fueron el resultado de esa primera mecha encendida desde la Habana que dio lugar a la «Doctrina de Seguridad Nacional».
El enfrentamiento fue para evitar «otra Cuba» totalitaria, y la posibilidad de que las instituciones democráticas cayeran bajo la influencia de los Castro.
Sin esa amenaza, los militares no hubieran sido convocados a la guerra antisubversiva que superó a la policía.
Descubrir arsenales, folletos de adoctrinamiento, y levantamientos contra la paz pública, la institucionalidad pluri partidaria hubiera permitido la alternancia democrática que se dio posteriormente.
Esa división marcó a la sociedad, y segrega una separación intransigente hasta ahora.
La integración regional se habría centrado en el comercio; la decisión democrática de ideas convergentes en el interés nacional, hubiera adelantando décadas el crecimiento construyendo economías sólidas, que potenciaran una natural integración productiva y comercial.
Resumen Comparativo:
La economía cubana no hubiera estado atada a subsidios extraordinarios al precio del azúcar de la URSS, que trajo la devastó la vida de los cubanos cuando colapsó allá el marxismo aplicado.
El escenario alternativo hubiera creado un Hub de servicios, turismo y finanzas.
La política regional hubiera superado la “Guerra Fría” sin polarización ni guerrilla.
La estabilidad institucional en la región hubiera producido un crecimiento económico global potenciando el empleo, reducido radicalmente la pobreza que fue el relato falso que aún asola a sociedades ricas.
La consideración armónica entre adversarios políticos, hubiera permitido la participación de todo el espectro político unido discutiendo formas de desarrollo.
No se hubieran dado el gasto en armamento y el dispendio que demandó recursos en profundizar el conflicto, que pudo utilizarse en atención a los más infelices.
Geopolíticamente, Cuba no hubiera sido un satélite soviético.
Conformando el faro de libertad económica y crecimiento de trabajo privado que previniera contra falsos estereotipos de estatismo y socialismo.
Este ejercicio de historia contrafactual nos sugiere que América Latina podría haber evitado esas décadas sangrientas y la grieta que aún perdura.
Si la lucha era contra la mafia, no debió convertirse en ella.
El autoritarismo no admite disonancia, críticas, ni mide sus consecuencias dañinas.
Intenta justificar lo injustificable convirtiendo a una sociedad en delatora, cómplice, y venal, por un huevo o una gallina.
La lucha, en definitiva, debió ser entre la libertad, la corrupción y el despotismo.
Fue un dechado de maldad insolente contra el humanismo, y pudo ser lo contrario.
