Una crítica a la gestión de Gabriel Oddone, el gasto público y el endeudamiento bajo el gobierno de Yamandú Orsi
LA ÚNICA OFICINA PÚBLICA CON CATEGORÍA DE REPÚBLICA
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
En 1960, Mario Benedetti, en “El País de la Cola de Paja” expresa: “Si mi intención fuera dar a este capítulo un color satírico, tendría que empezar diciendo que el Uruguay es la única oficina del mundo que ha alcanzado la categoría de república. Pero no sé hasta qué punto sería lícito tomar a la chacota uno de los aspectos más oscuramente dramáticos de nuestra vida nacional”.
Y Gabriel Oddone en “El declive” señala: “los habitantes del Uruguay son en buena medida responsables del declive”.
Uno se hizo socialista para propagandear sus libros; el otro, está a cargo: hoy es, el mito del piloto experto en crecimiento económico.
Cuando la técnica se arrodilla ante el comité
Hay una peligrosa falacia en creer que un título en historia de la economía y décadas de asesoramiento en torres corporativas inmunizan a un técnico contra la lógica implacable del poder político desquiciado.
Se vendió la ilusión prebalotaje, de que la presencia de Gabriel Oddone en el Ministerio de Economía sería el ancla de sensatez, el dique de contención contra el desborde corporativo y el delirio redistributivo de una coalición sostenida por mitologías colectivistas.
La realidad ha demostrado ser infinitamente más cruel.
Lejos de actuar como un reformista “liberal de izquierda” (oxímoron como se autopercibe) dispuesto a ordenar el descalabro del gasto, y adalid del crecimiento, el ministro Oddone opera atrapado en una parálisis tan estéril como dañina.
Es inútil para contener el despilfarro ni para frenar a una militancia ministerial ausente de toda realidad aritmética, que habita en la fantasía de los recursos infinitos.
Oddone no gobierna; “administra las culpas ajenas”. Gestiona un déficit inercial y convalida un endeudamiento que empuja al país peligrosamente hacia el umbral del 65% del PIB.
Convierte la política económica en una asesoría de relaciones públicas para complacer a su clientela política comunista, olvidando un detalle democrático elemental: en octubre, la inmensa mayoría de los uruguayos no votó al Frente Amplio.
Depositó su confianza en Yamandú Orsi bajo la promesa implícita —y el espejismo— de que un equipo técnico independiente pondría orden y realismo frente al abismo que representaba su programa; tal como lo señaló Vallcorba.
La tragedia del orden espontáneo pisoteado
Como advertía Friedrich Hayek, el orden social no se construye desde el despacho de un burócrata iluminado que cree poder planificar la escasez, sino a través de las señales descentralizadas de la responsabilidad individual y el respeto estricto a las reglas del mercado. La eterna sabiduría del que decide gastar su dinero en lo que necesita, marcando con ello lo que le importa a la gente, o lo que no es necesario.
Cuando el Estado se convierte en una agencia de colocación para sostener la superestructura partidaria y complacer a corporaciones sindicales desatadas, el cálculo económico simplemente desaparece.
Las decisiones de en qué gastar y para qué, ya no responden a la eficiencia ni a la escasez, sino al apriete faccioso.
Aquí surge la pregunta inevitable que desnuda la farsa de la gestión:
¿Cómo habría hecho Gabriel Oddone para pagar los sueldos de los casi 5.000 nuevos empleados públicos, el dinero presuntamente destinado a la niñez carenciada, el asistencialismo a varias corporaciones vaciadas, y el millonario precio de la estancia-homenaje “María Dolores” si los mercados no le hubieran prestado esa plata?
La respuesta es la cruda radiografía de la irresponsabilidad intertemporal: no podría haberlo pagado.
Lo financió artificialmente a través de un endeudamiento serial cuya factura real será enviada, sin anestesia, a los niños que nacen en este 2026, quienes, si no emigran, al llegar cerca de los 30 años en el 2060, cargarán sobre sus espaldas con el peso de este despilfarro insostenible.
Un ministro verdaderamente útil a los intereses de la nación no negocia los fundamentos de la solvencia imprescindible, pasándole la cuenta a los ciudadanos que votaron al MPP y al PCU. Se planta, renuncia y denuncia.
Al optar por la permanencia decorativa, Oddone convalida un sistema donde el contribuyente sobreviviente, el desempleado, y el emprendedor que arriesga cerrar, financian el desquicio ajeno.
El peso de la ilusión y el despertar del mercado
El mercado, a diferencia de los comités políticos, no negocia con relatos.
La suba persistente del endeudamiento y la indisciplina fiscal no son abstracciones contables: son el impuesto silencioso al futuro de los uruguayos. Cada punto de PIB sumado por la incapacidad de podar privilegios, prebendas y estructuras político-públicas multiplicadas, se traduce en un mayor costo de financiamiento de ese mayor gasto insoportable, menor inversión genuina y, en última instancia, en la asfixia del sector privado que produce y sustenta el gasto y sus intereses.
La coartada del “piloto experto” se ha desvanecido.
Queda al desnudo un gestor inútil para la tarea fundamental de poner límites al Leviatán estatal parásito que engorda, prisionero de un relato que prometió moderación y entrega a cambio de impunidad fiscal.
Cuando la ideología del gasto se impone sobre la cruda aritmética, el colapso no es una eventualidad técnica; es una certeza matemática.
Uruguay es la única oficina del mundo que ha alcanzado la categoría de república; y al mando de la dupla Orsi-Oddone corre el riesgo de cerrar.
Gasto público y deuda
Gestión de Gabriel Oddone
Responsabilidad fiscal
Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica
Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal
Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.
Cuenta Prex: 13440

