Modern container ship navigating the Río de la Plata with advanced electronic navigation systems at sunset

GPS, automatización y privilegios: ¿tiene sentido el sistema actual de prácticos en el Río de la Plata?

Durante más de un siglo, la figura del práctico de puerto fue considerada indispensable para la navegación comercial en el Río de la Plata.
En tiempos de cartas náuticas incompletas, comunicaciones precarias, niebla frecuente y escasos instrumentos de navegación, parecía lógico que un capitán extranjero dependiera de un especialista local para ingresar con seguridad a puertos complejos como Montevideo o Buenos Aires.
Sin embargo, el mundo cambió.
La navegación marítima contemporánea ya no depende de observaciones visuales, intuiciones artesanales ni referencias costeras improvisadas. Los buques modernos navegan mediante sistemas integrados de posicionamiento satelital, radares de alta definición, ecosondas digitales, cartas electrónicas actualizadas en tiempo real, sistemas AIS, pilotos automáticos inteligentes y centros de monitoreo costero capaces de seguir cada movimiento con precisión métrica.
En ese contexto, comienza a resultar legítimo preguntarse si el sistema actual de practicaje obligatorio en el Río de la Plata responde todavía a una necesidad técnica real o si se ha transformado, en gran medida, en una estructura corporativa heredada de otra época.
La pregunta no es menor.
En numerosos casos, los prácticos embarcan en buques equipados con tecnología infinitamente superior a la disponible décadas atrás, para cumplir una función que muchas veces se limita a acompañar formalmente maniobras que el capitán y los sistemas electrónicos ya podrían realizar con plena seguridad.
Mientras tanto, el costo del practicaje continúa siendo elevado y termina impactando sobre la competitividad de los puertos de la región.
El problema se vuelve todavía más evidente cuando se observa la enorme transformación ocurrida en otras áreas técnicas.
La aviación comercial, por ejemplo, evolucionó hacia sistemas altamente automatizados donde un avión puede despegar, navegar y aterrizar prácticamente solo bajo supervisión humana. Lo mismo ocurre con la industria energética, la logística y la propia navegación oceánica.
Paradójicamente, en ciertas zonas del Río de la Plata parecería mantenerse una lógica institucional propia del siglo XIX.
Naturalmente, nadie discute que existan situaciones excepcionales donde la experiencia local pueda aportar valor adicional. Condiciones meteorológicas extremas, dragados recientes, emergencias operativas o buques con características particulares pueden justificar asistencia especializada.
Pero una cosa es disponer de asistencia técnica específica y otra muy distinta es sostener sistemas monopólicos obligatorios, rígidos y extremadamente costosos, incluso en escenarios donde la tecnología moderna ha reducido radicalmente los riesgos históricos.
La discusión de fondo no debería ser emocional ni corporativa.
Debería ser económica, tecnológica y estratégica.
Uruguay necesita analizar seriamente cuánto encarecen sus costos portuarios determinadas estructuras heredadas y cuánto afectan la competitividad regional de Montevideo frente a otros puertos internacionales.
El debate tampoco implica desconocer la preparación profesional de muchos prácticos actuales. Muchos poseen experiencia valiosa y sólida formación náutica.
El problema aparece cuando un conocimiento legítimo se transforma en un privilegio cerrado, protegido por normas difíciles de revisar y desconectadas de la evolución tecnológica mundial.
Toda actividad humana cambia cuando cambia la tecnología.
Los ascensoristas desaparecieron cuando los ascensores se automatizaron.
Los operadores telefónicos manuales fueron reemplazados por centrales digitales.
Los navegantes dejaron de orientarse con sextantes cuando aparecieron los sistemas satelitales.
Pretender que determinadas funciones permanezcan congeladas en el tiempo únicamente porque generan ingresos extraordinarios para pequeños grupos corporativos constituye una forma silenciosa de atraso.
El Río de la Plata necesita más eficiencia, más apertura tecnológica y más debate público.
No menos.
Porque en el comercio internacional moderno, cada costo innecesario termina alejando inversiones, encareciendo exportaciones y debilitando la competitividad regional.
Y porque ningún privilegio debería quedar fuera de discusión cuando la realidad tecnológica del mundo ya cambió hace décadas.

Tecnología versus estructuras heredadas.
Competitividad portuaria regional.
Automatización y corporativismo.

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