Anonymous citizen looking into a sparsely stocked neighborhood shop on a rainy Montevideo street.

El triunfo de la nada: cuando el festejo es la penuria ajena

La nostalgia por el modelo cubano y una crítica al estatismo, la escasez administrada y la erosión de la libertad individual en Uruguay.

NOSTALGIAS HÚMEDAS DE UN HOLOCAUSTO
El triunfo de la nada: Cuando el festejo es la penuria ajena
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Hay una extraña celebración en los corrillos del poder progresista, una suerte de nostalgia por el fracaso solemne que nos proponen como modelo de emancipación.
Ahora resulta que la consigna no es producir, ni abrir los mercados, ni consolidar esa vieja y digna arquitectura jurídica que hizo grande al Uruguay de principios del siglo pasado; el nuevo fervor institucional consiste en aplaudir el estancamiento, mirar con ternura burocrática el colapso sistemático y anhelar para nuestras costas las mieles de la libreta de abastecimiento.
Ahí la tenemos, encaramada en la gestión de la defensa nacional, a nuestra nomenklatura vernácula celebrando las bondades de un modelo donde el ciudadano deja de ser soberano para convertirse en un indefenso rehén del aparato estatal.
Nos quieren vender como «conquista social» lo que no es más que la miseria administrada por decreto, la cartilla de racionamiento elevada a categoría filosófica y la destrucción metódica de toda autonomía individual.
Parece que olvidan —o prefieren ignorar convenientemente— que la supuesta épica de los «barbudos» caribeños no fue otra cosa que el naufragio programado de una nación próspera convertida en un tristísimo manicomio ideológico.
Allá, los jerarcas del dogma se regodeaban en su retórica antiimperialista mientras repartían migajas, extendían apagones y promocionaban el plan hambre igualitaria, destruyendo el ahorro, la propiedad y la dignidad del trabajo genuino.
Muerto el Castro más castrador, apenas autorizaron las peluquerías, los ínfimos bares, y algún reparador cuentapropista. Todo lo demás, el capital improductivo hasta de las remesas familiares y el trabajo esclavo que ni siquiera recibía la porción no confiscada, que para salvaguarda del regreso impuesto quedaba en una cuenta saldo del sacrificio en Cuba.
Y sin embargo, aquí se agitan las banderas de esa misma ruina, como si el atraso fuera una patente de corso moral y la ineficiencia colectivista constituyera una victoria sobre el sentido común.
¿Qué otra cosa se puede esperar de una dirigencia que confunde el mérito con la culpa y la libertad con la tutela del burócrata de turno?
Pretenden trasladar a nuestra geografía la lógica del cuartel y la escasez, sustituyendo el esfuerzo del ciudadano por la sumisión al subsidio.
Así cuelgan carteles al Pepe: “ES MEJOR PRECISAR POCO”.
Nos gobiernan con la ilusión de que el Estado puede regalar lo que previamente confisca, ignorando que el resultado inevitable de esa ecuación es siempre el mismo: la asfixia del sector productivo, la fuga del talento y la instalación de una pobreza uniforme donde lo único que sobra es el relato oficial.
Ya es hora de abandonar esta peligrosa fascinación por el fracaso ajeno. El egoísmo no es un sentimiento loable. El esfuerzo laboral no puede sustituirse por el reclamo interesado del Comité.
El Uruguay no necesita ejércitos de burócratas administrando la penuria ni ministros que suspiren por dictaduras tropicales mientras vacían de contenido la república.
Frente al estatismo confiscatorio y la nostalgia convertirnos en un país miserable de alguna ministro, la única respuesta legítima es la defensa irrestricta de la libertad individual, la propiedad y el trabajo.
Menos tutores, más ciudadanos.

Estatismo y escasez
Nostalgia por el modelo cubano
Libertad individual y propiedad

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