Los monopolios estatales, la competencia, los centros de datos y la innovación tecnológica exponen nuevos desafíos para la infraestructura energética y el desarrollo económico en el Río de la Plata.
EL LASTRE MONOPOLICO Y OLIGOPOLICO
Las Anclas a la competencia, la Disputa Energética y el Desafío Asimétrico del “China Zorrilla”
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El análisis sobre cómo las estructuras concentradas obstaculizan el desarrollo económico no solo abarca a los monopolios tradicionales y las amarras normativas, sino que hoy choca frontalmente con nuevos desafíos de escala global y tecnológica: la presión sobre la matriz energética generada por los centros de datos (data centers) y las innovaciones disruptivas del sector privado que tensionan los mercados eléctricos de la región.
Joseph Schumpeter, aunque famoso por su concepto de «destrucción creadora», advirtió sobre el peligro de las estructuras empresariales estáticas.
En su obra, los monopolios o grandes oligopolios temporales pueden innovar, pero cuando se vuelven «vetustos» o institucionales, frenan el ímpetu de los nuevos emprendedores y obstaculizan el crecimiento sostenido a largo plazo.
Daron Acemoglu y James A. Robinson, en sus trabajos sobre instituciones extractivas e inclusivas (Por qué fracasan los países), argumentan que las élites económicas que operan mediante monopolios y oligopolios protegen celosamente sus privilegios mediante barreras de entrada institucionales.
Esto destruye los incentivos para la inversión generalizada de la sociedad y frena el crecimiento económico a largo plazo.
Al incorporar la perspectiva institucional y la gestión técnica reciente en Uruguay, la figura del ingeniero Alejandro Stipanicic (expresidente de ANCAP) aporta un caso de estudio clave sobre cómo operan las anclas monopólicas estatales y los desafíos de desmantelar estructuras oligopólicas o monopólicas arraigadas.
Stipanicic debió administrar y transparentar el funcionamiento de uno de los monopolios más emblemáticos del Uruguay (la refinación de petróleo y la importación de crudo y combustibles).
Desde una óptica liberal y de gestión técnica, su administración expuso con crudeza las contradicciones intrínsecas de estas estructuras:
Stipanicic señaló públicamente en reiteradas ocasiones que el monopolio de ANCAP fue utilizado históricamente —y en coyunturas críticas de precios internacionales— como un amortiguador fiscal o un mecanismo para contener artificialmente las subas de precios al consumidor («la espalda de ANCAP»), resignando márgenes financieros propios para evitar trasladar el costo real a la macroeconomía.
Advirtió sobre la contradicción institucional en la que operan los monopolios estatales, donde la falta de competencia genuina desincentiva las ganancias genuinas por eficiencia y traslada costos ocultos de ineficiencia estructural al conjunto de la economía productiva.
Uno de los aportes más significativos de su gestión fue haber impulsado activamente el fin de monopolios específicos de ANCAP en áreas logísticas clave para la competitividad del país:
Stipanicic propuso destrabar normativas vetustas que impedían a los barcos internacionales y aviones de tráfico internacional abastecerse libremente.
Argumentó con claridad técnica que el monopolio en la provisión de fuel oil y jet fuel restringía la operativa del Puerto de Montevideo y de las terminales aéreas, restándole atractivo logístico al país.
Con la implementación de los decretos reglamentarios que abrieron estos nichos a la competencia de privados, se demostró que fragmentar las «anclas monopólicas» periféricas mejora de forma directa la inserción internacional y reduce los sobrecostos sistémicos.
Desde una perspectiva cercana a la economía institucional, Stipanicic sintetizó uno de los problemas fundamentales de los monopolios estatales en Uruguay: la ausencia de un dueño real y medible.
Al rendir cuentas a ciclos políticos cambiantes cada cinco años y no a una asamblea de accionistas expuesta al riesgo de mercado, las empresas públicas tienden a consolidar inercias burocráticas y barreras corporativas que actúan como auténticas anclas al crecimiento de largo plazo.
Los Data Centers y el Límite Estructural a la Nueva Inversión
La llegada masiva de proyectos de infraestructura tecnológica y de inteligencia artificial requiere volúmenes colosales de energía eléctrica y conectividad avanzada. Sin embargo, en economías con alta intervención estatal monopólica y matrices energéticas centralizadas, la demanda de estos grandes centros de datos ha comenzado a actuar como un cuello de botella sistémico:
La prioridad asignada o el temor al colapso de la oferta eléctrica ante la altísima voracidad de los data centers genera un dilema regulatorio.
Las empresas estatales de energía, al operar bajo lógicas monopólicas, carecen de la agilidad de mercado necesaria para expandir la capacidad de generación al ritmo vertiginoso que exige la economía digital global.
Distorsionan políticamente la planificación de las inversiones de acuerdo a la demanda, y van degenerando, por su propia ineficiencia productiva en fomento de oligopolios de generación.
Cuando la disponibilidad de potencia se restringe para blindar el consumo interno o priorizar contratos sobredimensionados, las medianas y nuevas empresas sufren restricciones de acceso, pagando costos marginales más altos o enfrentando demoras burocráticas insalvables.
Una infraestructura rígida y estatizada frena la diversificación productiva y la llegada de capitales tecnológicos; y además impide, incluso entre Entes públicos la unificación de políticas para evitar los ciclos y cumplir con la demanda.
El Fenómeno del “China Zorrilla”: Innovación Privada y la Asimetría Energética Binacional
En la otra vereda, la irrupción del transporte marítimo de última generación —ejemplificada por el “China Zorrilla”, el ferry de gran porte impulsado por Buquebus— evidencia cómo la iniciativa privada desafía los paradigmas energéticos tradicionales en el Río de la Plata.
Esta embarcación opera mediante enormes bancos de baterías de iones de litio que demandan subestaciones de potencia masiva en las terminales portuarias (del orden de los 15 MW por puerto).
La asimetría en la recarga (Uruguay vs. Argentina):
Si bien el buque opera con propulsión 100% eléctrica y cero emisiones directas durante la navegación, su perfil ambiental real depende de dónde se conecte a la red, y en que las energías renovables consumen también energías fósiles para estabilizar su continuidad alternativa.
En Uruguay, la recarga se alimenta mayoritariamente de una matriz integrada y diversificada con fuentes renovables (a través de acuerdos con UTE), que consume un tamaño energético igual a toda la ciudad de Colonia.
En Argentina, en cambio, la infraestructura de suministro eléctrico (gestionada en el área metropolitana por redes como la de Edesur) parte de una matriz donde el abastecimiento energético corriente utiliza una proporción considerable de generación a base de energía fósil (gas natural y derivados), lo que evidencia las limitaciones estructurales para acompañar una transición limpia integral sin recurrir a compensaciones o fuentes convencionales.
Este contraste demuestra que, mientras la innovación privada impulsa tecnologías disruptivas de vanguardia global, su eficiencia ecológica y operativa termina topándose con las restricciones, regulaciones y diferencias estructurales de los mercados energéticos a ambos lados del río.
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